lunes, 9 de diciembre de 2019

CUANDO NO SE PUEDE PASAR PÁGINA. TERAPIA PARA EXPAREJAS


    Las rupturas, en muchas ocasiones, se producen no sin dolor por ambas partes. Ir dejando atrás esa relación, los lazos que les mantenían unidos, requieren de un gasto energético y de una capacidad de sustitución.
   Vivir, desde que nacemos, está articulado en las separación: tanto de la función madre como de nosotros mismos para poder desarrollarnos. Vemos que hay relaciones que tienen serias dificultades para hacerlo, convirtiéndose en un cruce de acusaciones y reproches. Pueden llegar a odiarse durante toda la vida.
   Cuando hay hijos de por medio hay que tener en cuenta que, aunque ya no haya una relación sentimental, de pareja, ha de haber una relación cordial donde poder llegar a acuerdos por el bien de los hijos y donde poder ofrecerles un marco de estabilidad y seguridad. Aunque ya no exista la pareja, sí que siguen estando los progenitores. Utilizar a los hijos como moneda de cambio para hacer daño al cónyuge y hacer competencia con el otro, es algo que, desgraciadamente, ocurre.
   La cuestión económica encubre venganzas hacia la expareja, al igual que la lucha por la custodia de los hijos. Cuando no se pueden llegar a acuerdos es porque ya no se está mirando por el bien de los mismos, sino dejándose llevar por una batalla de afectos enquistados que necesitan de la regulación de una ética y una ley. Una escucha profesional donde puedan ayudarle a drenar afectos y a transformar el cauce de los mismos, es de máxima ayuda en estos casos. Hay personas que dedican su infelicidad al otro, porque de manera indirecta es como si los fastidiaran, y más cuando hay un vínculo donde los hijos son esa fina linea.
   Hay relaciones que se convierten en una auténtica trama de venganzas, situaciones rocambolescas que ponen en juego el narcisismo, la hostilidad, los celos, la envidia… La agresividad puede aparecer en forma solapada, con la pasividad del silencio, donde se establecen muros en los que darse de bruces.
   Relaciones donde el odio sigue uniendo a esas personas, es indicativo de no poder pasar página. Puede ocultar un amor y un deseo encubiertos, transformando esos afectos en lo contrario. Aún esa relación amorosa está en el presente, pero en la forma en que pueden salir a la luz esos afectos: odiando. Además, se aprovecha cualquier cosa que esté incluso en el orden de lo razonable para mostrar esa cuestiones reprimidas.
  Cuando una persona no es sustituible y aún permanece ligada en forma de odio, habría que pensar qué significa esa relación para esa persona. Cuando no podemos sustituir a una persona por otra, hay que sospechar que esa relación puede tener hondas raíces en relaciones inconscientes con alguna figura familiar (padre, madre) donde se permanece enganchado a espectros inconscientes y donde la palabra y el lugar del otro están anulados. Puede estar actuando una novela familiar, donde se hacen realidad ciertas tendencias.
   Del pasado no se puede vivir. Y lo que uno recuerda de lo que pasó no es lo que pasó. Una relación es cosa de dos, hay que ver la implicación de cada uno de los miembros en la producción de la misma. Aceptar que las relaciones se han producido de esa forma es también aceptar que a veces el deseo toma formas inusitadas y ya toca otra cosa. Si dos más dos son cuatro, y no se acepta, se puede llegar a producir una fantasía paralela, donde se utiliza cada señal para seguir anclado. Ha sido vuestra forma de amar, pero hay que aprovechar esto para aprender y crecer. A través de las relaciones es que vemos cómo se ama, como se construyen esos finales.
   No hacer como dos niños en un cuerpo de adulto, porque los daños colaterales pueden ser mayores, sobre todo para con los hijos, que son los que pagan los platos rotos.
   Darse otra oportunidad para producir unas relaciones más sanas. Al pasado ya no se puede volver y no podéis hacer de eso, vuestro presente. La responsabilidad y la madurez psíquica han de abrir paso a nuevas formas de amar y de conversar. Los juzgados están colapsados por esa incapacidad de llegar a acuerdos. Mejor aprender a amar y a conversar, no dejar que los afectos infantiles reprimidos pongan la zancadilla al bienestar y a la salud emocional.
Laura López Psicoanalista Grupo Cero
y terapeuta de parejas.

jueves, 28 de noviembre de 2019

EL PSICOANÁLISIS SE ERIGE COMO TERAPIA FUNDAMENTAL PARA EL TOC Y LAS OBSESIONES (artículo publicado en varios periódicos digitales)







Laura López, Psicoanalista de Grupo Cero, afirma que el psicoanálisis se erige como terapia fundamental.

Laura López, experta en obsesiones y el trastorno obsesivo compulsivo o TOC, indica que estos trastornos tienen solución a través de la terapia psicoanalítica, porque incide en la parte inconsciente de la personalidad. Hace hincapié que provienen del desarrollo psicosexual y afectivo de las personas y que tienen ver con la posición adoptada ante los pilares básicos y verdades humanas que constituyen a cada individuo.

Esta profesional señala que las obsesiones y el toc son un disfraz que encubre conflictos internos relacionados con la afectividad, la sexualidad y los sentimientos hostiles hacia las figuras familiares. Hay una gran ambivalencia afectiva en ellos (amor-odio).

Los síntomas, dice Laura López, son como un disfraz, simbolizan y son metáfora de cuestiones internas afectivo-sexuales que se ponen en juego en el presente, por lo que resultan tan irracionales e ilógicas. Corresponden a otra cosa, hay fantasías y afectos que se encuentran reprimidos y aparecen de forma que la conciencia no percibe nada de lo que realmente acontece en la persona.

La culpa está presente en los pacientes con obsesiones, porque corresponde a algo pensado o fantaseado de forma inconsciente. Se pueden sentir culpables hasta de creer haberle hecho daño a alguien que pasó a su lado. Los síntomas son un disfraz de la transacción entre la moral y los deseos y pensamientos reprimidos. Las personas con obsesiones o toc padecen de una gran inflexibilidad moral.

Muchos de los pacientes que acuden a su consulta con este trastorno, indica Laura López, padecen de una gran angustia, obsesiones constantes que les asaltan en el pensamiento y no les permiten realizar sus actividades diarias como trabajar y amar, rituales (al vestir, en la limpieza, comprobación de la llave del gas, cerrar las puertas etc.), manías, obsesión por la limpieza, pensamientos intrusivos acerca del cuestionamiento homosexual, terror homosexual, blasfemias religiosas, ideas e imágenes de muerte a familiares, creencia y culpa por haber cometido acciones que no se han realizado, obsesión a contraer enfermedades, escrupulosidad en colocar objetos etc.

Laura López, Psicoanalista de Grupo Cero, da las claves de cómo trabaja: “El método del Psicoanálisis es la interpretación- construcción, su técnica la asociación libre, en el marco de la transferencia psicoanalista-paciente. Es una terapia con una escucha muy especializada y es un instrumento altamente eficaz y preciso. Produce que los pacientes y toda persona que acuda pueda vivir mejores años futuros, proporcionando un nuevo estado de salud que antes no estaba. La salud es una construcción.”

Su página web (www.psicoanalistaenmalaga.com) tiene miles de entradas y atiende a personas también con la modalidad online (skype lauralopezpsico) o por teléfono (0034) 610 86 53 55 en cualquier lugar del mundo. Las nuevas tecnologías se convierten en un aliado de la salud y la accesibilidad para todas aquellas personas que necesiten de profesionales como Laura López, Psicoanalista de Grupo Cero.

Laura López, especialista en Terapia de Parejas y Sexualidad en Málaga
Psicóloga Clínica y Psicoanalista Grupo Cero
Atención presencial y online
Telf.: 610 86 53 55 / 951 21 70 06

miércoles, 20 de noviembre de 2019

LOS AMIGOS TAMBIÉN SE ELIGEN DE FORMA INCONSCIENTE





    En el tabaco, en el café, en el vino, al borde de la noche se levantan como esas voces que a lo lejos cantan sin que se sepa qué, por el camino.
   Livianamente hermanos del destino, dióscuros, sombras pálidas, me espantan las moscas de los hábitos, me aguantan que siga a flote entre tanto remolino.
   Julio Cortázar

   Vivir en compañía es la única forma de vivir. No se puede hacer nada o casi nada sin otras personas. Es más, es necesario que el pequeño cachorro humano se sostenga por otros, si no, moriría irremediablemente.
   La amistad juega un papel muy importante en las personas. Vienen a mostrarnos que más allá de la familia están otras familias y el mundo. Las primeras identificaciones son a los familiares, pero también son a los amigos y amigas. Vienen a colaborar en el desarrollo de la persona, al proporcionar espejos entre iguales, figuras de identificación, con las que forjar el yo.
   El paso de la familia al mundo es, para el ser humano, difícil. Cuesta abandonar posiciones anteriores que han generado placer y, con la amistad, se establecen vínculos muy necesarios para ese avance. Proporcionan un cauce para las palabras, conversaciones que sacan del diálogo interno y donde se aprende a compartir, a ser generosos, a establecer pactos y acuerdos, incluir lo diferente...
   La elección de la amistad no es casual o por obra del destino, sino que se realiza de forma inconsciente. Esto quiere decir que hay algún rasgo en el otro que habla de nosotros, o bien algo que fuimos, que somos, o que admiramos y queremos llegar a ser. También puede llevar esa impronta familiar, algún rasgo, cualidad, brillo, que nos recuerde a la familia. Esto ocurre sin que ni siquiera lo percibamos, no es algo que podamos explicar, cursa inconscientemente.
   Cuando hay un conflicto psíquico se pueden llegar a elegir y producir relaciones que ocasionan un perjuicio, satisfaciéndose algún deseo inconsciente. Siempre nuestras acciones y las situaciones que se generan en la vida tienen dedicatoria: son para algo o para alguien, y responden a una manera de gozar, aunque en ocasiones pueda llegar a ser sufrientes y dañinas.
  Necesitamos de otras personas para poder desarrollarnos, crecer,construir la persona que somos. Somos la suma de nuestras relaciones, de nuestros pensamientos. Pero también hay una ambivalencia afectiva en ellas, un monto de hostilidad y también de erotismo, siendo en ocasiones, muy intolerados para la moral, produciéndose una mala gestión emocional.
   Celos, envidia, hostilidad, deseos, rivalidad ... también acontecen en las relaciones de amistad. Pueden así actuar ciertas afectividades reprimidas, que hunden sus raíces en la educación de los primeros años y en esos hermanos o iguales (primos, vecinos...). Se pueden estar transmitiendo afectos que corresponden a maneras de relacionarse del pasado.
    Hay personas que les cuesta hacer amigos, hablan de los amigos como que les traicionan, pero habría que revisarse y ver cómo se es con los demás. A veces en esa elección inconsciente se producen situaciones donde se es abandonado, traicionado. O como si de una compulsión a la repetición se tratase, como si un destino cruel pusiera en juego circunstancias parecidas, con un mismo final. Pero tiene que ver con conflictos inconscientes que producen ese “síntoma”.
   A veces se exige mucho a la amistad, o se entrega la vida en ella, y olvidamos que es un ser humano, que no es ese ideal de mamá, que no es la señora que nos cuidó, sino esa madre psíquica ideal, que todo nos tiene que calmar y colmar en todo. Le exigimos una ayuda excesiva. “Hermanos de sangre”, como si hiciéramos un pacto que nos convierte en incondicional: para lo bueno y para lo malo. En los hermanos hay esa ambivalencia afectiva precisamente. El amor no es incondicional, es un respeto de la libertad, la producción de pactos y el amor, que no es sin palabras.. En las relaciones también hay límites, se tiene que poder producir un espacio de bienestar. Los amigos no son perfectos, y en la exigencia tendríamos que pensarla en nosotros. Algo que nos molesta puede estar el otro en espejo y mostrarnos lo que se rechaza de uno mismo. A veces llegan a ser relaciones de enamoramiento donde se pierde uno en el otro. Freud lo explica a través de la teoría de la libido.
   ¿Establecemos una relación recíproca, entre iguales? ¿O tal vez son relaciones de sometimiento?¿Se respeta a la otra persona en sus diferencias, en su desarrollo individual? ¿Sólo puedo tolerar a quien piense igual que yo? ¿No puedo relacionarme con más personas?
   Hay personas que les cuesta hacer amigos, porque también están pegados a esos primeros amores familiares, y les cuesta sustituir las relaciones, sumar. También puede haber un miedo a desear, miedo al goce que puede generar una relación de amistad. Frente al otro, van a surgir afectos, sentimientos, que a veces son difíciles de gestionar y producen frustraciones. Hay algo de mí que no puedo manejar y que, frente a otras personas, se me dispara. No es lo mismo hablar conmigo mismo que expresarme, comprometerme en las palabras, a ver qué hago con el deseo que me produce el otro.
   Es importante también pararse y pensar qué es para mí la amistad, porque dependiendo de cómo la piense, de lo que es para mí la amistad, generaré un tipo de relación u otra. Pensar tiene que ver con la ideología, y ésta es inconsciente. En función de cómo esté articulado este significante en mí, elegiré unas relaciones u otras. Por eso es importante saber desde qué lugar psíquico estoy.
   Hablar no es decir cualquier cosa, y también en la amistad es importante el diálogo para que ciertos afectos no se “enquisten” y produzcan daños mayores. Los malentendidos bañan estas relaciones amorosas porque siempre hay demandas y afectos que se disfrazan de formas inusitadas. Hay cosas que no es el lugar donde hablar con los amigos, porque se necesita de un espacio para elaborarlas y desarrollar unas relaciones más sanas, donde no se bombardee al otro ni se le vomite, mejor con un psicoanalista. Hay cosas que no se tienen que hablar con los amigos y que van a estropear la relación. Hay cosas que se piden que son demasiado. Ese no es el lugar para las demandas infantiles. Conversar no es imponer ni ver quien tiene la razón, sino apartarse de esa afectividad desbordada y poder llegar a acuerdos, respetando los espacios de cada uno.
   Finalmente, hay relaciones que están abogadas al final, porque no es cuestión de tiempo, sino de trabajarlas, se construyen cada vez. Un lugar donde poder hablar tranquilamente y construir caminos posibles donde la compañía se suma. ¿A qué ideas y formas de pensar está uno atado? La amistad no puede depender del enamoramiento que acontezca con el otro, sino del trabajo de construir unas relaciones basadas en la libertad, en el deseo del encuentro, en los pactos.
   “Quien tiene un amigo tiene un tesoro” dicen, pero las relaciones no se tienen, se producen, entre palabras.


Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55 /951 21 70 06
www.lauralopezgarcia.com

miércoles, 6 de noviembre de 2019

ACERCA DE LOS REPROCHES OBSESIVOS





    Cuando una mujer ha perdido a su marido o una hija a su madre, sucede con frecuencia que los supervivientes pasan a ser presa de penosas dudas, a las que calificamos de reproches obsesivos, y se preguntan si no habrán contribuido por alguna negligencia o imprudencia a la muerte de la persona amada. Ni el recuerdo de haber asistido al enfermo con la mayor solicitud ni los argumentos objetivos más convincentes contrarios a la penosa acusación bastan para poner fin al tormento del sujeto, tormento que constituye quizá una expresión patológica del duelo y va atenuándose con el tiempo.

    La investigación psicoanalítica de estos casos nos ha revelado las razones secretas de tal sufrimiento. Hemos descubierto, en efecto, que tales reproches obsesivos no carecen hasta cierto punto de justificación, siendo esta circunstancia la que les permite resistir victoriosamente todas las objeciones y todas las protestas. No quiere esto decir que la persona de que se trate sea realmente culpable de la muerte de su pariente o haya cometido alguna negligencia para con él, como el reproche obsesivo pretende. Significa únicamente que la muerte del mismo ha procurado la satisfacción de un deseo inconsciente del sujeto, que si hubiera sido suficientemente poderoso hubiese provocado dicha muerte. Contra este deseo inconsciente es contra lo que el reproche reacciona después de la muerte del ser amado. En casi todos los casos de intensa fijación del sentimiento a una persona determinada hallamos tal hostilidad inconsciente disimulada detrás de un tierno amor.

  Trátase aquí del caso clásico y prototípico de ambivalencia de la afectividad humana. Esta ambivalencia es más o menos pronunciada según los individuos. Normalmente no suele ser lo bastante fuerte para provocar los reproches obsesivos de que tratamos. Pero en los casos que alcanza
un grado muy pronunciado se manifiesta precisamente en las relaciones del sujeto con las personas que le son más queridas y allí donde menos podía esperársele. La disposición de la neurosis obsesiva, que con tanta frecuencia nos ha servido ya de término de comparación en la discusión sobre la naturaleza del tabú, nos parece caracterizada por un grado particularmente pronunciado de esta ambivalencia afectiva individual.

Sigmund Freud, Tótem y tabú 1912

miércoles, 18 de septiembre de 2019

LA RENUNCIA INSTINTIVA (fragmento)



    Si en un ser humano el ello sustenta una exigencia instintiva de naturaleza erótica o agresiva, lo más simple y natural es que el yo, que dispone de los aparatos del pensamiento y neuromuscular, la satisfaga mediante una acción. 
    Esta satisfacción del instinto es percibida placenteramente por el ego tal como la insatisfacción instintual se habría convertido, sin duda, en fuente de displacer. Pero puede suceder el caso de que el yo se abstenga de la satisfacción instintiva en consideración a obstáculos exteriores cuando reconoce que la acción correspondiente desencadenaría un grave peligro para su integridad. De ningún modo es placentero este desistimiento de la satisfacción, esta renuncia instintual por obstáculos exteriores, o, como decimos nosotros, por obediencia al principio de la realidad. La renuncia instintiva tendría por consecuencia una permanente tensión displacentera si no se lograra reducir la propia fuerza de los instintos mediante desplazamientos de energía. 
    Pero la renuncia al instinto también puede ser impuesta por otros motivos, que calificamos justificadamente de internos. Sucede que, en el curso de la evolución individual, una parte de las potencias inhibidoras del mundo exterior es internalizada, formándose en el yo una instancia que se enfrenta con el resto y que adopta una actitud observadora, crítica y prohibitiva. A esta nueva instancia la llamamos super-yo. Desde ese momento, antes de poner en práctica la satisfacción instintiva exigida por el ello, el yo no sólo debe tomar en consideración los peligros del mundo exterior, sino también el veto del super-yo, de manera que hallará aún más motivos para abstenerse de
aquella satisfacción. Pero mientras la renuncia instintual por causas exteriores sólo es displacentera, la renuncia por causas interiores, por obediencia al super-yo, tiene un nuevo efecto económico.     Además del inevitable displacer, proporciona al yo un beneficio placentero, una satisfacción sustitutiva, por así decirlo. El yo se siente exaltado, está orgulloso de la renuncia instintual como de una hazaña valiosa.
    Creemos comprender el mecanismo de este beneficio placentero. El super-yo es el sucesor y representante de los padres (y de los educadores), que dirigieron las actividades del individuo durante el primer período de su vida; continúa, casi sin modificarlas, las funciones de esos personajes. Mantiene al yo en continua supeditación y ejerce sobre él una presión constante. Igual que en la infancia, el yo se cuida de conservar el amor de su amo, estima su aprobación como un alivio y halago, y sus reproches como remordimientos. Cuando el yo ofrece al super-yo el sacrificio de una renuncia instintual, espera que éste lo ame más en recompensa; la consciencia de merecer ese amor la percibe como orgullo. También en la época en que aún no había sido internalizada la autoridad bajo la forma del super-yo, la amenaza de perder el amor y la exigencia de los instintos pueden haber planteado idéntico conflicto, experimentando el niño un sentimiento de seguridad y satisfacción cuando lograba renunciar al instinto por amor a los padres. Pero sólo una vez que la autoridad misma
se hubo convertido en parte integrante del yo, esta agradable sensación pudo adquirirel peculiar carácter narcisista del orgullo.

Sigmund Freud, Moisés y la religión monoteista, la renuncia instintiva. 1934-8 (39)

viernes, 13 de septiembre de 2019

LA ANGUSTIA SUCEDE POR CONFLICTOS PSÍQUICOS. HAY DESEOS QUE SON VIVIDOS COMO PELIGROS



     Cuando se siente angustia, es porque se está implicado. La angustia es estructural, en el sentido que viene a protegernos de un peligro. Decimos que es angustia de castración y esto quiere decir que ante cualquier situación de cambio, frente a los otros, frente a nuestros deseos,  somos ese niño incapaz y que atribuye que el otro lo puede todo.
            Hay deseos que acontecen en todos y que tienen que ver con nuestras tendencias egoístas, amor, deseos irrealizables, hostilidad, celos, envidias... que pulsan por manifestarse. Es nuestra fuente de energía psíquica, que necesitan de una transformación para que puedan encauzarse hacia otros fines. En la angustia hay deseos reprimidos intolerables que a través de los síntomas se realizan de forma disfrazada. Es la solución a una situación interna. El peligro real corresponde a algo exterior y el peligro neurótico o angustia son a las exigencias de instintos que parten del interior. 
            Hay quien queda detenido, se inmoviliza, ante la incertidumbre, la angustia, y cae en los brazos del sopor, de las inhibiciones, y quien es tolerante con sus deseos y sigue entregándose a la vida, a las palabras. La vida es incertidumbre.
            En este punto, es necesario distinguir la ansiedad de la angustia. La ansiedad es más psíquica, tiene que ver con la anticipación, con ese querer controlar todo, preocupación excesiva permanente, querer saber antes de hacer nada, perfeccionistas, visión pesimista del futuro, siempre apresurados, inquietos, creyéndose incapaces... En la persona con ansiedad hay una prisa, querer concluir rápidamente o no iniciar cualquier actividad para evitar la angustia ¿pero eso es vivir, no implicarse en la vida sin experimentar un mínimo de zozobra? Entonces es como si fuéramos bebés ante la imposibilidad de un mundo que nos sobrepasa.
             Lo que ocurre es cómo se resuelven  situaciones internas. Hay quien queda detenido y cae en los brazos de la angustia y quien continúa, tolerando que hay deseos en mí que rechazo y que no sé gestionar. O seguimos haciendo y nos ponemos del lado del deseo o caemos inmovilizados.  Eliminamos la categoría de trabajo, atribuyendo al otro una completud, como si ya se viniera hecho y “yo no tengo” o ·”no puedo”.
            Cuando afecta en el cuerpo ya hablamos de angustia:  taquicardia, sudoraciones, vértigos, cefaleas, insomnio, ahogos, opresión en el pecho, dolor de estómago, diarreas, sensación de perder el control o volverse loco,  puede haber trastornos sexuales como la eyaculación precoz...
Ciertas prácticas sexuales como el coito interrumpido generan  también angustia.
Nuestro cuerpo biológico está articulado con el psíquico, que se rige por las leyes del lenguaje. A veces metáforas, metonimias del deseo que, en  elaboraciones complejas, se escenifican en el cuerpo. En todos nosotros hay amor, odio, deseos, envidias, celos... y dependiendo cómo me relacione con ellos, así gestionaré ese impacto con ese otro de mí que soy pero que desconozco ser . Vivimos entre palabras, lo que no puedo nombrar no existe o hace mella en mi cuerpo, encapsulado.
     A veces el abuso de sustancias es para calmar la angustia.
Hay tratamientos que se utilizan habitualmente como el uso de fármacos, que se convierten en una droga más, donde hay una sedación y  no se trata el conflicto, sino que es un tratamiento sintomático.
            Hay que tratar el conflicto psíquico que produce la ansiedad , ayudar a elaborar la incertidumbre y aprender a gestionar las propias emociones, que no es sin la escucha del Psicoanalista, que sabe que ese síntoma es la producción de un trabajo para manifestar un deseo disfrazado, como en los sueños, una satisfacción sustitutiva. Poner en palabras, aprender a hablar de nuestros conflictos en lugar de escenificarlos en el cuerpo.
             Dejarse llevar no es entregarse a ese otro de mí que temo, porque pensar y desear no es hacer, y hay un solapamiento de los niveles del pensamiento y de la acción.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

lunes, 9 de septiembre de 2019

NO CONFIAR TAMBIÉN TIENE QUE VER CON EL NARCISISMO


        La confianza está relacionada con esa seguridad en uno mismo y en los otros que conlleva poder utilizar la energía psíquica para desplegarla en la realidad. Es tan importante, que sin confianza no hay desarrollo.
            Cuando el niño nace no es sino entregando su vida a los otros, a las funciones que le cuidan, que va conformando su yo y renunciando a sus instintos para que le amen y, posteriormente construir una amor más social.
            En ocasiones, las personas quedan muy aferradas a esos ideales de la infancia, desde donde parte el ideal del yo. Los ideales son ideales, no son para cumplirlos, y se puede caer en una exigencia que, al fin y al cabo llevan a la inacción, al bloqueo. El ser humano no abandona gustoso posiciones anteriores y le cuesta renunciar a la perfección de la niñez, en el cual él era su propio ideal.  La producción de un ideal eleva las exigencias del yo y favorece más que nada la represión.  Es como quedarse más en los pensamientos, en la fantasía, y no trabajar para conseguir los logros. Se evoluciona, se puede transformar la realidad, cuando se retira la energía psíquica del yo y queda libre para ello.
            El aumento de confianza está relacionado con todo lo que la persona logra o consigue, pero si se aferra solamente a lo ideal y niega los pasos que ha realizado, cae en esa falta de confianza.
            El amor también es un fuente de confianza en uno mismo. No ser amado lleva a una disminución de ese amor propio y serlo lo aumenta. Pero, en los procesos de enamoramiento, vemos que la persona se pierde en el otro, pierde su yo, identificándose a la otra persona, haciendo mella en su amor propio. En el enamoramiento hay ha un ideal que posee las perfecciones que él o ella no puede alcanzar.
             En los procesos melancólicos, también hay una falta de autoestima. Se pierde un ideal, a una persona, y acaba menospreciándose, por el proceso de identificación. La sombra de lo perdido cae sobre el yo.
            Con todo esto podríamos llegar a pensar que la desconfianza en los demás no es más que un reflejo de la propia desconfianza, que se proyecta en los otros. Nuestros sentidos nos engañan y lo que digo que no confío en el otro, puede ser por cuestiones conmigo mismo, con mi deseo, que las proyecto.   
            No estamos hablando aquí de una confianza en la que llego a un acuerdo con el otro y me falla. Esto habría que pensarlo, porque tal vez también se trata de pactos ideales, donde hay una imposibilidad de consecución y donde tiene que haber una lectura psicoanalítica.  Es como si estuviéramos viendo un cuadro impresionista  donde solo hay puntitos si estamos cerca. Si tomamos distancia con otra mirada, veremos otra composición pictórica.
Muchas frases de que no confío en tal persona, tal otra, tienen más que ver con proyecciones de uno mismo, es decir, con deseos propios por ejemplo de infidelidad, de hostilidad, de envidia...que desplazo en el otro, siendo así cegada mi conciencia y culpando en algo externo algo que acontece en mí de manera reprimida.  Tiene que ver con nuestra realidad psíquica, la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestros deseos que generan lo que nos pasa. Si una y otra vez ocurre una historia de traiciones, puede estar relacionado con la culpa inconsciente, donde se dirigen los pasos para buscar castigo.
Además, muchas veces, se confunde la confianza con entregar la vida al otro y ahí, nos traiciona. Hay que hacer lo conveniente, establecer también unos límites.
Si hay una falta de confianza, de amor propio, no es suficiente con darte ánimos, hay resistencias a los cambios, una tensión psíquica.
La no confianza también tiene que que ver con el narcisismo, con la imposibilidad de generar pactos y relaciones con los otros. En ocasiones, necesitamos de otras palabras, otras compañías, porque muchos propósitos se quedan en fantasías. Si no se construye esa compañía necesaria, habrá que pensar que hay contradicciones en uno mismo. El deseo se muestra cuando pasa, ahí sabemos que hubo y en lo que nos pasa algún deseo inconsciente se cumple.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55

LOS LÍMITES ¿SABER DECIR NO?



 Los límites son muy necesarios para el desarrollo de las personas. Aporta seguridad, alienta a dirigir los pasos hacia la transformación de la realidad, esto es, el trabajo. Así, se puede modificar, hacer un trabajo sobre ella, para que sea más satisfactoria y más conveniente para la vida humana.
            Si no existieran límites, seríamos como un abrazo mortal. El no, nos civiliza. La función Padre, la Ley, tiene que ver con el no, con la prohibición, porque todo no se puede.
  La libertad era máxima en épocas anteriores a la producción de la civilización, pero vemos cuán peligrosa era la vida entonces y qué poco valor tenía la misma. Los límites y los pactos son necesarios para  civilizar las pasiones y las pulsiones humanas.
            El niño (con niño también nos referimos a niña) hacía con su madre una sola célula y, en la entrada del tercero, puede forjar su yo, en el establecimiento de los límites entre la función madre y él. A través de complejos procesos psíquicos va forjando una identidad y estableciendo interiormente en él esas funciones necesarias para ser un sujeto de la civilización (la función madre, padre, hombre y mujer). El niño renuncia a sus instintos y pasiones y a su realización inmediata, con tal de no perder ese amor de sus progenitores, tan necesarios para vivir y no quedarse desamparado.
            Con todo esto ¿qué podríamos pensar de no poner límites en las relaciones?
            Las relaciones se van forjando a través de las conversaciones, del respeto, de la tolerancia... El no establecer límites adecuados con otras personas, puede estar hablando de una posición infantil, en la que aún no se ha instalado de manera adecuada la ley interior.
            Esa ley interior es la heredera del Complejo de Edipo, ese pasaje humano, y de cómo se instauran en mí los límites.  Nos permite discernir lo que está bien de lo que está mal.  Si se generan situaciones, posiciones, donde se entra en este dilema, donde está en juego la ausencia de límite, puede estar hablando de la necesidad de ser amados. Los límites siempre están relacionados con la posición psíquica ante la Ley, ante el Nombre del Padre.
            Hay muchos factores en juego, en cada persona se va a jugar de una manera diferente esta posición de ausencia de límites, porque es importante indicar que, aunque una situación nos parezca dañina, o intolerable para una parte de nosotros, hay algo que se satisface en eso que se mantiene. Aunque lo rechacemos enérgicamente.  Decir no saber decir que no, es caer en una ingenuidad, en una ceguera de querer negar de qué manera estamos implicados.
            Hay prioridades, tu vida no es tuya solamente, hay otras muchas personas que se sostienen en lazos contigo. Si dices a todo que sí, también es un atentado contra otros, porque ocupas una función en la cultura, con los demás, y abandonarte tú para caer en ese ideal,  es también perjudicar a otras muchas personas. “Todo sí” no se puede, destruimos la civilización y nos hacemos cómplices de esa perversión que se repite (hay una ley, pero no la cumplo). Freud nos indicaba de la conveniencia del Psicoanálisis para la humanidad, estas cuestiones afectivos sexuales reprimidas infantiles sobredeterminan, generan la realidad.
            ¿Qué ética nos rige en la vida? ¿Cuál es nuestra base para sostener y regular las relaciones? ¿Sobre qué pensamientos nos regimos?   Podemos entrar en el buenismo, en la moral ¿haré bien? ¿haré mal? Y nos quedamos anclados en ideologías llenas de prejuicios, donde te indican pautas de comportamiento, cómo vivir, muy alejadas del verdadero deseo humano y de la ética que rige las relaciones.
            Los conflictos que tenemos con los demás tienen que ver con nosotros mismos, con ese no saber guiarnos con la ley. ¿Qué sería de la sociedad en ausencia de límites? El límite para la salud y  las relaciones son necesarios. Hay que tener pactos que circunscriban esos deseos,  tiene que haber una regulación.
Pero para establecer los límites hay que invitar a la conversación, a la cultura, a la lectura... No es cuestión de caer en la victimización  ni de que haya culpables, sino determinar la implicación en esa situación. Respetar no es tanto con la fuerza, sino con el conocimiento y el amor.
Necesitamos de cierta cuota de narcisismo, de establecer unos límites para crecer, procurar esa energía psíquica al mundo y no quedarse en la relación exclusiva con la función mamá, donde aún el límite no estaba instaurado.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610865355

¿EL PASADO IMPORTA?


            Ante la pregunta de si el pasado importa, habríamos de decir que no. ¿En qué sentido?  Antes de la producción del psicoanálisis se creía en la teoría del trauma, es decir, que un hecho acontecido producía en el sujeto neurosis y trastornos mentales. Las experiencias pasadas se buscaban como determinantes para producir síntomas.
Se creía que la gente enfermaba por la infancia que tuvo,  por algo que le pasó, creyendo que hay algún trauma del pasado y que provocaba la enfermedad. Según esta forma de pensar, tendríamos que volver al pasado y cuando la persona recuerde lo que le pasó, se cura. Pero eso fue el método catártico. Se vio que las mismas experiencias no producían síntomas en unas personas o en otras. Se hablaba entonces de disposiciones genéticas, fallas a nivel orgánico. No hay algo universal que produzca síntomas, sino que es cuestión de cantidad, de cómo nos posicionemos psíquicamente, son fijaciones libidinales.
             Aunque vemos que es un pensamiento que aún persiste en la actualidad, querer buscar algo del pasado: “porque me pasó esto soy así”, “por tener la familia que tengo”.  Sigmund Freud señalaba que si hiciéramos un corte en la sociedad, veríamos que hay personas que viven psíquicamente en pensamientos de la Edad Media, en la prehistoria, en el siglo XX... para acceder a nuevos pensamientos hay que hacer un trabajo.
             Hay quien cree que es como es, que le pasa lo que le pasa, porque tuvo un pasado determinado. Culpan a los padres, al entorno...y van sujetos en frases, inamovibles, que le dan un lugar en esa primera familia y que en la actualidad siguen manteniendo. No ganan en ninguna frase, para no perder ese lugar. Transformarse es perder ese lugar y hay quien prefiere no ganar o seguir dedicándole la vida que tienen a esa familia de la que vinieron, así es una especie de infortunio personal.
            En la vida no es lo que te pasa, es lo que haces con lo que te pasa. Además, lo que pasó nunca va a coincidir con lo que se diga de lo que pasó. Si pensáramos el aparato psíquico constituido en capas, las nuevas les dan otro sentido y transformas las capas anteriores. No es que las viejas capas producen una nueva estructuración, sino que la nueva estructuración producida transforma el contenido. Por tanto, desde un contexto actual se la da sentido a un contenido pasado. Los hechos, hasta después de ser interpretados, no existen. No es el pasado el que determina, porque el pasado no existe como tal.  El tiempo viene dado desde el futuro, es mi frase siguiente la que va a transformar la anterior
            Para entender esto, la conciencia o yo está regida por la moral, por la ideología y la educación y el inconsciente por las pulsiones, donde lo único que el interesa es manifestarse: La persona entonces tiene que lidiar con esos deseos inconscientes que tildan satisfacerse. Entonces hay como una defensa hacia ciertos deseos que no se toleran. El sintoma surge de este conflicto, y en su repetición y modos de renunciar a ellos, puede surgir un trastorno.  Estos deseos inconsciente, puestos a disposición de manera adecuada, son una fuente inestimable de energía.
            Podríamos pensar que ciertas tormentas emocionales expresadas en situaciones actuales, formas de relacionarse, afectividades, se asientan en el entramado de las relaciones edípicas, de los primeros familiares, donde se aprendió a amar, a odiar, celar, la envidia, los celos... No tiene nada que ver con ningún pasado, sino cómo en la actualidad reacciono ante mis deseos, ante las relaciones con los otros. Hay una época de rivalidades, rechazo, amor que no puede ser llevado a su fin, identificaciones que se reprimen y que actúan en la situación actual sin que dé cuenta de lo que pasa.
            El psicoanálisis permite al sujeto una reelaboración permanente de su vida, en el sentido de poder abrirse a nuevas cadenas significantes, es decir, a nuevos tiempos de su propia persona , a nuevas vida de su propia vida  No es desvelar a la persona como vivió, sino cómo desea.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55/ 951 21 70 06

EDUCACIÓN AFECTIVO SEXUAL FAMILIAR ¿SE HACE LO CONVENIENTE?

jueves, 29 de agosto de 2019

MANDAR A LOS NIÑOS AL SILLÓN DE PENSAR




     ¿Se imaginan si cada vez que hacen algo que “no está bien”, “incorrecto “, les mandan a un sillón para pensar y reflexionar? Cada vez se muestra más el gran desconocimiento de la psiquis humana y el afán conciencialista que genera aislamiento, pensamiento cartesiano y represivo. Es a través del amor que el niño va renunciando a cierta cuota de narcisismo y es a través del lenguaje, que puede ir nombrando la realidad, conquistando su cuerpo y estableciendo las relaciones en ese entramado de identificaciones y afectos que nacen en el seno de la familia (celos, envidia, deseo, amor, hostilidad...) 

 Mandarlos a pensar, reflexionar ¿para qué? ¿qué tienen que reflexionar? ¿un comportamiento? Hay que hablar, ayudarlos a nombrar eso que no saben y que actúan irremediablemente en los berrinches, en ciertos comportamientos... ¡Se hacen lecturas ingenuas y se tildan todas las acciones iguales y con las mismas respuestas! ¿Dónde queda la escucha y el habla? Se genera introversión, afán de control y aislamiento. Si no hay un pensamiento científico que nos ayude a pensar la realidad psíquica, caeremos en opiniones y lecturas ingenuas. Por ejemplo, familia donde nace un nuevo hermanito y el niño que antes era el rey de la casa, comienza a hacer trastadas. La última, esconder la ropa del bebé mientras lo bañan. No es cuestión de pensar lo que ha hecho, sino ayudarle a elaborar los celos que aparecen generando su comportamiento. Mandar a pensar es construir un mundo interior, donde se crece en el narcisismo, en el hablar con uno mismo y se entra en un pensamiento obsesivo. Como no cambiemos nuestras formas de pensar la educación, nos haremos autistas, cada uno en su burbuja arreglándoselas como pueda.

    La educación no es sin palabras, con amor. Y pensar no es del orden de la introspección, sino de hablar. Cuando uno habla es que sabe cómo piensa. Pronunciando palabras, dejarse sorprender de lo que éstas dicen entre sí. Pensar es del orden de hablar, de salir de uno mismo, y cursa de forma inconsciente. El sillón, mejor para sentarse y hablar con otro ser humano.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55
www.lauralopezgarcia.com

jueves, 15 de agosto de 2019

UNA PREMONICIÓN ONÍRICA CUMPLIDA



   La señora de B., una excelente persona dotada además de agudo sentido crítico,
me refiere sin conexión aparente con el resto de la conversación y sin ninguna segunda
intención, que en cierta oportunidad, hace ya algunos años, soñó que se encontraba con
su amigo y antiguo médico de cabecera, el doctor K., en plena Kärntnerstraße, ante la
tienda de Hies. A la mañana siguiente, pasando por esa calle, se encuentra efectivamente
con dicha persona en el mismo lugar que en el sueño. He aquí el tema del sucedido. Sólo
agregaré que ningún hecho ulterior vino a revelar eI significado de esta coincidencia
milagrosa, o sea que la misma no puede ser explicada por nada ocurrido en el futuro.

    El análisis del sueño es facilitado por el interrogatorio, que establece la
imposibilidad de demostrar que haya tenido el menor recuerdo del sueño antes de su
paseo, es decir, durante la mañana siguiente a la noche en la cual lo soñó. Tal
demostración consistiría, por ejemplo, en haber anotado o comunicado a alguien el
sueño antes de que se cumpliera su premonición. Por el contrario, la señora en cuestión
debe aceptar sin reparos la siguiente sucesión de los hechos, que considero la más
probable. Una mañana se pasea por la Kärntnerstraße y se encuentra con su viejo médico
de familia ante la tienda de Hies. AL verlo, se siente convencida de que la noche anterior
ha soñado con ese preciso encuentro en ese mismo lugar. De acuerdo con las reglas
vigentes para la interpretación de los síntomas neuróticos, tal convicción debe
considerarse como justificada. Su contenido, empero, requiere una interpretación.

    Entre los antecedentes de la señora de B. hay un episodio relacionado con el
doctor K. Siendo aún joven, fue casada sin su pleno consentimiento con un hombre de
cierta edad, pero adinerado, el cual pocos años después perdió su fortuna, enfermó de
tuberculosis y murió. Durante varios años, la joven esposa tuvo que mantenerse a sí
misma y a su marido enfermo dando clases de música. Con todo, halló amigos en su
infortunio, uno de los cuales fue su médico de familia, el doctor K., que se dedicó a la
asistencia del marido y la vinculó a ella con sus primeros alumnos. Otro amigo era un
abogado, por coincidencia también un doctor K., que puso algún orden en las caóticas
finanzas del comerciante arruinado, pero al mismo tiempo cortejó a la joven mujer y
también despertó en ella la pasión por primera y última vez. Este amorío no llegó a
hacerla realmente feliz, pues los escrúpulos creados por su educación y por su
mentalidad le impidieron abandonarse a su pasión mientras estaba casada, y también
más tarde, cuando ya era viuda. En la misma ocasión en la cual me narró el sueño, la
señora de B. refirió asimismo una ocurrencia real de ese período desgraciado de su vida,
ocurrencia que, en su opinión, encierra también una notable coincidencia. Hallábase en
su cuarto, arrodillada en el suelo, con la cabeza reclinada en un sillón, y sollozaba presa
de apasionado anhelo por su amigo y protector, el abogado, cuando en ese mismo
momento se abrió la puerta, al venir éste a visitarla. Nada de extraño vemos en tal
coincidencia, si consideramos cuán frecuentemente ella pensaba en él y cuán a menudo
éste le habrá visitado. Además, casualidades como ésta, que parecen preconcertadas, se
encuentran en todas las historias amorosas. Sin embargo, esta coincidencia quizá
represente el verdadero contenido de su sueño y el único fundamento de su convicción
de que aquél llegó a cumplirse.

    Entre dicha escena, en la cual se cumple un deseo, y este sueño median más de
veinticinco años. En el ínterin, la señora de B. llegó a enviudar de un segundo marido,
que le dejó un hijo y cierta fortuna. El afecto de la anciana señora sigue dedicado a aquel
doctor K., que es ahora su consejero y administrador de sus bienes, y a quien suele ver a
menudo. Supongamos que durante los días anteriores al sueño esperó una visita de él,
pero que ésta no haya tenido lugar, pues el antiguo cortejante ya no se muestra, ni
mucho menos, tan asiduo. Es posible entonces que durante la noche haya tenido un
sueño nostálgico que la transportó a los tiempos idos. Su sueño se refirió con toda
probabilidad a una cita de la época de su pasión, y la cadena de las ideas oníricas
conduce hacia aquella ocasión, en la cual, sin ningún concierto previo, él Ilegó
precisamente en el momento en que más lo anhelaba. Es probable que actualmente tenga
a menudo sueños de esta especie; forman parte del castigo diferido con el cual la mujer
paga su crueldad juvenil. Tales sueños, sin embargo, siendo derivados de una corriente
coartada de ideas y plenos de reminiscencias a aquellas citas que ya no gusta recordar
después de su segundo matrimonio, son eliminados apenas se halla despierta.

    Posiblemente esto haya ocurrido también con nuestro sueño pretendidamente profético.
Luego sale de paseo, y en un punto de la Kärntnerstraße, que en sí mismo no tiene
importancia, se encuentra con su viejo médico de familia, el doctor K., a quien no ha
visto desde hace tiempo. Este se halla íntimamente vinculado a las excitaciones de aquel
período feliz y desgraciado a un tiempo, pues también él fue un protector, y podemos
aceptar que en sus pensamientos, quizá también en sus sueños, ella lo use como un
personaje encubridor, tras el cual oculta la figura más amada del otro doctor K. Este
encuentro reanima entonces su recuerdo del sueño. Ella tiene que haber pensado: «Es
cierto: anoche he soñado en mi cita con el doctor K.» Pero este recuerdo debe sufrir la
misma deformación a la cual el sueño sólo pudo escapar merced a que ni siquiera fue
recordado. En lugar del amado K. coloca al K. indiferente, que es quien le ha recordado
el sueño; el contenido mismo del sueño -la cita- se transfiere a la convicción de haber
soñado precisamente con ese lugar, pues una cita consiste en que dos personas acudan a
un tiempo a un mismo lugar. Si en tal caso surge la impresión de que una premonición
onírica ha Ilegado a cumplirse, ello sólo significa la reactivación de su recuerdo de
aquella escena en la cual había anhelado, sollozando, su presencia, y tal anhelo
inmediatamente se había cumplido.

    Así, la creación de un sueño después del suceso al cual se refiere, como único
mecanismo que posibilita los sueños proféticos, no es sino una forma más de la censura
que permite al sueño la irrupción a la consciencia.

Sigmund Freud , 10 de noviembre de 1899.

jueves, 18 de julio de 2019

EN EL LUGAR DE TRABAJO, MEJOR NO SALIR DEL ARMARIO


   

   La sexualidad empresarial tiene que ver con el entramado de las posiciones afectivo-sexuales, esto es, psíquicas, que diferencian los modos de relacionarse entre los compañeros, los superiores, los clientes, la forma de organización interna, lo que se muestra, lo que se oculta, y al fin y al cabo lo que hace que una organización tenga esa seña de identidad, esa idiosincracia.

   Cuando vamos a un establecimiento todos captamos de una forma inconsciente ciertos modus operandi que señalan desvíos en una sexualidad óptima empresarial. Si no estamos atravesados por la teoría psicoanalítica es difícil descentrarse de lo afectivo y hacer esa lectura científica de la realidad de ese establecimiento. Hay una apariencia y una latencia, que habla de esa sexualidad empresarial que hace que se lleven a cabo ciertos comportamientos, actitudes, circunstancias que convocan al buen desarrollo del trabajo, o a desvíos que producen un rechazo y una resistencia tanto en los trabajadores como en los clientes.

   En el lugar de trabajo, mejor no salir del armario. Hay cuestiones que forman parte de lo privado de la organización empresarial y que el cliente no se tiene por qué enterar. Los turnos, lo que a cada uno le toca hacer, lo que ha pasado con el cliente anterior, si toma vacaciones un trabajador en una fecha o en otra, el lugar donde tiene que ir ahora...se hablan en privado, no delante de los clientes o de otro departamento. No hay que airear cuestiones personales o que tienen que ver con cómo se tienen que organizar en el día a día. Hay que reservar un espacio y un tiempo para poder estructurar y resolver lo que los demás no tienen que ver.

    Lo privado no tiene que exhibirse en público. Produce rechazo, malestar o una cuestión vouyerista, donde se entra en el chismorreo y se dejan de seguir las líneas directivas del trabajo. Hay que incluir la diferencia también en el puesto de trabajo, tanto en el nivel organizativo como con los clientes.



SUPERVISIÓN DE UN CENTRO DE ESTÉTICA



    Pide supervisión la dueña de un centro de estética. Lleva trabajando en la zona más de doce años y, aunque hace más de cinco años que tuvo que aumentar la plantilla (pasó de dos trabajadoras a cuatro), ahora se queja de que la clientela ha bajado y no sabe cómo redirigir el negocio.
    
   Tras una auditoría emocional, se detectó una falta de inclusión de la diferencia en las situaciones frente al cliente y en el centro del trabajo. Tras el saludo inicial, y el primer contacto, hablaban delante de los clientes cuándo le tocaba a cada una, qué tratamiento tenían que hacer, si habían ido a por cambio, qué turno tenían la semana que viene...

    Todo el trabajo inicial de saludo y acercamiento al cliente sufría una fisura en el transcurso de su permanencia allí. Seguían hablando en presencia de los clientes sus cuestiones de organización en el día e, incluso entraban en las cabinas buscando toallas, quitaesmaltes...haciendo como si el cliente no estuviera. En lugar de trabajar en dirección al cliente, lo hacían conforme a la organización interna, descuidando así la privacidad necesaria para que las personas no se sintieran incómodas y mal atendidas. Aunque el servicio era muy bueno y el trato personal también (por eso no entendían lo que pasaba), en esa ausencia de privacidad generaban desconfianza y falta de atención. Dar de más, exhibir, es perjudicial para las relaciones.

     En las entrevistas con la dueña del centro de estética se pudieron ir elaborando ciertas cuestiones referentes a su manera de pensar la organización. Tras un lapsus en el que en lugar de “empleadas” dijo “hermanas”, se pudo ir reconstruyendo su historia de deseos a través de las interpretaciones. Su madre, divorciada, siempre se había quejado de la falta de confianza de su marido, su falta de “transparencia”. La mujer, que había adolecido durante casi toda su vida de un problema de “nervios”, le insistía a ella y a sus hermanas que siempre había que ir con la verdad por delante. No toleraba que le mintieran, y cuando alguna vez lo habían hecho, les administraba severos castigos.

     Recuerda una escena infantil en la que sus hermanas y ella se encontraban en el cuarto de la menor, y se contaban un secreto de niñas. Entró su madre sin llamar y se enfadó por ocultarle las cosas, diciéndoles que eso era de mala educación. Desde entonces había crecido con esa frase, donde todo lo oculto era de mala educación. La cuestión con lo oculto y la transparencia se mezclaban en ella de una manera infantil, donde su relación con los demás (empleados, clientes, amigos, parejas...) se basaba en este conflicto interno inconsciente.

    Tras una serie de sesiones y las interpretaciones acontecidas en el seno de la supervisión, pudo ir transformando esa forma de relacionarse, llegando a establecer unas líneas claras y concretas en su negocio basadas en la conveniencia del establecimiento de unos límites y la privacidad de la organización interna frente al cliente. Ahora, tras las directrices de la dueña, cuando tenían que hablar de algún asunto, disponían de una habitación privada donde poder hacerlo. Comenzaron a quedar media hora antes y a organizar sus citas y puestos.

     Con los clientes se fue desarrollando un trato mucho mejor, incluyendo la diferencia y a la vez estableciendo un muy buen clima laboral, donde hacían partícipes de la armonía y la conversación a las personas que esperaban su cita.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero