viernes, 17 de enero de 2020

EL MUNDO AÚN ESTÁ EN LA ETAPA ANAL



   El niño pasa por diferentes etapas en la conquista de su cuerpo y su relación con el medio. Va adquiriendo su ser psíquico y social, renunciando a sus tendencias adquiridas para convertirse en un ser civilizado. La sociedad es reflejo de esta evolución psíquica, que también es social.

   Primero está la etapa oral, donde se instaura el goce en la boca y aprehende el mundo a través de la zona bucal, montado en la necesidad. Llora y aparece el pecho de la madre, el biberón... Introduce los alimentos en la boca, cosas de su entorno, en esa investigación. Le sigue la etapa anal, donde se forja el carácter y acontece la expulsión y retención. La relación con la función madre, cómo la maneja, es a través de los excrementos, donde está pendiente si hace o no caquita. Se relaciona también esta etapa con la obstinación del carácter y la tacañería. Después acontece la etapa fálica, donde hay un descubrimiento de las zonas genitales del cuerpo, con una hegemonía del las mismas, y donde se pone en juego la atribución, y la regulación de las relaciones. Después acontece la latencia y, tras ella, la metamorfosis de la pubertad. En el recorrido se forjan las diferencias, las posiciones psíquicas necesarias, la cuestión de la circulación de la economía libidinal (que tiene que ver con cómo manejamos también el dinero y las relaciones), la instauración de la Ley psíquica, el ser femenino y masculino en cada una de las personas....Al fin y al cabo el acceso a la humanidad.

   Pero vemos que, tal y como los acontecimientos en el mundo se van desarrollando, podríamos pensar que estamos en la etapa anal. El reflejo de lo que acontece en la sociedad está intrínsecamente articulado a lo psíquico, es decir, hay una sobredeterminación psíquica y otra económica. Nos encontramos sumergidos en el sistema capitalista, donde, según la teoría del valor de Marx, hay una materia prima, fuerza de trabajo y mercancía. Se genera una plusvalía en este sistema, donde lo que interesa es el consumir. Se suben al carro del consumo también la clase obrera, alienados a un sistema donde impera consumir. La necesidad ya no es sólo lo que podríamos llamar básico para la subsistencia, sino lo que entra en el orden de ser una satisfacción fantaseada. Alcanzar la apariencia, seguir al sistema donde el mal reparto de la riqueza, no forja a la acción transformativa, porque se está sumergido en la misma ideología.

   Retener, expulsar, comprar, consumir, tirar. ¿Dónde están los valores del ser humano? Te venden que la felicidad es tener una casa, un coche, ropa de tal o cual marca. Influencers, youtubers, multinacionales...todos subidos al carro del sistema que nos dice eso es la felicidad. Y lo peor es que padecemos de esa ideología, no nos damos cuenta, se vive con el piloto automático, donde lo que se critica no es para transformarse, sino para señalar lo que también se es, lo que se haría si se ocupara el otro lugar.

   ¿Dónde está el amor por el otro? Estamos en relaciones de expulsión y retención, donde el materialismo se introyecta en sus distintas versiones: ropas, viajes, plásticos.... luego a expulsarlo todo y a llenar de porquería el mundo. Una relación anal. La circulación del dinero no está, se retiene y se expulsa. Compro tal y lo convierto en estiércol y otra vez a empezar. Ninguna riqueza. ¿Qué valor de uso tiene?
Hay una relación entre el amor, el dinero y la defecación. En los tratamientos psicoanalíticos vemos cómo está relacionado en las personas con trastornos nerviosos la erotización de la zona anal, en relación con el dinero y el amor. Cómo hacen del uso del dinero habla de su sexualidad (en psicoanálisis está incluida la genitalidad, pero es más amplia, refiriéndose a la relación los propios deseos y el exterior, todo lo tocado por la palabra). Tacaños, desprendidos...muestran esa relación con los deseos y el medio.

   Vemos cómo el dinero aparece en las fábulas, mitologías, supersticiones, en los sueños y en la neurosis. Está relacionado con la inmundicia (el dinero es una porquería, por ejemplo, frase que se utiliza). El oro que el diablo regala a sus protegidos se transforma en estiércol.

   El uso del dinero también es anal, comprar para convertir en estiércol, millones de basuras que asolan el planeta. El diablo representa la vida reprimida inconsciente, una proyección de nuestros propios afectos. En lugar de hacer que el dinero circule, de equivalente símbólico a a equivalente general, que se invierta en salud, educación, cultura, arte...que puedan ejercer en el ser humano un efecto donde ya no serán unas vidas vacías llenas de porquería, sino de algo por hacer, de dar lo que no se tiene a quien no es, entrar en el orden del deseo humano, no de la analidad, un uso perverso. El psicoanálisis hace posible transformar esa inmadurez, esa posición infantil en los usos actuales del dinero, las relaciones, el amor, el trabajo, la cultura.
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  Sigmund Freud ya lo indicó, que debía de psicoanalizarse toda la humanidad. No dejemos que el mundo sea un retrete de perversidades, maduremos y sin transformar esa ideología que subyuga, es imposible.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

lunes, 13 de enero de 2020

¿PESIMISMO U OPTIMISMO?




   Pesimista, optimista, a veces escuchamos cómo algunas personas se definen a sí mismas o a los demás en función de la visión que tienen de situaciones actuales o del futuro. Comentarios como “si es que siempre ve el lado malo de las cosas”, “es muy negativo/a”, o “se lo toma siempre todo muy bien, es muy optimista”...., definen formas de responder ante la realidad.
Podríamos decir que en la vida siempre van a haber obstáculos, problemas, frustraciones.... pero también alegrías, encuentros con los otros, proyectos por los que trabajar y gozar con ello.
No nos engañemos. Cuando decimos realidad ¿a qué realidad nos referimos? Porque dependiendo del cristal con el que se mire, se percibe de una manera o de otra.

   “La vida de color de rosa” se utiliza para indicar una persona que lo ve todo idílico, incluso podríamos decir que no se deja invadir por la realidad. O simplemente, cuando hay algo que no puede aceptar, termina secuestrada en la fantasía, sin mediar ningún trabajo con la realidad para transformar lo que no le es satisfactorio. Es decir, tiene toda su energía secuestrada en el yo. Su energía psíquica no está ligada a ningún objeto real. Mucha ambición pero poca capacidad de trabajo.

   ¿Y qué hace verlo todo negro? ¿Cómo transformar la mirada? Cuando hay una visión pesimista de las cosas, podemos hablar también de un proceso melancólico, donde aquello que se pierde hay una incapacidad de sustitución y ahí se queda instalada en la pérdida, no pudiendo ver nada de lo nuevo que acontece cada vez. A veces es una frustración, un cambio, incluso aunque sea para mejor, algo se pierde de uno. Pero para ganar también hay que saber perder. Estamos en continua transformación y tolerar la incertidumbre de la vida también incluye las pérdidas. El pesimista no puede apreciar nada de lo bueno que le pasa, porque está en el pasado, en lo que perdió. También puede estar en una posición histérica, donde su deseo es preservar la insatisfacción. Todo le parece mal, y cuando cuando consigue algo anhelado, lo rechaza.

   Es interesante porque Einstein señala que frente a la incapacidad del hombre de capturar las transformaciones que se producen, fantasea con la destrucción. Podríamos pensar que la envidia que se genera ante la imposibilidad, genera una visión pesimista del futuro. Después de mí habrá otros, y eso es un poco insoportable para las personas. Pero la capacidad de incluir el trabajo en la vida, de unirse a otras personas para alcanzar lo que yo solo no puedo, perderles ese asco, esa resistencia a lo diferente y a que compartimos un lugar en el mundo, también permite que se abran otros horizontes. La mortalidad es algo difícil de representar para el ser humano. A veces se vive como si el mañana fuese eterno.

    Hay quien es el peor, va como alma en pena, quejándose de todo. Exhibicionista, diríamos, y también narcisista, si es que con tal de ser el más en algo, es el peor.
   ¿Y quien siempre tiene una frase para derribar el castillo de naipes? ¿Realista o aguafiestas? Es difícil manejarse en estas dimensiones, porque se termina cayendo en opiniones.
    Se puede estar instalado en la angustia, donde precisamente antes de realizar cada paso acontece este afecto. Nos pasa un poco a todos, pero quedarse en él es negar el futuro, lo por hacer, atribuir que el otro puede y yo no, porque algo me falta, nací incompleto.

   Anticiparse a lo peor, interpretar la realidad como que algo malo está pasando, habla de la angustia de la persona. Por ejemplo, hay un ambulancia pasando por la calle donde vive y comienza a pensar que algo le ha pasado a alguien querido, una catástrofe... Pero eso habla de la angustia de esa persona, en la incapacidad de gestión de sus afectos hostiles y eróticos, que aparecen disfrazados en preocupación, pesimismo, espera angustiosa. Son afectos reprimidos que se disfrazan en forma de angustia, un disfraz, para que su verdad no llegue a la conciencia, pues es intolerable. Hay una forma de pensar que está incluida en nuestro recorrido en el pensamiento, que es la mágico animista, que habla de esa interpretación del exterior donde se ven “demonios”, se atribuye al exterior, pero son afectos propios proyectados.
Mencionar que hablar de que el mundo es tal o cual, la sociedad, normalmente se habla de una situación psíquica, es decir, de eso que se critica, que se dice, acontece en uno. Tal vez dos o tres persona más allegadas, de su vínculo más estrecho.

    El sentido del humor nos permite desrealizar esa realidad que a veces abruma, poder reírse de uno mismo habla de que somos personas saludables, que podemos combinar las palabras para producir transformaciones y hacer de un acontecimiento trágico algo llevadero.

    ¿Pero cómo hacer? ¿Uno nace optimista, pesimista o con sentido del humor? No, eso se hace. En el proceso de psicoanálisis vemos cómo la persona va hablando, rompiendo el muro de sus represiones, hasta que puede ir componiendo palabras, frases, que transforman su realidad psíquica, porque la realidad psíquica son las gafas de ver el mundo, lo que va permitir ver colores, incluso mezclarlos, transformarlos, para crear algo que no estaba. Vivimos constantemente engañados por lo que creemos percibir.

    Un rayo de luz se nos ofrece si tenemos en cuenta que con otros se puede más. Psicoanalizarse supone transformar los afectos, los sentimientos que abruman, que niegan el trabajo para transformar la realidad, que impide el camino de la felicidad. Ser pesimista u optimista no es una forma de ser, el mecanismo de la neurosis es el que impide hacer de la realidad, otra cosa y entregarse a la alegría del vivir.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55
www.lauralopezgarcia.com