LA LIBERTAD DE UNAS PALABRAS ENCADENADAS


QUIERO
Si miro al sol mis párpados corren las cortinas de la ilusión y comienzo a hilar la vida con la turba del silencio. No debo dejarme llevar por el calor de los días, por unas huellas ya pasadas que marcan un destino sin horizonte. Quiero gritar a la vida con alma de cienpiés que camina con repuesto, con patas de luz que no permitan que mi cuerpo caiga en la oscuridad del abismo. Quiero que mis labios se unan a otras bocas, que canten de entusiasmo y que se graben las canciones con un punzón en las maderas de las casas viejas pero libres de carcomas. A veces creo no tener remedio cuando mi piel se baña  con la ambrosía de los dioses y olvido que otros lloran y tiemblan de frío en las puertas del olimpo. Reconocer que soy un simple mortal que ha de arrancar las nubes con sus manos para beber de ese agua que hace funcionar los molinos del delirio del Quijote y poder transformarlos en un torrente de palabras.Trazar las líneas de mis manos para que puedan abrirse y cerrarse con los pliegues del trabajo. No dejarme caer en el almohadón de plumas de la pereza ni gobernar como un titán las brumas de mis miedos e inseguridades, saltar con una pértiga los obstáculos y aprender de las caídas, ayudar a otros a compartir los pasos de mis días con la generosidad del legado que tuve la suerte de que me encontrara. Beber de los vientos con alegría, a bocanadas de entusiasmo para que vuelen de mi cabeza los pájaros del hastío y de la intolerancia.
Cómo me gustaría transformar mi salto, que otros se beneficiaran de estos años de luz, caer en la humildad de una mano amiga, de unos compañeros que me ayuden con mis peldaños rotos y yo ofrecer mi espalda y el manto de mis letras para construir oportunidades en la vida de ellos y de tantos otros.
No esparcir las semillas del odio, de la envidia, de los celos, en el egoísmo de mi vientre hinchado por los pezones de la madre vida. No deslizarme en el fulgor de un amor solitario, que no es amor, sino el comienzo de la soledad del muerto y correr ¡correr! por el campo desnuda, liberando mis goces para que otras flores comiencen a versar sus frutos y a permitir que las abejas se posen para recoger su polen y sembrar el mundo.
Laura López

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