domingo, 18 de septiembre de 2011

SI YO FUESE UN HOMBRE...TODO SERIA DIFERENTE


    Reconocemos esta frase en boca de muchas mujeres, incluso en todas en algún momento de la vida. Al hombre parece que todo le es más fácil, más accesible, tiene más “suerte”, puede conseguir una vida mejor... lo que sugiere una queja que enquista a la acción. Aunque sí que es cierto que a lo largo de la historia la mujer ha padecido una significativa desintegración cultural e, incluso hoy en día todavía existen atisbos de ello,  centrémonos en el sujeto psíquico. ¿De dónde procede ese “complejo de masculinidad”?
    En su obra “Sobre la sexualidad femenina” Sigmund Freud habla acerca de ello. En la etapa infantil, en el pasaje llamado Complejo de Edipo que nos introduce en el mundo (en lugar de centrar nuestra mirada exclusivamente en esa relación madre-hijo, entramos en el orden del deseo) acontece el complejo de castración, tanto en el niño como en la niña. Hay una diferencia entre ellos: la ausencia de pene y su presencia. Cuando la niña pequeña descubre su propia deficiencia ante la vista de un órgano genital masculino, no acepta este ingrato reconocimiento y se aferra tenazmente a la expectativa de adquirirlo. Comienza a considerar la castración como un infortunio personal, la superioridad del hombre y su propia inferioridad. Desvaloriza profundamente toda la feminidad y con ella también a la madre, por haberla traído al mundo como mujer. Hay ocasiones en que nunca logra superarlo, no logra superar esa diferencia orgánica; claro está, ocurre en un plano inconsciente. Inicia así un apartamiento general de la sexualidad, sexualidad no referida a lo genital, sino a su posición masculina ante el entorno.
    Su vida en este caso, está sobredeterminada, donde siempre la mujer es la culpable o carece de alguna cualidad: “yo no puedo hacer esto..”, “yo no tengo..” ,“no soy capaz de...” ,“no sé...” como si se tratara de tener o no tener...Esa “envidia del pene” (en sentido simbólico) impide otras formas de vivir, vidas donde los logros son alcanzados como fruto del esfuerzo y del trabajo no por algo que no tengo. Aunque haya diferencias, los seres humanos somos semejantes y la historia de la mujer comienza por introducir lo femenino como producción no en “función de”, porque no hay vidas de hombre o vidas de mujer, sino una forma completa de vida.

Laura López psicóloga-psicoanalista
lauralopez@psicoanalistaenmalaga.com
610865355





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