MAS ALLA DE LA MENOPAUSIA: DESEO, IDENTIDAD, CAMBIO
La menopausia forma parte del recorrido vital de todas las mujeres y no debe entenderse como una enfermedad. A pesar de ello, en la actualidad es frecuente que se aborde desde una mirada patológica, como si necesitara ser tratada. Conviene situarla como un proceso natural que no necesariamente conlleva malestar. En muchos casos, se asemeja a otras etapas del desarrollo, como la pubertad. Cada mujer la atraviesa de forma distinta, ya que influyen factores biológicos, psicológicos, sociales y la propia historia personal. Supone el fin de la capacidad reproductiva, pero no implica la desaparición del deseo ni de la capacidad de crear o desarrollarse.
Suele presentarse entre los 45 y 50 años, aunque puede adelantarse, en cuyo caso se habla de menopausia precoz. El periodo de transición, conocido como climaterio, conlleva cambios en el organismo: los ovarios dejan de ovular y disminuyen los niveles hormonales, especialmente los estrógenos. Esto puede favorecer ciertas variaciones físicas, como una mayor tendencia a ganar peso, aunque no ocurre en todos los casos. Mantener revisiones médicas y hábitos saludables sigue siendo fundamental. La salud no depende de intervenciones puntuales, sino del cuidado sostenido a lo largo del tiempo: alimentación equilibrada, actividad física y atención al bienestar emocional y salud psíquica.
Hasta hace no tanto, la menopausia se asociaba al final de la vida debido a la menor esperanza de vida. Hoy, sin embargo, la media es vivir varias décadas después de esta etapa, lo que la convierte en una fase relevante y extensa.
En la mujer pueden coexistir ciertas perspectivas morales y sociales que pueden llevar a que pueden llevar a cierta afectación. Algunas mujeres experimentan una sensación de pérdida de identidad, influida por creencias que han vinculado históricamente la feminidad con la maternidad. Sin embargo, ser mujer no se limita a la función reproductiva. Cuando esta cesa, puede surgir un proceso de revisión personal: del lugar que se ocupa en el mundo, del propio deseo, de la vida profesional, social y afectiva, su sexualidad. A veces, ciertas posiciones psíquicas se traducen en desvalorización o descuido personal, reflejando el peso de ciertos mandatos culturales interiorizados.
En muchos casos, la menopausia coincide con cambios familiares, como la independencia
de los hijos. Este proceso puede vivirse con tristeza si el rol maternal ha sido central, fenómeno conocido como “síndrome del nido vacío”. También puede influir la idea de no poder tener más hijos. Sin embargo, si se entiende que los hijos desarrollan su propio camino, no se trata de una pérdida sino de una evolución natural. Cuando aparecen estados depresivos, suelen estar relacionados con dificultades para elaborar estos cambios, identificación con lo perdido, a través de mecanismos psíquicos complejos, por lo que es aconsejable acudir a terapia psicoanalítica.
Existe además el mito de que el deseo sexual desaparece en esta etapa. No obstante, acontece lo contrario, dado que es libido dirigida a la reproducción se libera.. Los síntomas físicos, como los sofocos, no afectan a todas las mujeres y, cuando aparecen, suelen ser temporales y relativos también a la libido. Muchos de los obstáculos en esta etapa están más relacionados con prejuicios que con limitaciones reales.
El trabajo terapéutico puede ayudar a dar sentido a conflictos que a menudo permanecen inconscientes, permitiendo resignificar esta etapa y abrir nuevas posibilidades. Lejos de representar un cierre, la menopausia puede ser un momento de crecimiento. En ocasiones entran en juego sentimientos de culpa, normas sociales o expectativas internas, por lo que resulta importante generar espacios donde la mujer pueda expresarse sin juicio y reconectar con sus propios deseos.
Los cambios vitales suelen generar incertidumbre. Puede aparecer la sensación de estar ante un final, cuando en realidad se trata del comienzo de una etapa distinta a veces difícil de representar. La menopausia puede dar lugar a nuevos proyectos, intereses y formas de vivir.
Comprender este proceso desde una mirada amplia permite transitarlo como una transformación y no como una pérdida. La vida no se detiene, se redefine. Superar prejuicios y apoyarse en el conococimiento científico facilita salir de ideas limitantes. Esta etapa también ofrece la oportunidad de desplegar nuevas facetas, mantener ilusiones y construir otras nuevas. El deseo no desaparece: se transforma y sigue siendo un motor fundamental. La menopausia también es sinónimo de vitalidad, goce y plenitud si se trabaja para ello.
Laura López
Psicóloga-Psicoanalista



Comentarios
Publicar un comentario