EL INSOMNIO COMO EXPRESIÓN DEL DESEO. EL TEMOR A SOÑAR

 



La Organización Mundial de la Salud describe el insomnio como la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o la percepción de que este no resulta reparador. Esta situación provoca un malestar relevante y afecta al funcionamiento cotidiano, tanto en el ámbito personal como laboral. Entre sus manifestaciones más frecuentes se encuentran el cansancio persistente, la falta de concentración, la irritabilidad o la somnolencia diurna. Asimismo, puede incrementar el riesgo de problemas cardiovasculares, accidentes y deterioro cognitivo. Se trata de un fenómeno ampliamente extendido a nivel global, llegando a afectar a cerca del 40% de la población.

Se puede diferenciar entre un insomnio transitorio, que dura menos de un mes y afecta aproximadamente al 15–20% de los adultos, y un insomnio crónico, que se prolonga más allá de ese periodo y alcanza a un 6–10% de la población.

Existen recomendaciones conocidas para favorecer el descanso: establecer horarios regulares, cuidar las condiciones del dormitorio (silencio, ventilación, temperatura adecuada), evitar sustancias estimulantes como la cafeína, el alcohol o la nicotina, reducir el uso de pantallas antes de dormir o limitar las siestas prolongadas. También influyen factores como el estrés, los cambios vitales o las preocupaciones. Sin embargo, estos elementos por sí solos no explican completamente el problema. El insomnio no puede entenderse únicamente desde los hábitos: hay una dimensión psíquica profunda implicada. Cuando se reduce todo a rutinas de sueño, existe el riesgo de convertir el descanso en una obsesión, organizando la vida alrededor de ello.

Muchas personas recurren a fármacos hipnóticos y sedantes para dormir, pero estos actúan sobre el síntoma sin abordar el origen, pudiendo generar dependencia o perder eficacia con el tiempo.

Dormir es un proceso tanto biológico como psicológico esencial para el equilibrio del sistema nervioso. Sigmund Freud planteó que los sueños cumplen la función de proteger el descanso y que su contenido está ligado a deseos inconscientes. La mente no se detiene durante la noche: el inconsciente continúa activo, expresándose a través de los sueños. Estos funcionan como una vía de descarga, donde se representan tensiones, conflictos o deseos no satisfechos, muchas veces de forma disfrazada.

Soñar es necesario. Permite tramitar aquello que, de otro modo, generaría inquietud. Podría decirse que dormimos porque soñamos, aunque después olvidemos esos contenidos debido a la censura psíquica. Desde esta perspectiva, el insomnio puede entenderse como un síntoma vinculado al deseo, una dificultad en la gestión interna de los propios conflictos. Algo que no logra expresarse en palabras se manifiesta a través de la imposibilidad de dormir.

En algunos casos, de manera inconsciente, la persona evita el sueño para no enfrentarse a esos contenidos. Así, el insomnio actúa como una defensa frente a lo que resulta difícil de asumir.

Es normal que, ante situaciones puntuales como un viaje, un examen o una entrevista, aparezcan dificultades para dormir. Sin embargo, cuando este problema se vuelve persistente, conviene prestarle atención. Muchas personas ni siquiera son conscientes de que padecen insomnio.

El psiquismo humano está atravesado por conflictos y contradicciones. Existe una parte inconsciente donde se alojan deseos reprimidos, aspectos que resultan incómodos o inaceptables. Durante el descanso, al disminuir la censura, esos deseos aparecen, el sueño transforma esos contenidos, los disfraza. el control consciente, emergen sin ciertos deseos. Algunas personas con insomnio han expresado que, en sus inicios, evitaban dormir, motivados por el temor a lo que pudiera aparecer en los sueños.

No se trata tanto de miedo a soñar, sino de miedo a uno mismo: a la incertidumbre, a los propios impulsos, a los cambios internos. En las personas coexisten emociones contradictorias como amor y rechazo, culpa, agresividad, deseos de transformación que cuestionan quienes somos o conflictos internos, juicio interior... Una alta autoexigencia o necesidad de control suelen mantener un estado de alerta constante que dificulta el descanso, ya que dormir también es entregarse a ese mundo interior.

El insomnio puede relacionarse con estados como la depresión o la angustia. En la depresión, por ejemplo, existe una dificultad para desconectar de lo externo, quedando la persona fijada a la pérdida, hay una imposibilidad de movilizar su libido, se está identificado con lo perdido. Por otro lado, el suelño también se relaciona con la angustia. No se puede controlar todo, hay intolerancia a la incertidumbre, miedo a no despertar, sobresaltos, a veces pesadillas o hipersensibilidad.

En situaciones traumáticas, el insomnio puede aparecer cuando la experiencia no ha sido elaborada psíquicamente. Los recuerdos del trauma se repiten en los sueños, sin estar aún ligados a palabras o significados. En estos casos, el trabajo terapéutico permite dar forma a esas vivencias, facilitando su integración.

El psicoanálisis ofrece un espacio para explorar estos conflictos, comprender las contradicciones internas y transformar la relación con uno mismo. A medida que la persona puede expresar y elaborar lo que le ocurre, su energía psíquica encuentra otras vías de canalización, y el descanso mejora.

En definitiva, el insomnio no es solo un problema de dormir o no dormir. Es una señal de que algo ocurre en el interior. Comprenderlo implica ir más allá del síntoma, abordar los conflictos subyacentes y permitir una transformación que favorezca un mayor bienestar. El beneficio secundario es que el sueño mejora, se puede elaborar la gestión psiquica de otra manera.



Laura López Psicóloga-Psicoanalista

www.lauralopezgarcia.com

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