miércoles, 6 de mayo de 2020

CELOS PATOLÓGICOS



 Los celos, como la tristeza, son estados afectivos normales.  Son primordiales, nos constituyen y tienen que ver con nuestra mamá. Es un reajuste, una actualización de esa situación infantil. Aunque estés con un hombre o una mujer, esos celos son por mamá. No se pueden dejar de sentir, pero la cuestión es qué hago con ellos.
         Reflejan ese amor a la madre de aquella etapa, un amor posesivo, excluyente, donde es suya y de nadie más. Cuando aparecen los hermanos, el papá,  el otro se convierte en el rival. Podemos incluso comprobar esa hostilidad frente a los hermanos, donde ante la llegada de un nuevo hermanito, hay que ayudarles a que incluya esa nueva relación en su vida. Sienten que son destronados de esa posición de “rey” o “princesa” del hogar. También con el padre van a surgir sentimientos de rivalidad, porque viene a indicarles que la mamá no es suya. Así, tiene una relación con el papá, o con el trabajo, cualquier cosa que les separa  de ellos.
          Hay un sentimiento de tristeza, de desgarro,  de hostilidad  hacia el rival y culpa asociada (qué he hecho para que no me haga caso)
         Estos son los llamados celos normales que claro, vemos se actualizan en nuestras relaciones con los amigos, compañeros de trabajo, pareja también. Hay frases que hablan de esto. Viene alguien nuevo y vemos que el compañero de trabajo que tantas buenas migas hacíamos ahora pasa más tiempo con el nuevo. ¿Ya no te acuerdas de los compañeros eh?  O actitudes de enfado o rencor a través de ciertas acciones en el trabajo, con los amigos, que no podría tan siquiera explicarlas la persona que las realiza, o son razonadas fehacientemente, y que tienen sus raíces en los celos.
         Hay que diferenciar los celos de la envidia, porque la envidia es más primitiva, y tiene que ver con algo que a mí me falta y que atribuyo que el otro tiene, donde lo que importa es destruirlo. Hay dos personas participando y en los celos son tres. Los celos también pueden ser motor de cambio, depende cómo se piensen las situaciones, si me dejo embargar por esos berrinches infantiles o puede despegarme de esos sentimientos y no padecer de ellos. Pueden llegar a destruir si no se transforman. Ahí hablo de mi forma de amar infantil, donde hay reajustes, y me cuesta sumar, interpreto las situaciones como que me dan de lado. Pueden ser un motor de cambio porque en esa rivalidad con los otros, lo puedo utilizar para mejorar. Los celos también son deseos.
         Todo el mundo siente celos, incluso podemos llegar a decir que quien más fuertemente los niega, es porque se encuentran en forma reprimida, y padece de ellos. No es lo mismo mantener una relación hostil con la otra persona, montar una escena de celos a la otra persona que utilizarlos para transformarse. Es que claro, depende de cómo lo piense, puedo llegar a creer que si no siente celos por mí es porque no me quiere, cuando en realidad hablas de ese querer infantil. Por eso muchos autores recomiendan una escenita de celos de vez en cuando, leve, para hacer creer al otro, que está en esa teoría, que le queremos.
         ¿A qué podríamos llamar celos patológicos? Podríamos llamar a los que hacen síntomas en nuestra vida, es decir, se repiten e impiden el cauce normal de las relaciones. 
         Están los celos concurrentes o normales, los proyectados y los paranoicos.
         Los celos proyectados nacen de las propias infidelidades o de la fantasías inconscientes de realizarlas . La fidelidad exigida sobre todo en el matrimonio, lucha siempre contra incesantes tentaciones.  Entonces, quien niega enérgicamente tales tentaciones les conlleva una presión que para aliviarla la proyectan en la persona a la que supuestamente tienen que guardarle fidelidad, de manera que su propia conciencia le absuelve. Es una forma de mitigar la culpa. Es un mecanismo inconsciente. Es como si dijera: no soy yo quien desea, sino mi pareja.
         Socialmente vemos que se incluye está cuestión de gustar, ser deseado y conquistar en lo que denominamos el flirteo, la coquetería, vemos que es algo habitual y que se encuentra más o menos permitido dentro de los cánones morales, de alguna manera también para preservar esta cuestión de los deseos de infidelidad. La monogamia es una posición en el amor difícil de conseguir, puesto que la infidelidad es una constante en nuestra vidas. Tenemos que ser infieles a nosotros mismos, a nuestros gustos, a nuestra forma de pensar para desarrollarnos. Somos infieles en nuestras fantasías conscientes y en las inconscientes. Además, partimos de que el primer amor, la madre, hemos de ser infieles para poder construir un destino.
         Pero quien es muy celoso o celosa lo niega, no cree posible que ese flirteo pueda ser incluso una salvaguarda a esa cuestión con la fidelidad, pudiéndose realizar un desvío desde esa pasión despertada por un tercero hacia la propia pareja. Hay una imposición de una moral intachable imposible de alcanzar, que habla de que sus deseos están fuertemente reprimidos y actúan proyectando entonces en su pareja sus fantasías propias de infidelidad.
         Los celos más graves son los delirantes, que nacen también de tendencias infieles reprimidas, pero las personas objeto de su fantasías son de carácter homosexual. La feminidad y masculinidad son dos constructos teóricos de contenido incierto. En todo hombre hay una  parte también femenina y en toda mujer una masculina. El deseo no tiene objeto, se posa, se transmuta, se desliza en cualquier objeto, persona, lo cual no quiere decir que realmente se persiga mantener un encuentro genital con la persona del mismo sexo, es decir, no quiere decir que se defina como una persona homosexual, sino que los deseos homosexuales están en todas las personas. Nuestra constitución psíquica es bisexual, el primer objeto de amor para el niño y la niña es la madre.
         Es como si correspondiera a la fórmula: no soy yo quien le desea, sino ella, si es un hombre el que está sometido a estos celos delirantes, que es una forma de paranoia, y también en la mujer: no soy yo quien la desea, sino él.
         Así reconocen la infidelidad en la pareja ampliando gigantescamente en su conciencia dicha infidelidad y consigue mantener inconsciente la suya. Además que son deseos muy prohibidos para la persona, que su moral no tolera.
         Una persona muy celosa puede llegar a suprimir sus relaciones con los demás, sus tendencias y no aceptar lo que a los otros también les pasa, que también tienen que ver con él o ella.  Los celos también tiene que ver con sentirse solo, es decir, rechazar a los demás, sentirse excluido.  No recorre el camino para construir relaciones amorosas, sino que pretende infundir piedad, para que le quieran.
         En el amor posesivo, pasional, celotípico, se pretende. además de que el otro sea todo para la persona, ser también todo para el otro. No es objeto de su deseo, sino de su necesidad, irreemplazable. Parece más un deseo canibalístico, hacer de dos, uno. Una relación infantil del momento idílico con esa función madre que le salva la vida cubriéndole sus necesidades.
         También podríamos preguntarnos si se está en una relación donde alguno de los miembros los manifiesta de manera permanente, que forma parte de la interacción de ambos. Uno puede llegar a sentirse molesto y ofendido de forma consciente, pero inconscientemente también de alguna manera atraer o producir este tipo de relaciones. De forma que le llama, le controla, pero a la vez la otra persona  también le coge el teléfono y sabe dónde está, por ejemplo. Es una red de complejos psíquicos inconscientes que tienen que ser interpretados para que puedan ser otra cosa. Al igual que abonamos una planta y la regamos desde la tierra, porque sabemos que se desarrolla desde la raíz, le interpretación psicoanalítica transforma desde la raíz, para que puedan florecer otros productos. Los celos son deseos.  Mejor revisar la ideología de la que se padece, porque esto hará que se generen unos sentimientos u otros.  Los sentimientos mienten, dependen de mi forma de pensar, que es inconsciente. No sé de ella sino por los efectos.

Laura López Psicoanalista Grupo Cero

EL SINDROME DE LA CABAÑA ES AGORAFOBIA




El síndrome de la cabaña señala el miedo a salir tras el confinamiento. Así, el hogar se utiliza como refugio a un entorno hostil, un lugar de seguridad que aísla del exterior. Como la situación infantil en la que se está en el vientre de la madre o en sus brazos. Pero para hablar de ello, hay que hacer claras diferenciaciones, porque hay una tendencia a generalizar e incluso normalizar bajo una etiqueta situaciones que hay que despejarlas.

Hay quien en este confinamiento le supone un punto y a parte, un momento de reflexión para tomar distancia relaciones, actividades cotidianas, de las que ahora cuesta volver, y que denota una mala gestión en los deseos de la persona, las obligaciones, lo que es correcto, lo que no... es decir una moral en la forma de vivir y de relacionarse que muchas veces se convierte en nuestro peor enemigo, donde no siempre se hace lo más conveniente para la persona.

   Refugiándose en casa, alargando el periodo de salir a la calle. no se hace más que prorrogar conversaciones, tomas de decisiones, difíciles de tomar para la persona. Se hace como el avestruz, escondiendo la cabeza, esperando que las cosas pasen solas, o haya una solución mágica. Sabemos que se empieza cediendo en las palabras y después se termina cediendo en los hechos. Se puede haber llegado a un punto de la espiral que el confinamiento ha supuesto un alivio para personas que les cuesta desarrollar sus propios deseos, hablar para conseguir su propio espacio y establecer unas relaciones más equitativas con otras personas, en el orden de los acuerdos. Denota una conflictividad con uno mismo y con el mundo, una inmadurez.

    No debemos normalizar ciertas formas de disponerse ante la realidad, porque quitamos importancia a reacciones que hablan más de un proceso de agorafobia. El síndrome de la cabaña habla de una fobia en la persona, una imposibilidad de salir de casa por el miedo que se genera y paraliza, llegando a ser muy angustiantes. El afecto asociado a la fobia es la angustia y evitando el objeto fóbico es como se evita la angustia. Aunque podamos llegar a pensar que es por la situación de confinamiento, por el miedo a enfermar, y otra serie de razonamientos o temores idealizados, el motivo de esta fobia no está en aquello que se cree temer. La raíz se encuentra en procesos más profundos de nuestro suceder psíquico, que son los deseos inconscientes. Hay deseos en nosotros que convivieron en etapas infantiles y que ahora sería tachados de inconvenientes, imposibles de realizar, por eso es que fueron relegados al inconsciente, esto es, reprimidos, pero que permanecen vivos en nosotros y producen efectos en nuestra vida. La situación de confinamiento no es más que un factor que se añade a la ecuación etiológica, una serie de factores que se conjugan y que tienen que ver con factores específicos, que son sexuales, factores referentes a la cantidad, de manera que la gestión del cuantum de energía se desborda y a huellas infantiles por las que atravesamos todos en nuestro desarrollo afectivo-sexual.. El miedo a salir tras el confinamiento es una apariencia. Hay un miedo real, pero que está desplazado a salir a la calle, porque ahí me separo y me refugio en la enfermedad, que es miedo de uno mismo, a mis propios deseos. Sigmund Freud puntualiza que es una especie de miedo a no tener miedo. Hay conflictos intrapsíquicos que no pueden manejarse y se desplazan al exterior, de manera que del exterior se puede huir, pero de sí mismo no. Así, se consigue calmar la angustia. Como ven, son mecanismos complejos los del funcionamiento de nuestra mente, por eso es que encontramos muchas veces como ajenas a nuestra persona muchas de nuestras reacciones. Un claro ejemplo de esto son los sueños, los lapsus, los olvidos...

    En la agorafobia la libertad se pierde, se convierte en esclavo de su enfermedad con un gran gasto energético y aislamiento social. Mejor consultar con un psicoanalista .

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
y Psicóloga colegiada
www.lauralopezgarcia.com