martes, 14 de septiembre de 2021

MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO



  

   En el miedo a hablar en público, como en cualquier otra fobia, aparece una angustia asociada a situaciones en las que la persona se expone frente a otros. Debemos tener en cuenta que cuando hay angustia es que hay un fuerte deseo, pero una cosa es estar implicado en esa situación, que haya cierto momento de angustia, y otra es padecerlo e impedirnos llevarla a cabo.

   El miedo es una reacción normal a un peligro exterior, necesario para preservar nuestra integridad y elaborar una respuesta de huida, de enfrentamiento, de detención. La angustia tiene que ver con la reacción ante un peligro interior del que no se puede huir, una señal de que hay un deseo reprimido intolerado para la persona y que se manifiesta en esa forma.


   Como en cualquier otra fobia, el afecto ligado en el miedo a hablar en público es la angustia. No es realidad el miedo a hablar en público lo que le pasa a la persona, lo que le paraliza, lo que le hace huir, es un desplazamiento en esa escena de exponerse al público. En realidad es otra cosa lo que se pone en juego y que tiene que ver con la complejidad inconsciente de la persona, con conflictos internos que se manifiesta ahí porque están ligados de manera asociativa (está conectado a algo que es como una metáfora de otra cosa, por contigüidad en el tiempo, por cualquier otro tipo de asociación, similicadencia...) De esta manera, evitando la situación que aparentemente da miedo o fobia, se evita la angustia también. Se huye de un peligro que no es totalmente verdadero, porque el verdadero peligro del que se huye es del propio deseo inconsciente, algo que es significante para esa persona pero que ni siquiera sabe de ello, está reprimido. El síntoma es una manera de resolverla, pero ahora la persona padece de esa limitación en su realidad. Esa limitación siempre se va ampliado, asociándose a otras situaciones, a otros elementos.


  En una situación en la que estamos frente a otras personas y hay que exponer en público, hay un deseo fuertemente implicado. El acto de salir a un escenario, exponer frente a otros, se pone en juego nuestra sexualidad, que no quiere decir exactamente genitalidad. Hay una inhibición de no poderse exponer ante otros, frente a ese placer que también supone hacerlo.

   El contacto con el público es como la desnudez, mostrarse sin barreras... Hay un sueño típico que es el avergonzamiento de la propia desnudez, donde nos encontramos ante personas desconocidas desnudos, o con poca ropa y nos paralizamos o deseamos emprender una fuga. Muestra el conflicto de la voluntad, donde una parte de la persona demanda que la exhibición prosiga y por otra interviene la censura para que se interrumpa. Podemos equipararlo a la fábula de Andersen, donde dos estafadores ofrecen al rey un traje que dicen que tiene la singularidad de sólo ser visibles para quienes son hombres buenos y honrados. El rey sale a la calle vestido con este traje invisible (es decir, desnudo), pero como nadie quiere pasar por malo o perverso, fingen no advertir su desnudez.


   Se trata de deseos ilícitos reprimidos. Todos abrigamos deseos que ni a nosotros mismos nos confesaríamos. Estar frente al público es como la desnudez, como una metáfora... Lo que ocurre que en esas situaciones uno no va a mostrarse del todo, hay como un malentendido. Es como cuando se realiza un examen y hay un miedo a quien le va a hacer las preguntas, como si se fuese a dar cuenta de las fallas propias, a detectar que algo no se ha estudiado...como una cuestión con esa figura del examinador, del profesor, que es una correlación de esa imagen de autoridad del padre.

  Hay personas que estudian, se preparan muy bien lo que tienen que exponer, pero luego se quedan paralizados. Pero en esas situaciones, también cuando uno tiene que hablar en público, somos nosotros el vehículo para exponer algo, no debemos interrumpir con nuestra personalidad, sino salirnos de la escena. El yo ahí no ha de estar. Debo ser un vehículo, no soy yo, se está desempeñando una función. Se ve cuando en situaciones uno no está físicamente aunque esté. Hay una imposibilidad de sumar funciones.

  Podríamos pensar también que es una cuestión con darle al otro, donde está en juego el amor y la generosidad a los demás. Así es como si hubiera un egoísmo frente al dar.


   En el miedo a hablar en público también puede haber fantasías anticipatorias que incluso se escapan a nuestra conciencia, y que vemos ya el efecto, que es la inhibición, la huida. Son fantasías inconscientes que la persona no sabe de ellas.


   Las personas nos tememos más que a nuestras propias palabras y ese dejarse llevar a veces cuesta por el miedo a decir algo que nos comprometa, que haya un lapsus, un olvido.... Miedo a la próxima palabra que voy a decir, donde se quiere preparar la conversación, todo medido, controlado. Eso es imposible, y produce mucho daño en las personas. No se puede leer un guión, es entregarse a la tarea. Se impide desarrollar un pensamiento y desplegarse en ello, La conciencia aniquila cualquier creación. Ya Schiller le dijo a Korner ante un bloqueo en su escritura, que había que quitar la razón de la puerta de entrada, tolerar nuestra humanidad.


  Hay procesos de cambio en las personas donde el peso de la ideología, la moral que uno tiene entran en conflicto con los deseos y aparecen las inhibiciones y los síntomas. Por ejemplo, personas que ante su carrera profesional han de transformar su forma de pensar ideas antiguas acerca de la vida familiar, que ahora requiere de otro posicionamiento distinto. Esto puede llevar a que haya un miedo a hablar en público que pueda implicarle un desarrollo profesional por ejemplo.


   ¿Qué se tiene miedo de mostrar? Hay una cosa como de intimidad, una retención de energía que en el diván de un psicoanalista se resuelve. La única disciplina científica que tiene en cuenta la complejidad de estos procesos es el psicoanálisis. Siempre hay una verdad de la persona que está desplazada en esa situación y en el trabajo que se realiza con su psicoanálisis personal va a ir estableciendo nuevos vínculos que le harán responder y producir una manera más sana de solucionar ciertos conflictos psíquicos.


Laura López Psicoanalista Grupo Cero

www.lauralopezgarcia.com


lunes, 30 de agosto de 2021

REDES SOCIALES Y SALUD MENTAL

 



   Las redes sociales, cada vez más, se instalan como forma de conectar entre las personas. Una de cada cuatro personas en el mundo las utiliza. Se han convertido en una más de las formas de establecer contactos profesionales, de amistad., amorosos... Un nuevo mundo, el de internet, se ha establecido en paralelo frente a las relaciones presenciales sin distinción de edad, aunque hay una mayor presencia entre los jóvenes, que son ya una generación digital.

   Es cierto que las redes sociales generan múltiples beneficios, es una forma más de relacionarse, de estar conectados incluso con personas que se encuentran en distancia física.

   ¿Pero de qué manera pueden repercutir negativamente en las personas?

  Hay que tener en cuenta que un mundo digital también ha de regirse por las mismas leyes que el presencial. No todo vale en las redes sociales. Es un lugar donde también acontecen delitos, personas cobardes, que utilizan al otro para mostrar un goce perverso propio.

   Vemos cómo en este espacio también se muestra la salud mental de las personas, la forma de relacionarse, todas esas tendencias que en el día a día se perciben y que en las redes sociales también se manifiestan. Se reproduce igual que en cualquier situación donde haya humanos implicados. Hay una lectura de esos actos que el otro muestra. Muchas de las veces exhiben sus síntomas. No nos podemos esconder tampoco, porque hablemos de lo que hablemos siempre hablamos de nosotros mismos. En nuestras palabras, en nuestros gestos, se ve quiénes somos.


  El messenger primero, las páginas de citas, facebook, instagran... fue un gran descubrimiento, otra manera de encontrase, donde se pasa más tiempo en casa.



   En los adolescentes, los cuales están generando su identidad, puede convertirse en un escaparate, en una búsqueda constante de “likes”, donde necesitan ser valorados, forjar su identidad, incluirse, en el mundo. Es un paso necesario dejar atrás los ideales infantiles, la familia, que a veces se realiza de forma costosa. A través del proceso de identificación está en juego la constitución del yo y es en relación con otros. Esos rasgos que se toman transforman. No somos siempre iguales a nosotros mismos. En el proceso de crecimiento me identifico con el otro. Por ejemplo, quiero ser como el profesor, pone en juego en mí el deseo de estudiar, de crecer...Nos identificamos con el otro porque tiene un rasgo que nos recuerda a nosotros mismos, nos gusta, o queremos llegar a ser así. A través de las redes se buscan otras miradas que no sean sólo la de sus padres, donde ya no se quiere ser sólo hijo o hija. Las miradas de sus iguales van a ser muy importantes, un espejo que le va a devolver una afirmación narcisística de sí mismo. Es una manera de reafirmarse.


   Pero también es importante generar una privacidad. En las casas hay puertas, se establece también el ámbito privado, porque es necesario, no todo debe ser expuesto. Puede ser muy perjudicial para la constitución del yo.

   En las redes sociales, las plataformas digitales, el otro puede convertirse en un referente, un igual con quien identificarse, pero no olvidemos que también se cae en la vorágine capitalista donde muchos de ellos se convierten en un producto más, en un escaparate para el consumo. Venden una felicidad basada en la ética de los bienes. Felicidad enlatada que nada tiene que ver con la verdadera felicidad en el ser humano, con una actitud, con el camino del trabajo. El ser humano se fascina ante la belleza y ante la popularidad, en todas las actividades desplegamos un punto de seducción, deseamos deseos y nos manejamos por la ética de los bienes. Pero la felicidad no está en las cosas. Por eso es que muchos de estos influencers han llegado a manifestar una crisis existencial y un nivel de presión y exigencia donde se han visto obligados a hacer un parón y cuidar de su salud mental.

   El que tiene esa influencia es un objeto de otros poderes. Está sometido a una ideología dominante que no trabaja para nuestros deseos verdaderos, sino que se aliena a elementos que benefician a pocas personas, a ideas que no tienen que ver con nuestra vida: se siguen transmitiendo modelos que transmiten la diferencia de clases, ideas más clásicas de masculinidad y feminidad...te conviertes en una mercancía. Terminas trabajando para la imagen, no puedes construir un camino.

   La poesía por ejemplo transmite deseo de vivir, no te dice que tienes que vivir de esta manera o de tal otra. No tenemos espejos de maestros, son transmisores de la ideología de otros, no saben transformar la realidad, dejar crecer a otros, es como una trampa.



   También dependemos del amor de los demás, hasta el punto de que renunciamos a nuestras tendencias egoístas y crueles para conservar el cariño y protección de los padres. Nuestra autoestima se haya muy relacionada con la confianza y el afecto. Cierto egoísmo es necesario para no enfermar, pero también es necesario amar para no enfermar. Necesitamos que nos miren con buenos ojos, necesitamos amar para sobrevivir y ser amados para tener autoestima. Incluso vemos que el trabajo no sólo es remunerado con dinero, sino también con la valoración a través del afecto, la consideración.


   El hecho de recibir likes, de aumentar seguidores, habla de esa necesidad de amor, de forjar una identidad, de ser valorados. Todos sabemos que en un trabajo no sólo esta la remuneración económica, tambien esta el componente afectivo, el estar bien considerado


  Se habla de que las redes sociales pueden generar adicción, pero el psicoanálisis muestra otra lectura. Cualquier cosa puede representar algo adictivo para la persona, desde una relación personal hasta cualquier producto, pero no es la sustancia o el objeto en sí, sino la posición psíquica de la persona. Es el uso que se haga de las redes sociales, porque a veces se utilizan como modo de calmar la angustia que les produce algo de su realidad, hay un conflicto psíquico en la persona, y se refugia en ello, como fuga, una forma de apartarse de alguna parcela de la realidad que no tolera, que no tiene las herramientas adecuadas, y es como si respondiera con una modalidad infantil, resguardándose en el objeto que se denomina adictivo.


   Estar al tanto constantemente de las actividades de sus amigos y familiares habla de cierta necesidad de control, celos, acaparamiento donde el otro es mío y no soporto estar excluido de la escena. Lo que no sabemos es que la ausencia es una de las formas más fuertes de la presencia.

  Las redes sociales ponen de manifiesto en muchos ocasiones que nadie nos enseña a relacionarnos, Freud decía que en la cuestión emocional es como si nos dejaran en el polo norte con ropa de baño. Hay mucho que aprender. Nos relacionamos como hace miles de años.



  A veces ocurre que hay una comparación con los demás y una imagen distorsionada del cuerpo, complejos psíquicos que se ponen también en juego con esa mirada en el cuerpo de los demás. El cuerpo se constituye desde el cuerpo del otro. La percepción de nosotros mismos viene desde el otro como semejante.

   Lo más importante es tratar esos conflictos psíquicos, construir la sexualidad, que tiene que ver con la inclusión de los femenino, de las diferencias. Hay un momento de la constitución sexual donde la niña se siente despreciada porque no tiene un órgano como el varón. La mujer tiene que aprender a tener algo de aprecio por su cuerpo y transformar ciertos prejuicios. Hay determinados complejos que hablan de nuestra estructuración sexual, nuestras dificultades en el desarrollo.

   Vemos cómo pueden haber percepciones alteradas del nuestro cuerpo. En la anorexia no se corresponde la imagen corporal con la realidad. Hay personas obesas que se ven delgadas. Vemos que el cuerpo se construye, de manera simbólica, a través del lenguaje. El psicoanálisis permite otra manera de relacionarnos con el cuerpo, a poder aceptarnos y aceptar las diferencias.


   Es importante determinar cómo concebimos las redes sociales, para qué las usamos. Igual que no se puede contar cualquier cosa a cualquier persona, estamos en un espacio donde también hemos de hacer una discriminación, hacer un uso responsable de las mismas ¿Qué mostramos de nosotros en público? La educación es grupal, formamos parte de una cadena social.


Laura López Psicoanalista Grupo Cero 

www.lauralopezgarcia.com

miércoles, 11 de agosto de 2021

LA CONFIANZA TAMBIÉN TIENE QUE VER CON EL NARCISISMO

 



   La confianza está relacionada con esa seguridad en uno mismo y en los otros que conlleva poder utilizar la energía psíquica para desplegarla en la realidad. Es tan importante, que sin confianza no hay desarrollo.

            Cuando el niño nace no es sino entregando su vida a los otros, a las funciones que le cuidan, que va conformando su yo y renunciando a sus instintos para que le amen y, posteriormente construir una amor más social.

            En ocasiones, las personas quedan muy aferradas a esos ideales de la infancia, desde donde parte el ideal del yo. Los ideales son ideales, no son para cumplirlos, y se puede caer en una exigencia que, al fin y al cabo llevan a la inacción, al bloqueo. El ser humano no abandona gustoso posiciones anteriores y le cuesta renunciar a la perfección de la niñez, en el cual él era su propio ideal.  La producción de un ideal eleva las exigencias del yo y favorece más que nada la represión.  Es como quedarse más en los pensamientos, en la fantasía, y no trabajar para conseguir los logros. Se evoluciona, se puede transformar la realidad, cuando se retira la energía psíquica del yo y queda libre para ello.

            El aumento de confianza está relacionado con todo lo que la persona logra o consigue, pero si se aferra solamente a lo ideal y niega los pasos que ha realizado, cae en esa falta de confianza.

            El amor también es un fuente de confianza en uno mismo. No ser amado lleva a una disminución de ese amor propio y serlo lo aumenta. Pero, en los procesos de enamoramiento, vemos que la persona se pierde en el otro, pierde su yo, identificándose a la otra persona, haciendo mella en su amor propio. En el enamoramiento hay ha un ideal que posee las perfecciones que él o ella no puede alcanzar.

             En los procesos melancólicos, también hay una falta de autoestima. Se pierde un ideal, a una persona, y acaba menospreciándose, por el proceso de identificación. La sombra de lo perdido cae sobre el yo.

            Con todo esto podríamos llegar a pensar que la desconfianza en los demás no es más que un reflejo de la propia desconfianza, que se proyecta en los otros. Nuestros sentidos nos engañan y lo que digo que no confío en el otro, puede ser por cuestiones conmigo mismo, con mi deseo, que las proyecto.   

            No estamos hablando aquí de una confianza en la que llego a un acuerdo con el otro y me falla. Esto habría que pensarlo, porque tal vez también se trata de pactos ideales, donde hay una imposibilidad de consecución y donde tiene que haber una lectura psicoanalítica.  Es como si estuviéramos viendo un cuadro impresionista  donde solo hay puntitos si estamos cerca. Si tomamos distancia con otra mirada, veremos otra composición pictórica.

Muchas frases de que no confío en tal persona, tal otra, tienen más que ver con proyecciones de uno mismo, es decir, con deseos propios por ejemplo de infidelidad, de hostilidad, de envidia...que desplazo en el otro, siendo así cegada mi conciencia y culpando en algo externo algo que acontece en mí de manera reprimida.  Tiene que ver con nuestra realidad psíquica, la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestros deseos que generan lo que nos pasa. Si una y otra vez ocurre una historia de traiciones, puede estar relacionado con la culpa inconsciente, donde se dirigen los pasos para buscar castigo.

Además, muchas veces, se confunde la confianza con entregar la vida al otro y ahí, nos traiciona. Hay que hacer lo conveniente, establecer también unos límites.

Si hay una falta de confianza, de amor propio, no es suficiente con darte ánimos, hay resistencias a los cambios, una tensión psíquica.

La no confianza también tiene que que ver con el narcisismo, con la imposibilidad de generar pactos y relaciones con los otros. En ocasiones, necesitamos de otras palabras, otras compañías, porque muchos propósitos se quedan en fantasías. Si no se construye esa compañía necesaria, habrá que pensar que hay contradicciones en uno mismo. El deseo se muestra cuando pasa, ahí sabemos que hubo y en lo que nos pasa algún deseo inconsciente se cumple.

 

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

Telf.: 610 86 53 55

www.lauralopezgarcia.com

 

martes, 10 de agosto de 2021

LA TIMIDEZ O MIEDO A SER DESCUBIERTOS




 Si atendemos a la etimología de la palabra, timidez  viene de la raíz timor (miedo)  y el sufijo -ez  indica cualidad. Pero ¿miedo a qué?  Vamos a verlo.

         La timidez, en muchas ocasiones, se establece como un rasgo de personalidad, fijado, donde según definiciones “ es una sensación de inseguridad o vergüenza en uno mismo que una persona siente ante situaciones sociales nuevas y que le impide o dificulta entablar conversaciones y relacionarse con los demás. “

         Sabemos desde el Psicoanálisis de esa doble cualidad de lo psíquico, donde en todos hay una parte inconsciente que genera la conciencia y que nos hace vernos extraños a nosotros mismos. Podríamos decir que es nuestra “esencia”, nuestro motor, el desear. Es donde anida el caldero de nuestras pulsiones, deseos, nuestra energía psíquica, donde también están incluidos los deseos sexuales reprimidos, toda esos deseos afectivo-sexuales infantiles.

         Pues bien, la timidez tiene que ver con conflictos psíquicos, y en realidad es un miedo a que los demás puedan descubrir en ese mundo interior, es decir, todos esos deseos y pensamientos que ni siquiera nosotros mismos podemos tolerar.

         “Calla por no ofender” es un frase utilizada en el entramado popular y que señala una cualidad por la que una persona adolece de esa timidez y no habla porque si hablara ofendería. Algo de cierto tiene, pues hablamos de un plano inconsciente, donde en la transacción entre los deseos y la moral, aparece la inhibición, la incapacidad para hablar. El resultado de dos fuerzas contrarias es la inhibición.

         Aparece la timidez, esa introversión con uno mismo, esa imposibilidad por gestionar las relaciones, cuando en realidad es un conflicto interno a los deseos, al estar frente a otras personas, donde se pone en juego la sexualidad, la hostilidad, todos esos afectos que forman parte del ser humano y que en ocasiones desbordan porque se hacen imposibles de tolerar y manejar.

          Los niños, en esa relación con las primeras figuras familiares, seducen con su mirada, con su voz. Son grandes seductores donde atraen la atención, necesitan ser amados para poder vivir, que alguien les procure el alimento, sus necesidades básicas. Después aparece el dique de la vergüenza, la moral, porque también hay limites en ese juego de la seducción.  El niño es muy narcisista y necesita renunciar a ciertos instintos, deseos en pos de ese amor que son los padres, y después a estos para llegar al mundo.

         La timidez en el adolescente tiene que ver con toda esa proliferación de la fantasía, el despliegue de la sexualidad, que entran en conflicto, la sustitución de las primeras figuras amorosas, que son los padres y hermanos por chicos y chicas de sus relaciones actuales, la construcción de la sexualidad. No olvidemos que en esta etapa es frecuente que acontezca lo que llamamos angustia virginal, que ante los deseos y la imposibilidad de gestionarlos, se produce el trastorno de ansiedad.

          En materia de gestión emocional, ya Freud nos indicaba el gran desconocimiento. y de cómo era como si mandáramos a los chicos y chicas al polo norte en bañador, además haciéndoles creer que todo el mundo puede.

         También es importante señalar que puede confundirse estados como la  fobia, la ansiedad, la angustia... con ser tímido, cuando esa timidez señala de nuevo un miedo, un peligro interno.

         Separarnos de esas primeras figuras amorosas, de los padres, y construir nuevas relaciones con otras personas es a través de la conversación, de entregarse a lo nuevo, tolerar las diferencias, escuchar al otro. Si permanecemos en la timidez del encuentro, es un volverse en sí mismo, de entregarse al vivir ¿Queremos gustar o conocer a la otra persona? ¿O tenemos una reacción de huida?

         El yo, el narcisismo, puede estar intercediendo, dificultando lo que las palabras se dicen entre sí. Separarse de uno mismo y entregarse a lo por decir, a lo por venir, no es una tarea fácil. Requiere de tolerancia para con uno mismo y los demás, a olvidarse del ideal y permitir que la otra persona también produzca algo en mí que no estaba. Esto es, vivir.

         Lo de los complejos es interesante, porque Freud nos muestra un caso muy particular para ayudarnos a pensar esta cuestión.

         Habla de una paciente que le cuenta una escena infantil donde le pide dinero a su padre para pintar sus huevos de pascua. El padre rehúsa a darle el dinero. En el colegio piden una recolecta para una cuestión social y el padre le dio un billete para pagar de ahí la parte que le correspondía. Ella se quedó con otro tanto más para las pinturas. Cuando le entregó la vuelta al padre, le preguntó que si no lo que faltaba no lo había utilizado para las pinturas. Ella lo niega, pero el hermano la delata. El padre se enfada mucho con ella. Desde ese día, ella, que había sido una niña voluntariosa y extrovertida, se convierte en tímida y hosca.

         Ya de mayor, cuando alguien administraba su dinero, entraba en cólera. Piensa que el dinero es de su exclusiva propiedad, sin que nadie tenga que administrarlo. Repugna también de pedirle dinero a su pareja e incluso en una ocasión se quedó en una ciudad sin dinero, y no consintió a que le dejaran una cantidad, llegando a empeñar una joya. 

         Se descubrió  que la apropiación de ese dinero tenía un significado que el padre no podría sospechar. Una vecina le había dado un dinero para que acompañara a su hijo a efectuar la compra. Cuando volvía a casa, vio a la criada de la vecina, y arrojó al suelo las monedas. En el análisis de este acto, surgió la idea de Judas, que arrojó los dineros que recibió por su traición. Es como que se identificó con él.  Cuando tenía tres años y medio tuvo una niñera con la que se encariñó mucho. Esta mantenía relaciones con un médico y la había llevado con ella para visitarlo. Alguna vez le dio dinero para que comprara golosinas al regresar a casa, comprándole así su silencio.  Un día, dominada por los celos, se puso a jugar con la moneda que le había dado descaradamente delante de su madre. Esta le preguntó por la procedencia de la moneda, y ella le contó. La niñera fue despedida.

         El dinero tomó para ella la significación de entrega a las relaciones, y tomar dinero del padre equivalía a hacerle objeto de una declaración de amor. Le era imposible entonces confesar la apropiación de dinero, y el castigo del padre era como una repulsa a su cariño, un desprecio. Como vemos, no es cuestión de un rasgo de carácter, sino cuestiones afectivo-sexuales.

         Es interesante que, durante épocas, la timidez ha sido bien vista como cualidad femenina, donde junto con el recato, hablaban de esa represión sexual. El enigma femenino, el continente oscuro, que indican algunos autores como Lacan, donde frente al hombre indicaba un mundo diferente, inaccesible, incomparable. Hablar conlleva desvelar el misterio, colocarse en un lugar de sujeto del deseo.  Las primeras investigaciones sexuales marcan al niño en su posterior camino como investigador de otros fenómenos. Su curiosidad infantil le lleva a investigar, a formular teorías que le  llevan a forjar el pensamiento, y una represión en la investigación sexual también conlleva a una represión en el pensamiento, una introversión consigo mismo.

         Entonces introversión, extraversión, tiene que ver con una posición psíquica. Hay un momento para hablar y otro para callar. Pero un grado de timidez más constante, y donde no corresponde, es indicativo de un miedo a ser descubiertos en la proliferación de las fantasías, los pensamientos, los deseos. Mejor despertar a través de la palabra  a los deseos, que siempre tienen un filtro. Con psicoanálisis la timidez se puede transformar.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

Telf.: 610 86 53 55

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AMOR Y TRABAJO

 



   Podríamos decir que hay dos formas principales del amor. El amor como  sentimiento de la especie que hace posible la procreación, es decir, que dos personas totalmente desconocidas puedan acoplarse y reproducirse. Y el amor que consiste en dar lo que no se tiene a quien no es, un amor más social y donde el mecanismo de la sublimación permite transformar las tendencias egoístas, eróticas y hostiles de las personas en energía psíquica para el trabajo por el bien común. Este tipo de amor permite transformar la realidad y beneficiar a otras personas que ni siquiera conozco, que tomarán de esa acción algo que ni siquiera sé. Por ejemplo, somos vendedores de un comercio y ahí se ofrecen productos de los cuales yo no me voy a beneficiar ni sé quién va a hacerlo ni qué va a tomar de ellos. Todos notamos cuando vamos a algún lugar y nos atienden de forma adecuada. Cuando un edificio o un puente se destruyen por cuestiones técnicas, ahí podríamos hacer una lectura de que no estaba construido con amor al otro, sino sujeto a afectos reprimidos en calidad de destrucción, sin amor, que han llevado a producir esas consecuencias.

   Pero retomemos al lugar que ocupas en el puesto de trabajo, Hemos dicho que amor es el sentimiento de la especie que permite la reproducción. Es decir, la especie va a ser una fuerza muy grande de la que no nos podemos deshacer. Nadie puede ir a trabajar dejándose, por así decirlo, los genitales en casa. Va a ser inevitable que, en el encuentro con los otros, aparezca este amor sexual.  Normalmente uno no va por ahí hablando abiertamente de los sentimientos amorosos que le surgen con otros personas en el trabajo porque, entre otras cosas, hay una censura inconsciente que reprime, separa ese afecto que surge de esa persona y lo aparta al inconsciente. Entonces el afecto se desplaza a otra personas, o se transforma en lo contrario (por ejemplo odio) y parece que se odia a la persona en cuestión, cuando en realidad son sentimientos amorosos sexuales no tolerados. Te preguntarás que por qué hacemos todo eso para no reconocer que una persona de nuestro trabajo nos atrae. Parece absurdo. Pero sí, realmente la forma de resolver las afectividades cotidianas puede ser  así. Son los mecanismos inconscientes que nada tienen que ver con la lógica de la razón. Por eso el grado de tolerancia que tengamos con nosotros mismos, con la gestión de eso de humano que soy pero que rechazo a la vez, es muy importante. Y eso se transforma con un training en psicoanálisis. Siempre hay una moral, un superyó, que vigila y denuncia cualquier atisbo de afectividad que impida alcanzar el ideal imposible que se traza. Es como el fenómeno religioso que juega con las culpas primordiales del ser humano.  Cuanto más puro y casto quiere ser uno, más sentimiento de culpa le asalta. Cualquier tentación es motivo de flagelación, penitencia o transformación en otra cosa para “disimular”.

  Hay situaciones que pasan en el trabajo que están generadas por afectos que no pueden transformarse, que están reprimidos, y que pueden producir enquistamientos emocionales de situaciones que no pueden resolverse, desvíos en el camino de la producción. Podemos asegurar que más del noventa por ciento de los problemas que ocurren en el ámbito laboral como  también el buen funcionamiento, están generados por lo psíquico. Siempre se articula lo psíquico y el trabajo, como lo psíquico y el cuerpo.

    El amor social nos permite trabajar entre otros, renunciar a nuestro narcisismo y legislarlo para poder producir más allá de nosotros mismos y hacia los demás. Cuando trabajamos con otras personas, ya no somos uno, sino una producción grupal. Sigmund Freud en Psicología de las masas y análisis del yo, indica que la psicología individual y la social son al mismo tiempo. Las otras personas van a ser para mí o bien modelos, auxiliares o adversarios. Importante tenerlo en cuenta, como también indicar que el grupo recibe esa herencia familiar y la horda primitiva como formas originarias de la sociedad.  Es interesante porque nos indica que podemos estar repitiendo formas de relacionarnos o bien infantiles o primitivas.

  Es necesario agruparse para producir una tarea pero en las relaciones con los otros existe el fenómeno de la transferencia, donde se pueden depositar afectos, sentimientos, formas de relacionarse, que provienen de lo infantil y que se repiten en cada escena como si de un autómata se tratara. ¿No te pareció que observaste en muchas ocasiones tanto en los demás como en uno mismo que se reacciona de formas parecidas? Pues bien, eso no tiene nada que ver con que uno es así, o la personalidad, sino con cómo psíquicamente yo haya renunciado a mi narcisismo, o esté en posiciones infantiles, afectos que se desplazan en unas situaciones a otras como si fuesen las mismas.

   Y en ese sentido, habitar en el amor social tiene que ver con pasar del amor a mí mismo, al social y por último el social: dar lo que no tengo a quien no es.

 

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

lunes, 2 de agosto de 2021

LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO PARA LA PERSONA. CONSEJOS PRÁCTICOS

 



EN UNA SOCIEDAD JUSTA, EL TRABAJO ES UN DON

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Y éste es el verso donde intentaré dejaros la enseñanza más necesaria:

En una sociedad justa, el trabajo es un don:

una alegría, un bien, humano propiamente, con el cual se puede modificar lo natural, la vida, los enjambres de sueños, el sol. Con el trabajo el hombre pudo volar sin alas, navegar por los mares sin conocer el mar. Del árbol, estupefacto de sorpresa ante el hombre, pudo el trabajo arrancar una silla y, de la piedra, las señales que forjan el porvenir del hombre, su casa, sus monumentos, su propia lápida.

          

   El trabajo es muy importante para el psiquismo de las personas. Es una de las formas más fuertes de sostener a la persona a la realidad. En lugar de imbuirse en la fantasía, permite transformar lo que de la realidad no es satisfactorio e inadecuado.  Todas nuestras tendencias, inclinaciones preexistentes, deseos, como la agresividad, el narcisismo, lo amoroso, erótico, celos, envidia...se desplazan, se subliman en el trabajo, siendo un bien incalculable para las personas.

            Necesitamos, desde épocas primitivas, pactar, unirnos para realizar transformaciones en la naturaleza,  como por ejemplo para construir un puente, casas...  Incluir a otros es esencial para cualquier actividad. Solo se pueden hacer muy pocas cosas. Cuando más crecemos, más necesitamos de los demás.  Las necesidades exteriores y el amor nos unen.

            La cultura no sería posible sin el lenguaje y el trabajo. Para realizar modificaciones en la realidad, el ser humano, tuvo que comenzar a comunicarse.

            En el malestar de la cultura, Freud nos señala cómo uno de los paliativos para el dolor, las adversidades de la vida es el trabajo, así como una de las fuentes de goce de las personas  Genera autoestima ante la consecución de los logros. Lo que ocurre que también hay cierta aversión a él porque nos indica la renuncia a esas tendencias que nos dejan anclados en el placer.

            En sociedades justas, el trabajo es un don, nos dice el poeta.  En este sentido, los beneficios y privilegios que sustentan una minoría en la civilización a fuerza de oprimir a otros, hacen que estas clases desfavorecidas hagan todo lo posible por liberarse del incremento de privación que sobre ellos pesa. Si no lo consiguen, se genera un descontento que puede conducir a rebeliones.  La hostilidad es inherente a esta situación,  pues los oprimidos sostienen la civilización con su trabajo y, en cambio, participan muy poco de sus bienes. Una cultura que deja insatisfecha a un número tan considerable de personas y los incita a la rebelión no merece perdurar en el tiempo.

            Sociedades donde es difícil acceder al trabajo genera también personas enfermas. Sin una ilusión de futuro, sin entusiasmo, no se puede vivir. Es importante indicar que la salud no es la ausencia de enfermedad. También hay que incluir lo social, el trabajo... una persona que no puede amar y trabajar  para el psicoanálisis, también es indicativo de enfermedad.

            El poeta José Martí nos indica que la felicidad está en el camino del trabajo y el trabajo es menospreciado por el hombre, también sujeto al principio del placer, donde nuestro aparato psíquico tiende a la mínima tensión posible. Pero sin cierta zozobra, frustración en la vida, el deseo no se relanza, no hay movimientos para poder transformar la realidad, incluir a los otros, construir un lugar mejor.  Hay quien permanece en un lugar materno filial, donde sigue estando en los brazos y el sopor de la función madre, incapaz de dar los pasos para adentrarse en el mundo, hacer algo por otras personas.  No hay crecimiento, desarrollo personal si nos quedamos instaurados en el sopor de la pasividad, que requiere de mucha actividad para permanecer en esa posición.

            Todos venimos con una deuda simbólica, ya había otros que dieron su vida, que trabajaron para que podamos disfrutar de todos los derechos que disfrutamos, de las instituciones, las comodidades que hacen que no tengamos que empezar de cero otra vez. Hay una historia en la humanidad, un bagaje, una suma, que nos permite, en cada generación, beneficiarnos de los avances en la salud, el bienestar, por ejemplo.

            Hacer un viraje del narcisismo, al amor familiar y después al amor social es un verdadero viaje. El trabajo está articulado con el amor, amor social, en el sentido que doy algo que ni siquiera sé a alguien que no conozco y se beneficia de ello.

            Si hay dificultades en  trabajar, podríamos pensar que puede tener que ver con la elaboración de esa deuda simbólica, donde no pude transformar esa posición de recibir. Trabajar tiene que ver con dar, producir  un beneficio a otras personas. Hay numerosos problemas sociales cuando sólo se trabaja para lo necesario y se instalan en la hostilidad hacia el trabajo.

            La libertad en las personas conlleva compromisos, dependencia con otras personas, sumar, establecer lazos donde nosotros puede más que yo.  Siempre está incluido el otro en cada cosa que se hace, tanto para bien como para mal.

            La satisfacción en el trabajo no sólo conlleva la parte económica, importante también como medio de subsistencia e intercambio. El dinero proporciona libertad.  Es algo inventado por el hombre que habla de nuestra posición ante los deseos, cómo ejercemos la tacañería, el ser desprendido, invertirlo, gastarlo... al fin y al cabo nuestra sexualidad. También conlleva  el trabajo convertir en realidad deseos, fantasías, pagar esa deuda simbólica que traemos en el mundo, sentirnos útiles, aumentar la autoestima.

            Con trabajo también nos referiremos a que todo se construye en el ser humano, ni siquiera ser hombre, ser mujer, ser un humano se nace, es algo que se accede, es una construcción. El psicoanálisis introduce la cuestión del trabajo, la elaboración.  Hay una diferencia entre el pensar, desear y hacer. Una cosa es la realidad psíquica y otra la realidad material. Hasta la salud es una construcción, y el desear se muestra en el acto. Porque se llevó a cabo es que se deseaba.

Incluir el concepto de trabajo nos hace humanos, civilizados, sujetos de nuestro deseo. ¿Qué ideología te sustenta? Había mundo antes de que llegáramos y seguirá existiendo cuando lo dejamos.

 ¿Contribuimos a él?

 

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

Telf.: 610 86 53 55

LA REBELDÍA

 




  

   La rebeldía es necesaria para constituir nuestra identidad. Cuando nacemos, la relación primera, que es con la función madre, podríamos decir que es de sometimiento, porque estamos a expensas de esa función, de sus cuidados. Sin ella moriríamos. El cachorro humano nace indefenso y, por contra de otras especies que evolucionan más rápidamente, el ser humano depende constantemente de otras personas para vivir y desarrollarse.

            En la etapa anal (alrededor de los 2-3 años)  que es la de control de los esfínteres, acontece la primera rebeldía, donde en la relación con la persona que está al cuidado, la maneja a través expulsar- retener, se convierte en su relación con el medio. Si defeca o no defeca, con la consecuente preocupación de los progenitores. Ve una gran fuente de poder en la atención con esa relación.  Aquí se forja el carácter, la tacañería, porque también posteriormente va a estar relacionado con el manejo de dinero.

            Con la llegada de la pubertad, hay una caída de la idealización de las figuras parentales. Ya no son esos padres todopoderosos, sino que se vuelven más reales, con sus defectos y sus virtudes. Es una época compleja donde además de los cambios en el cuerpo también se produce la separación de esa familia idílica para comenzar a construir la propia vida. Supone una rasgadura para el ser humano, dejar atrás esos primeros amores y sustituirlos por el mundo. A veces se realiza de forma dificultosa. Han de forjar su identidad, tomar modelos de identificación con otras personas que se van encontrando en el camino. A veces es difícil dar esos pasos, asimilar los cambios.  Las normas que antes valían ahora no sirven. También reaparece, tras un periodo de latencia, la sexualidad en relación con los otros. A veces los cambios se muestran en la rebeldía, pero hay que distinguir dos clases de rebeldía. Una de ellas es la que es más silenciosa, que hace que uno se pueda ir despegando, que va aceptando que el otro es diferente y se va forjando un camino distinto. Otra es ese amor intenso, esa fijación, que se transforma en odio. Pero no supone ninguna rebeldía, sino que son maneras de permanecer, al no poder elaborar la separación tan necesaria, se transforma en odio pero para seguir pegado a ese ideal. Entonces vemos que hay  una rebeldía para estar aún más unido al otro, como un viraje  a odio de ese intenso amor, fijado a las figuras ideales de la infancia del que no se pueden despegar. Entonces habría una rebeldía que te ayuda a crecer y otras que es una manera de seguir en esa relación infantil, ahora transformada en odio. Partimos de la base que las relaciones amorosas son ambivalentes.

            A veces la propia intolerancia de los progenitores de alguna manera alienta esas respuestas desmedidas y la incapacidad de despegarse. Recordemos que los hijos no son “mis hijos” como algo de mi propiedad, sino una persona que acompañamos en el crecimiento, con criterios e ideas propias a los que tenemos que ayudar a establecerlos.  La familia te tiene que alentar a separarte. El “no” nos civiliza.

            También hay relaciones de rebeldía con uno mismo, porque en nosotros mismos hay contradicciones, digamos que dos mundos se abren en nosotros: lo inconsciente y lo consciente y en los efectos que hay en nuestro día a día vemos también esa rebeldía: quiero pero no puedo, voy en contra de mí mismo...Si es que hay cosas que no puedo manejar, porque somos complejos, hay otro de mí que desconozco.

            Ser rebelde también en las relaciones, porque puedo estar en una relación de sometimiento. Todo no puede ser sí. A través del diálogo se establecen acuerdos, pactos, donde uno no invade al otro. Los amantes se tienen que separar para volverse a encontrar. El otro no puede gobernar mi vida, repetimos esa situación infantil maternal, donde dejo al otro que decida, que haga, para permanecer en esa posición.  Tiene que ver con una inmadurez emocional.

            Vemos que la rebeldía también es una lectura que va más allá de las apariencias. Las grandes rebeliones se hacen desde los pequeños grupos, donde se va forjando un pensamiento, porque la ideología, que es lo que nos dice cómo hemos de vivir, amar, etc. y que mantiene insatisfechas, infelices, con sentimiento de culpa, enfermas nerviosas,  a muchas personas porque no atienden a las necesidades y realidades del ser humano, guía el vivir. Mejor producir la rebeldía del ser humano que piensa y desea en pos de la felicidad y de los verdaderos valores, no sujetos a la ideología y a los sistemas. Con Psicoanálisis se aprende a vivir, a saber desde uno piensa y a construir la felicidad más acorde a cada persona. Uno no es sin otros.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

Telf.: (0034) 610 86 53 55

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