martes, 13 de junio de 2017

CUANDO LA RELACIÓN NO ES LO QUE ERA ¿ME HE EQUIVOCADO DE PERSONA?




    Volver la vista atrás cuando hay un punto de inflexión en la pareja, cuando parece que todo hace aguas, cuando la convivencia se hace imposible porque las discusiones son tan frecuentes que el daño se apodera del día a día, o simplemente porque parecen dos compañeros de piso... ¿qué ha pasado? ¿Por qué la relación no es cómo antes?
   Naturalmente que no es como antes, ese precisamente es el problema, somos otros cada vez, y la relación necesita de nuevos acuerdos, nuevas formas de convivencia que, en muchas ocasiones, hay una imposibilidad de gestionarlas, porque precisamente se quiere que sea como se era, sin tener en cuenta que tenemos necesidades diferentes, deseos diferentes.
   Hay una moral que se nos transmite, una forma de ver y vivir las relaciones, de cómo uno ha de hacer, comportarse en las relaciones. Hay numerosos autores que han escrito del amor desde al antigüedad: Platón, Ovidio, Rougemont... esa filosofía está en la sabiduría popular, familiar, social, que se imprime en nosotros sin percatarnos de ello. Gestionar los deseos propios, los que tienen que ver con el sujeto psíquico, más allá de los propios de la procreación, de la especie, se vuelve una tarea harto complicada llevando a muchas personas a la insatisfacción, la culpa, o, en casos más complejos a la enfermedad.
  ¿Pero qué es lo que falla?¿La otra persona? ¿o la forma en la que habitamos la palabra amor?
  Vamos a desglosarlo en algunos puntos, que nos pueden servir como consejos:

1. ¿Realmente estamos amando al otro en su verdadera dimensión o me estoy amando a mí en el otro? Hay una elección de objeto (sobre cómo elegimos pareja, que siempre es inconsciente), que tiene que ver con verme reflejado a mí mismo en el otro. Es la identificación. El otro me recuerda a mí en algo del pasado, o algo del presente, algún rasgo, un brillo, algo que atribuyo o algo que admiro del otro y quiero ser en un futuro. Este es un primer paso para el enamoramiento, pero después, tras esta fase, este impacto en la mirada, he de atravesarlo por palabras, acuerdos, eso es el amor, que tiene que ver con tolerar las diferencias y amar al otro en su verdadera dimensión. ¿Respeto al otro o lo quiero hacer a mi imagen y semejanza, o a ese ideal que reina en mí?

2. .El otro puede ser es un reflejo de esos afectos y sentimientos que vivimos con nuestros primeros objetos amorosos, esto es, los familiares. Lo que cae en el olvido, se actúa, hay una compulsión a la repetición en el ser humano. La forma en que nos relacionamos con las personas de la actualidad puede estar sujeta a esas primeras formas de amar. Es la otra forma en que nos enamoramos, la manera familiar, en la que nos atrae de otro eso que nos recuerda a las primeras figuras familiares (madre, padre, hermanos). Las primeras figuras familiares están sujetas a una ambivalencia afectiva. Siempre hay una hostilidad porque la educación ha ido poniendo límites y porque han de acontecer ciertos rechazos por esas identificaciones con lo masculino, lo femenino, el padre, la madre que van conformando la complejidad psicosexual de las personas. Numerosos casos tratados en consulta nos muestran cómo, dependiendo de cómo se han instaurado esas funciones en mí, es decir cómo ha acontecido mi relación con el amor y el deseo con mis figuras familiares, determinan las relaciones con la pareja. Es como si, de una manera inconsciente, no estuvieran relacionándose con esa persona que hace de la pareja su actualidad, sino con esas relaciones de antaño en el presente, en la figura del otro. Recordemos que en el inconsciente no hay tiempo. Resolver esa ambivalencia afectiva reprimida, de la cual se padece, dará cuenta de una mejoría muy importante en las relaciones, dado que los demás son sustitutos de esos primeros amores.

3. El deseo sucumbe tras estos lugares familiares. Cuando la maternidad, la paternidad atraviesan la pareja, en ocasiones se hace imposible sumar las cuatro posiciones: hombre, mujer, padre, madre. Ya no hay cabida para ese hombre o esa mujer, y ya no pueden ver al otro con los ojos del deseo. Se idealiza al otro, se le “santifica” como cuando idealizábamos a mamá y decíamos que “mis padres no hacen esas cosas”. Eso es anular la categoría mujer u hombre, no como alguien que puede desear o ser deseado por otros. A veces incluso, inconscientemente “mandan” al otro u otra con otras personas para poder desearlos. Sólo sabremos después. El hecho de que un tercero entre en relación hace deseante al otro. Deseamos deseos. El amor y el deseo son una construcción, un trabajo que hay que realizar constante y que a veces llevan por derroteros que se escapan de la razón. Esto ocurre porque estamos sobredeterminados por lo inconsciente.
El deseo se genera entre palabras.

4. Es importante para poder cuidar de la pareja cuidar de uno mismo, en el sentido de trabajar para sus propios deseos ¿y deseos es eso que digo que quiero? No, porque somos un sujeto dividido, y lo que uno dice querer no coincide en muchas ocasiones con lo que uno desea. ¿Pero cómo es posible eso? Sí, porque nuestra parte consciente, moral, por así decirlo, nos dice una cosa y luego hay deseos en nosotros que se tienen que producir, que tienden a satisfacerse de manera inadecuada, sin tener en cuenta la realidad, y “chocando” con esa moral, produciendo, en esa transacción, los “síntomas” en las relaciones. Aprender a escucharse y a conversar es un paso muy importante para resolverlo.
   Separarse es necesario para volver a encontrarse.
  Renunciar en pos de ese amor, hace que la relación se vaya cargando de hostilidad y de reproches, porque es impagable tanta renuncia.

5. Poner límites, porque un “no” también es un acto de amor. Es necesario para la pareja una separación, un límite, porque si no es que aún vemos que cuando nos dicen que no, es porque no nos quieren, como cuando éramos niños.

6. La pareja ha de incluir lo social, no aislarse del mundo, porque somos seres sociales. Si no es que estamos en la relación materno-filial, y realmente no amamos al otro, amamos a esa mamá en el otro.

7. Tener proyectos en lo social, en la vida, que no sólo sea el amor a lo familiar, porque permitirá producir una vida más allá de la especie. En cuanto pasen unos añitos y los hijos se hagan mayores ¿qué será de quien no se ha ocupado de sí mismo, del amor social? Los proyectos unen a las personas y levantan pasiones.

8. El goce en el ser humano ocurre en lo inesperado, cuando uno se deja decir. Cercenar al otro en palabras anteriores en esa sensación de seguridad, eternidad, hace que no se trabaje por la relación y que se genere cierta hostilidad y dejadez. La incertidumbre es lo que hace de la vida un apasionante camino y lucha por conquistar lo que se desea.

9. La confianza. No confundir confianza con entregar la vida al otro ni con contarle todo. Mejor aprender a hablar, que es no contar. Es necesario confiar para poder crecer y desarrollarse, pero eso también incluye saber qué se dice, a quien y para qué. La confianza se basa en los acuerdos, en poder renovarlos cuando no funcionen y en decir lo conveniente para que esa persona pueda caminar con nosotros acompañados en el bienestar y la salud de la relación. A veces hay más ánimo de molestar al otro en cuestiones que no han podido ser habladas que en ser sincero. Revísense.

10. Las equivocaciones, para el Psicoanálisis, son aciertos. Siempre hay un deseo inconsciente que se satisface. Hay parejas están unidas por el síntoma que permite que “encajen” en la relación. Pensar que nos hemos equivocado de persona es no tener en cuenta nuestra participación e implicación en la construcción de nuestra vida y nuestras relaciones. A veces también se hace necesario la separación de ese compañero/a que ha recorrido un camino con nosotros. No idealizar el amor permite poder sustituir y revisarnos en cómo es nuestra forma de amar. Puede repetir uno la misma historia con otras personas o simplemente crecer sabiendo que hay otras personas que han conformado la historia de nuestro ser. Sin otros labios, otras palabras, no sería esta mi mano ni estos mis abrazos.


                                                                      Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

y terapeuta de parejas
Atención presencial y online
Telf. 0034 610865355
www.terapiadeparejaenmalaga.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario