viernes, 24 de julio de 2020

LAS ADICCIONES Y SU RELACIÓN CON EL INCONSCIENTE





La vida nos depara a parte de alegrías, también sufrimientos, decepciones, tareas imposibles. Y para poder soportarlas, no podemos prescindir de paliativos, muletas, para sostenernos. Así, utilizamos distracciones poderosas(por ejemplo en el libro de Cándido de Voltarie aconseja cultivar el jardín), el arte, que nos depara ilusiones frente a la realidad, la cultura, el trabajo, la investigación científica, satisfacciones varias que reducen el sufrimiento y también hay quien utiliza el uso de narcóticos, drogas, que influyen sobre nuestros órganos y modifican su quimismo.

Es interesante si comprobamos etimológicamente la palabra adicción, indica falto (a) de palabra (dictum). Es como si el sujeto adicto no pudiera simbolizar, poner en palabras. De alguna manera el objeto de adicción también tapa el agujero de la boca, se la llena. Entra en el terreno de lo imaginario y la alucinación.

En una carta a Fliess, Sigmund Freud el 22 de diciembre de 1897, se refería a la masturbación como la “adicción primaria” y que las otras adicciones eran sustitutivas de ésta (por ejemplo alcohol, tabaco, morfina... ). Vemos que se produce un perjuicio en el acto masturbatorio cuando su frecuencia es desmesurada e insuficiente la satisfacción. Incluso la neurastenia tiene que ver con la incapacidad para acumular energía, siempre hay descarga ante la mínima tensión. Son personas que siempre están cansadas, hay cefaleas, una serie de síntomas que señalan la imposibilidad de acumular energía para otros logros. En seguida hay una descarga de su libido. Otro perjuicio es que la masturbación no necesita modificar el mundo exterior para satisfacer las necesidades, no hay un trabajo en la persona. Acontece así la fijación a un infantilismo psíquico, una fijación a fines sexuales infantiles. Se realizan en la fantasía y no hay progresos. Por ejemplo, en la ludopatía hay una articulación con el hábito de la masturbación infantil, donde intervienen las manos. Están en juego todos los componentes de esta cuestión infantil: la tentación, las promesas, los remordimientos...
Pueden estar en juego también sentimientos de culpa inconscientes en las adicciones, donde llevan en unos casos a la ruina, otros a la delincuencia...Es la culpa inconsciente la que dirige las consecuencias en determinadas acciones, como un resorte que se dispara. Es como si necesitaran un alivio a través del castigo .
Decimos que la adicción no es una enfermedad en sí, sino que es una solución a la neurosis, al conflicto psíquico. Desde el Psicoanálisis lo vemos como síntoma.
Al igual que en épocas precientíficas cuando alguien sufría de alguna infección, se decía que “estaba enfermo de fiebres”. No se conocía la existencia de los microbios que, como hoy sabemos, son los causantes de las fiebres. Se confundía el síntoma con la enfermedad. Había una infección que era la que causaba el estado febril. En las adicciones hay una sobredeterminación inconsciente subyascente, que genera la adicción. Hay en la persona conflictos psíquicos que soluciona a través de las adicciones, como una satisfacción sustitutiva. Es como una regresión a ese momento infantil en el que estoy en posición de dependencia con la función madre, siendo uno solo. Si no hay una maduración psicológica, el resto de los tratamientos son un parche que sirven por un tiempo, pero no se han atendido a los procesos inconscientes implicados.
La salida a la adicción está producida por los conflictos inconscientes, por la neurosis. Entre el alcohólico y la botella son uno, el heroinómano y la heroína, uno, el fumador y el cigarro...cuando el humano nace es uno con su madre. Es como si hubiera una regresión, como ese sentimiento de ser uno con el otro, con el objeto de adicción. Los síntomas decimos que son satisfacciones sustitutivas, entonces la persona con adicción busca inconscientemente una satisfacción como sustitución de algo que se le hace intolerable. Pero le genera problemas, se convierte en una situación de dependencia, como el momento infantil del niño con su madre. Si vemos las características de la persona con adicciones es como un niño egoísta que no le importa su alrededor, salvo conseguir lo que quiere, donde no puede esperar cada vez que tiene que calmar su necesidad.
Sigmund Freud nos habla de la fijación en los grandes bebedores por ejemplo a la etapa oral, donde indica estar relacionada con un un destete temprano del pecho materno.
Se puede ser adicto a cualquier cosa: a internet, a la pareja, a una bebida energética, medicamentos, al juego, a la comida.... ¿Por qué hace más de veinte años años vive con ese hombre que la maltrata? Porque hay una adicción.
No ponemos el peso en el objeto en Psicoanálisis, sino lo que le lleva a la persona a utilizar ese mecanismo psíquico. El psicoanalista va a escuchar lo inconsciente del sujeto, algo que desconoce de sí mismo. Lo que le lleva a esa persona a consumir a generar esa dependencia. Se escuchan otros elementos, no es una cuestión de prohibirle (al final termina mintiendo, haciéndolo..) sino desplegar qué piensa, qué quiere esa persona en su vida, a quien odia, qué desea, por qué se quiere suicidar utilizando la droga... Entonces la mejor manera para poder sustituir el placer producido por la droga es el placer verdaderamente humano, el goce exclusivamente humano de poder compartir con otros la palabra, la creación, la lectura, la escritura, el arte, la cultura.
Cualquier adicción a las drogas, al juego, etc., generalmente esconde una depresión. Lo que ocurre que no se trata la depresión, ni los motivos sociales que llevan a que las personas estén deprimidas. Puede haber motivos sociales como falta de ideales, de trabajo, de vivienda, de futuro... Hay causas sociales y psíquicas. Es responsable la depresión de una alta tasa de suicidios, de cáncer...
Adormecen las drogas a las personas, les apartan de la inquietud intelectual. Vemos incluso cómo los tiempos de ocio están dispuestos para el consumo, para escapar del día a día, a una supuesta liberación, un párate para vivir, como si eso fuese la vida, asociada al consumo y al escape de una realidad que ya te transmiten como insoportable.
El problema de droga es que ese hábito genera enfermedades. Por ejemplo el alcohol el síndrome de Korsacoff, donde se empiezan a ver bichitos por la piel, producen también deterioro físico y mental. La cuestión es que en muchas ocasiones la solución para combatir una drogodependencia es a través de fármacos, y lo que hacen es sustituir una droga por otra, pero no se resuelve el conflicto.
Tendríamos que reflexionar acerca de lo social, donde las puertas de la entrada a las drogas es muy grande, pero para la cultura y el trabajo no. Es como que a las estructuras del estado le sale más barato que seamos consumidores. Porque hay que sostener una educación, la cultura, el crecimiento de los jóvenes... El trabajo es un don, pero vivimos en sociedades injustas. La realidad se transforma con el trabajo, y claro, hay un peligro, porque se cambia la estructura. ¿Conviene que seamos consumistas de lo que sea?

Desde otras disciplinas te hablan de la poca fuerza de voluntad del adicto, la ausencia de “control”, porque centran sus terapias en la parte del yo que podríamos llamar consciente. Van a reforzar la fuerza de voluntad, volverles exigentes, con culpa, pero no ven lo que subyace a esa manera de afrontar la realidad, de evitarla, entonces si no se tiene en cuenta lo inconsciente, es como si le reprimieran, tapan esos conflictos, y lo que fuertemente se reprime con más fuerza aparece. Hay que tratar los procesos inconscientes.

La persona se aparta de la realidad o de un fragmento de la misma, porque se le hace intolerable. Vive excluido de esa realidad y la sustituye por una nueva realidad imaginaria. Llegan en muchos casos a apartarse de las personas queridas, el trabajo, y pueden ocasionar graves perjuicios personales y sociales.
El psicoanálisis permite transformar formas de satisfacción perjudiciales que sustituyen y encubren otras cuestiones que se encuentran encubiertas. Son los mecanismos inconscientes que necesitan una interpretación, como un jeroglífico que hay que traducir.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
www.lauralopezgarcia.com




CRISIS DE PAREJA ¿SEPARARNOS O SEGUIR?




Hay parejas que en el camino de su convivencia llegan a un punto que es una encrucijada. ¿Qué camino tomar? ¿Seguimos juntos a pesar de que no nos soportamos? ¿O bien nos separamos? Tomar la decisión más adecuada no es fácil, teniendo en cuenta además que las pasiones del momento no son buenas consejeras. En muchas ocasiones se ha dado el caso en el que se ha interpuesto una demanda de divorcio y, una vez a punto de firmarlo, deciden retomar la relación. No sin serias dificultades porque ¿cómo queremos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo? Una crisis denota un cambio en la manera de producir el rumbo de la relación. Es el momento de parar para replantear.

Las crisis en las parejas pueden traer progresos. Sabemos que las relaciones que no encuentran obstáculos son poco fructíferas pero hay que estar dispuestos a trabajar para que ciertas transformaciones se produzcan.

Hay quien pretende utilizar la terapia para corroborar quién tiene la razón, cuál es la postura correcta. En otras hay una demanda constante “tú tienes que cambiar”, “tú tienes que..” En otras hay un nuevo giro en la vida, se suma una nueva etapa (nacimiento de los primeros hijos, cambio de trabajo, la educación de los hijos, crecimiento personal de cada uno...) que necesita un replanteamiento de ciertos pactos, formas de pensar, que deben renovarse. Vidas insatisfactorias, o con imposiciones constantes donde se coarta la libertad del cónyuge, exigencias, o aún permaneciendo en el ideal de pareja, sin tener en cuenta la persona real, la de carne y hueso que se tiene delante, o estancarse en la ideología de sus familias de origen, sin haber podido construir jamás la familia propia, siempre aludiendo a lo que es normal y lo que no, sin capacidad de creación, donde no es cuestión de imponer una forma de convivir u otra, sino producir la propia.

Callarse es exaltar el conformismo, o una agresividad oculta en el silencio, una lenta agonía que les apaga. Hablar conlleva aprender a hacerlo, sin arremeter, sin juzgar, ni huir. Y en eso la terapia es muy eficaz.

En ocasiones se viven vidas que corresponden a vidas pasadas, un intento de calcar los moldes de sus familias que naturalmente no funciona, o colocarse inconscientemente en posiciones infantiles donde se pone al otro en el lugar del papa o la mamá, y ahí se pierde el deseo. No se toleran las diferencias, si es que “tenemos que tener los mismos gustos para llevarnos bien “¿entonces con quién estás, contigo mismo en el otro? Soy yo siempre en el otro. Cada vez más lejos del mundo, se convierte en una cárcel de la que se es difícil salir con el amor como posesión. El amor conlleva un trabajo, porque el enamoramiento es un flechazo, un ensimismamiento con el ideal, pero el amor viene con los años, respetando, tolerando el crecimiento también personal, produciéndose en libertad, porque partimos de la base que son dos personas que en libre elección deciden continuar juntas.

A veces es mejor separarse, es cierto . Las personas se conocen en un trecho de la vida que después resulta que es mejor no continuar. Pero otras, deciden jugar a vivir en esa relación, a hablar, a poder transformar ciertas cosas que también se pueden repetir en otras relaciones posteriores. No sabemos qué pasará.
La terapia de pareja es un viaje a través de la palabra, donde hay que comprar el billete y estar dispuesto a dejarse sorprender por las palabras venideras, por lo que se irá construyendo en el camino.

Separarse o seguir. Detrás de estas palabras, que es lo aparente, lo manifiesto, habrá que averiguar y producir, de qué o de quién se quiere uno separar. Tal vez de una forma de pensar, o de tendencias que impiden a la persona relacionarse en el amor y el deseo. Si se está en el verbo amar, siempre hay a quien amar. Habrá que ver en qué desvíos de la palabra está cada uno en qué formas de pensar. Hay formas de pensar que impiden amar.
El inconveniente de las crisis es la pereza, conformarse con lo que hay, no querer luchar por superarlo. Ahora es cuando puede aflorar lo mejor de cada uno. Sostenerse en los ideales no funciona. Mejor, comenzar a construir, que no es sin palabras.

La terapia de pareja ayuda a tomar las decisiones más adecuadas, establece una escucha de los procesos inconscientes de las personas, que se ponen en juego en las relaciones y que tiene que ver con el infantilismo, con conflictos con el deseo que se manifiestan a través de ciertas conductas, desavenencias, conflictos, sentimientos, manifestaciones en vosotros. Toda crisis necesita de un cambio. Es vuestra oportunidad. Comprar el billete te garantiza un apasionante viaje. Sólo después sabremos.



Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y terapeuta de parejas
www.lauralopezgarcia.com