martes, 27 de diciembre de 2016

PADRES SEPARADOS: ¿SENTIRSE MAL POR REGAÑARLES?¿CUBRIR DE AMOR EL TIEMPO QUE SE PASA CON ELLOS?




   Cuando hay una separación entre ambos cónyuges y el niño pasa a la custodia del otro, se viven, en ocasiones, situaciones como la que sigue. Hay como una especie de “disputa de amor” en la que se olvida lo necesario para el pequeño/a y, con tal de que no “sienta” cierto desprecio por decirle que no a ciertas cosas, por otro lado muy necesarias para su desarrollo, se olvida de esa función de límite y el niño o la niña pasan a quedarse sin esa función padre, la ley(esto también es aplicable a las madres, no es tanto que sea hombre o mujer, sino la función que toque en determinado momento).
   Hay que tener en cuenta que somos insaciables, un hijo siempre quiere más, des lo que le des, esa decepción siempre va a reinar en el ser humano. Va a “sentir” que no se le ha dado lo suficiente, va a decepcionarse en algo, etc., aunque esos padres hayan hecho lo que dentro de sus posibilidades correspondía. Es necesaria que exista la frustración, que relanza nuestro deseo y nos permite buscar fuera del ámbito familiar, y desarrollar nuestra propia vida.
    No tiene tanto que ver con el padre o la madre físicos que tenga, sino cómo psíquicamente se han elaborado esas funciones, en qué frases se queda y en cuáles no, porque todo pasa por la palabra, pero hay que proporcionarles ese lugar. No olvidemos que los celos, la envidia, el odio, el amor, el deseo, se construyen en torno a las primeras figuras amorosas que son la familia, y hay que tolerar que haya una base de ambivalencia en el seno de estas relaciones. Hay personas que en ese dar infinito mantienen a sus hijos en una dependencia emocional y en un no saber encontrarse en el mundo, porque en su relación con los otros, han de establecer unos vínculos emocionales más adultos, donde los límites, el saber esperar, el intercambio...son necesarios.
   Hay afectos que se reprimen y que “saltan” en situaciones o con personas que nada tienen que ver, por ejemplo. A eso se le denomina transferencia de afectos, y tiene que ver con lo infantil reprimido, esa sexualidad que se pone en juego, que se repite una y otra vez , con las relaciones adultas.
   En muchas ocasiones ese comportamiento con los hijos remite más a sus propios fantasmas familiares, hay algo de su propia visión de su familia primigenia que no está resuelto y que lo actúa ahora con sus propios hijos, y no son ellos , es él mismo en aquella situación. Podemos llamarla como una especie de "pena" que remite a esa identificación. Tal vez celos con sus hermanos, tal vez interpretar su relación familiar como que no le dieron lo suficiente, alguna frase en la que se quedó anclado donde muestra que aún sigue estando presente... Se malcrían a los hijos, cuando en realidad tiene más que ver con la neurosis de los padres. La función padre te habla del límite, de lo que es justo en cada momento, aunque nos desagrade, de que no siempre prima nuestro egoísmo y que no hay un dar ni recibir sin medida, esas son las leyes de la civilización, de lo humano... si no, los convertiremos en pequeños monstruos de nuestro pasado.
  Educar a los hijos no entra dentro del orden del sentir, ni de los gustos, si no de lo que es más convenientte. ¿Estás desarrollando la función que toca en cada momento? Tener problemas a la hora de desplegarlo tiene más que ver contigo mismo, con algo que no tienes resuelto de tu yo infantil que inunda tu yo adulto para embargarte al pasado y estropear ese presente.
  ¿Vale decir que para unos días que lo veo quiero que lo pase lo mejor posible? ¿Acaso el mundo va a ser tan transigente,? Ha de aprender que vaya donde vaya, esté su padre físicamente o no, las leyes van a ser las mismas. Eso, es aprender a simbolizar, y a instaurar esa función en su psiquismo, sino , los volveremos un poco “locos” , donde dependiendo de donde esté, hay padre o no.La ley está presente en el mundo, no lo olvidemos, y la familia es la primera célula de la sociedad. Cuando no está instaurado en su lugar, también puede desarrollar síntomas psíquicos, como la fobia por ejemplo, que en realidad corresponde a un miedo interior que no está puesto en su lugar, es decir, al padre.
   Los niños son muy sensibles a ese “fallo” en esas posiciones y, a través de ciertas conductas (que no siempre tienen la misma lectura), hablan de esas irregularidades. Recomendamos psicoanálisis para los padres que no puedan desarrollar su función correctamente, tengas dudas, les asalte la culpa, etc. 

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55

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martes, 20 de diciembre de 2016

¿QUÉ TE PASA CON LA NAVIDAD?


   Si preguntáramos a cada una de las personas cómo viven las fiestas navideñas, tendríamos un amplio abanico de formas de vivirla: hay quien se encuentra melancólico, a quien le genera hostilidad, o alegría, o quien dice que gasta demasiado, quien no tiene límites, a quien los conflictos en sus relaciones están presentes, quien no.... Como vemos, hay muchas maneras de posicionarnos ante estas fiestas. ¿sabías que según cómo vives estás fechas también responde a una forma de posicionarte ante tu realidad, es como un patrón que actúa en ti cada vez que hay un cambio, un principio, y un final?
   Se celebra el nacimiento del Niño Jesús, y esto, psíquicamente, también nos remite a nuestra mortalidad, algo que es muy intolerado por el ser humano, porque inconscientemente somos inmortales. Por ejemplo, hay quien va por la vida sin tomar ninguna decisión, postergando continuamente proyectos, como si fuese a vivir eternamente. Es porque vamos a morir que llenamos nuestra vida de pasos y compromisos con los otros. El hecho de enumerar los buenos propósitos, en muchas ocasiones, se quedan nada más que en eso. Para realizar cualquier actividad, no es cuestión de adquirir hábito, costumbre, si uno no realiza un trabajo para ello, adquiere un compromiso, y sobre todo no transforma su manera de pensar, no lo logrará. Porque partimos de la base que no es por aprendizaje, por indicar unas pautas. Hay tendencias que llevan a un lugar y no a otro en la vida, y esas “tendencias” tienen que ver con los procesos inconscientes, que nos indican que en toda acción y comportamiento, siempre hay un deseo que se satisface,y este deseo puede ser inconsciente, es decir, no sabemos de él sino por sus efectos. Por ejemplo, alguien se pone a dieta siempre cuando empieza el año, y abandona una y otra vez, y vemos, a través del análisis, que en esa persona y en su relación con la comida, “tapa” otros conflictos, que hay un deseo inconsciente, por ejemplo, de no verse deseable ante los demás, engorda para ocultar sus curvas femeninas y así, no hacerse cargo del deseo que despierta en los otros.
   También hay quien dice “deprimirse” en Navidad, que le recuerda a personas que ya no están, etc. Esto tiene que ver con la identificación con lo perdido. Ya estaba deprimido de antes, su posición ante las pérdidas es melancólica, le cuesta sustituir cuando algo o alguien ya no se encuentra en su vida o cuando algo no coincide con aquello que pensaba. Niega lo nuevo y arrastra su vida tras la sombra del recuerdo, se ha identificado con él.
   También el final del año puede remitirle a lo que comentábmos anteriormente, a su propia mortalidad. Hay quien siempre inicia algo, y eso le hace parecer juvenil, pero no permance en nada, siempre instatisfecho y manteniéndose en esa “eternidad ilusa” constante. La juventud tiene más que ver con el desplazamiento del deseo, proyectos, compromisos, relaciones... ni siquiera con la edad, pero hay quien, por no tolerar la angustia que le incita lo nuevo, se quedan detenidos en ese abrazo simbólico infantil materno.
   El mundo no siempre va a estar ocupado por las mismas personas, y, a veces, la persona puede llegar a ser muy egoísta negando a los demás y viviendo de un recuerdo. Además, el pasado tiende a idealizarse, nunca va a corresponder lo que pasó con lo que se dice que pasó, porque ya en ese viaje de la percepción a la memoria se trasforma. Una nueva idea, un nuevo pensamiento, una nueva relación, va a transformar todo lo anterior. ¿Tal vez eso es lo que se llama magia? Es un trabajo que hay que hacer con nuestra psiquis, porque si transformas tu forma de pensar, vas a transformar tu manera de sentir, y hay quien cree en sus sentimientos como si fuesen una ley y dogma. Y los sentimientos nos engañan, como nos engaña nuestra mirada, al creer que es el sol el que gira alrededor de la Tierra.
   Son unas fechas que nos propician a comer más de la cuenta, beber , a gastar más.... pero, independientemente que uno pueda dejarse llevar un poco por la situación, luego está en cómo cada uno hace. Porque el no tener límites, también habla de cómo uno es cada vez en su realidad, no sólo en las navidades, y remite también a esa posición infantil ¿cada vez que hay un cambio, un final, “aprovechas” para “soltarte la melena” y luego te arrepientes? Tal vez tendrás que revisarte tus propios deseos, tal vez seas una persona muy reprimida , padezcas de tu férrea moral y no sepas administrar tu líbido, ocasionándote esa falta de control. Es mejor y más barato acudir a un psicoanalista que te ayude a conciliarte contigo mismo y permitirte vivir de otras maneras más saludables
    ¿Paz, amor, buenas intenciones... ? ya dijo Sigmund Freud que las buenas intenciones son las más intencionadas. Si no hemos cultivado unas relaciones a lo largo del año, o sabemos que no las aguantamos ¿por qué se pretende forzar un encuentro que no está acorde con nuestro deseo? Hay ocasiones en que las tradiciones, la moral, poco o nada atienden a las necesidades y los deseos individuales, y producen insatisfacción y frustración en las personas. Sabemos desde el psicoanállisis que cuando una persona reprime fuertemente sus deseos (no es algo que sea consciente, sino que cursa incosncientemente), lo reprimido siempre va retornar y, muchas veces, en forma de síntoma. Cuidar de ti es cuidar de los demás. Aprender a conversar, tolerar a los demás y a uno mismo permitirá que estos días navideños puedas encontrarte a gusto contigo y con los otros.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 0034 610 86 53 55
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