sábado, 29 de octubre de 2016

LA INQUISICIÓN DEL SIGLO XXI. APUNTES SOBRE LA SOLIDARIDAD



 

  Llegar a la vida y aceptar ser un privilegiado, porque antes que nosotros,  otros hicieron para que pudiéramos disfrutar de las cosas que hacemos, no es fácil.  Leyendo a Freud surge en mí la necesidad de conversar acerca de tantas cuestiones que tienen que ver con todos nosotros. Es  necesario saber desde qué lugar se pronuncia nuestro discurso, desde dónde se habla, qué pensamientos dirigen tus pasos. Opinión tiene todo el mundo, pero partir desde la ciencia, conlleva incluso una lucha con nuestros gustos, con nuestros sentimientos, esos que nos nublan y nos hacen creer que eso que pienso es  “coherente”.



   Cuando el niño, a través del mecanismo de identificación, en la fase del espejo, ve un entero en la imagen reflejada, y no un ser fragmentado, ahí se instaura la agresividad.   Se da cuenta que sin otro es imposible. La envidia acontece en la atribución de que hay algo que al otro le completa,  en eso que cree que cubre la falta.  Por eso es que se puede envidiar hasta una enfermedad, la imbecilidad…el ser más, o tener, dependiendo de la posición si es masculina o femenina. La femenina es más del orden del ser y la masculina más del tener. Es una relación dual y de destruir aquello que se cree que completa al otro. No es que lo deseo, deseo que el otro no  se satisfaga, que cubra lo que supuestamente le falta. Por eso es que los celos son más civilizados, donde ya hay la inclusión de un tercero. Detrás de los celos hay un deseo, y  si es reconocido, puede trabajarse para conseguirlo. Lo que ocurre que estos afectos son muy intolerados por nuestra moral (queremos ser tan buenos), y ahí entra el mecanismo de la represión, que hace que se releguen a un plano inconsciente y, cuando esa represión falla, puede convertirse, en el caso de los celos, en un delirio por ejemplo. Creer que el otro te “engaña” cuando en realidad es tu deseo no reconocido. O ser un justiciero en el orden del bien,  golpecitos en el pecho de falsa moral, que esconden una envidia hacia el otro.



   Envidia también es  negar el trabajo que uno realiza para estar en la posición en la que se encuentra, a esa ilusión de completud que le atribuye, por eso es que a veces lo haragán, la pereza, la queja por la suerte de los demás, esconden en realidad  este sentimiento tan intolerado. Transformar la envidia en admiración tiene que ver con la solidaridad, la generosidad de la función poética, en cuanto a la creación, o el arte, la investigación…perderle el asco a los otros,  incluirlos en el camino de la civilización y del enriquecimiento.  El Psicoanálisis puntualiza esto con la sublimación, un mecanismo mediante el cual la energía sexual, la líbido, se canaliza hacia la investigación, la creación, el arte, la cultura…incluso como camino para la felicidad, para soliviantar los sufrimientos que nos proporciona la vida.  Un neurótico se queda en la fantasía, y el poeta, la utiliza para ofrecer un placer estético, una liberación de la represión para el que puede recibirlo.



Sigmund Freud  nos dijo que El primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización. El altruismo se sustenta en la envidia, una transformación de la misma. En épocas primitivas se eliminaba una y otra vez al otro para ocupar el lugar del padre, hasta que llegó un momento en el que unirse a los demás permitió establecer un orden. La agresividad y la envidia tienen que ver también con eso, con pensar que hay un único lugar en el mundo, es decir, ese lugar con la madre, cuando en el mundo caben muchas personas y hay muchos lugares. 



 



   En el discurso pronunciado por Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo, nos decía: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.”



    “ Máquinas al servicio del Estado, es convertirlo en esclavos de una terrible organización social” resuena en mis oídos y me hacen pensar en la Inquisición en el siglo XXI, donde la prensa,  el periodismo actual, es un lugar donde lo sensacionalista, la prensa amarilla hace estragos. Están al servicio de unos pocos, para que esta máquina injusta siga funcionando, para no permitirnos enriquecernos de pensamientos que nos hagan personas cultas, grupos de intelectuales que tengan herramientas para romper el sometimiento. El psicoanálisis es una de esas armas, porque descentraliza, te hace ver que muerto el tirano, el tirano eras tú. Tu forma de pensar y de posicionarte ante tu deseo, hace que construyas una realidad u otra. ¡Qué grandes maravillas estas que nos desvelan! Nos hace ver cómo padecemos de nuestra intolerancia hacia lo propiamente humano. Negamos los sentimientos comunes y nos convertimos en inquisidores , personas con padecimientos psíquicos, o aquejados de una culpa voraz donde el castigo es el único alivio y de ahí están sus derivados: estar con personas que no te convienen, construir fracasos, golpes continuos, etc.



Nos dice Gabriel Celaya



“Quisiera ser espacio



Quisiera ser anchura



Donde los hombres libres caminan



De uno en uno”



   Libertad, palabra de 8  letras, que juega en un baile de humanos a producir la música de esta cantinela: un cabaret del despropósito, un kukuxclan  moderno, Hítleres de bigotito airado por el paso de estrepitosas represiones. Vaya a ser que la sociedad sea más inteligente, y yo no sea el tuerto, porque en el reino de los ciegos, el tuerto es el rey.



   ¿Cuántas persecuciones no se hacen también en este siglo? ¿Tienen que pasar otros 40 años , 100, para que miremos atrás y digamos: si yo hubiera vivido en esa época yo no hubiera sido cómplice?     ¿En qué medida no lo somos si cada vez que ocurre una injusticia miramos para otro lado, no escribimos , ni denunciamos la realidad?



   ¿Cómo pueden  asociaciones, personas, instituciones, llamarse solidarias y no ser soldados  del deseo y de los derechos, la cultura, y la salud de todos y todas? ¿Qué clase de amor es ese?



Inquisidores del pensamiento. Nada es lo que parece 

 



Laura López Psicoanalista Grupo Cero



Telf.: 610 86 53 55



www.psicoanalistaenmalaga.com



 



 



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario