MIENTRAS LA SUERTE SONRÍE SU CONCIENCIA MORAL CONCEDE GRANDES LIBERTADES AL YO, PERO CUANDO LA DESGRACIA GOLPEA, ELEVA LAS EXIGENCIAS DE SU CONCIENCIA MORAL, IMPONE PRIVACIONES Y SE CASTIGA CON PENITENCIAS
La adversidad, es decir, la frustración exterior, intensifica enormemente el poderio de la conciencia en el superyo. Mientras la suerte sonríe al hombre, su conciencia moral es indulgente y concede grandes libertades al yo; en cambio, cuando la desgracia le golpea, hace examen de conciencia, reconoce sus pecados, eleva las exigencias de su conciencia moral, se impone privaciones y se castiga con penitencias. Mark Twain trata en un sabroso cuento breve "La primera sandía que jamás robé", este reforzamiento de la moral por la adversidad. El azar quiso que esa primera sandía estuviera verde. Tuve ocasión de oír exponer este cuento al propio Mark Twain, quien después de haber pronunciado el título se interrumpió, preguntándose cual si dudara: "¿Habrá sido la primera?"Con lo que todo quedaba dicho. La primera sandía no había sido, pues, la única."
Sigmund Freud. El malestar en la cultura 1929-30
LA PRIMERA SANDÍA QUE JAMÁS ROBÉ, de MARK TWAIN
Les voy a leer una declaración escrita sobre el tema que escribí hace tres años para leerla en las escuelas dominicales. [Aquí el conferenciante se revisó los bolsillos, pero sin éxito.] ¡No! La dejé en casa. Aun así, era solo una declaración de hechos, ilustrando el valor de la moral práctica producida por la comisión de un crimen.
Era, en mi niñez, solo una declaración de hechos; leerlo es solo más formal, simplemente hechos, simplemente hechos patéticos, que puedo contar para que se entiendan. Se refiere a la primera vez que robé una sandía; o sea, creo que fue la primera vez; de todas maneras, fue por ahí nomás.
La robé de la camioneta de un granjero mientras atendía a otro cliente. "Robé" es un término duro. Yo retiré—me apropié de esa sandía. La llevé a un rincón apartado de un aserradero. La abrí. Estaba verde—la sandía más verde que se cultivó en el valle ese año.
En el minuto en que vi que estaba verde, me arrepentí y empecé a reflexionar—la reflexión es el comienzo de la reforma. Si no reflexionas cuando cometes un crimen, entonces ese crimen no sirve de nada; bien podría haberlo cometido alguien más: Debes reflexionar o se pierde el valor; no estás vacunado contra volver a cometerlo.
Empecé a reflexionar. Me dije: "¿Qué debería hacer un chico que ha robado una sandía verde? ¿Qué haría George Washington, el padre de su patria, el único estadounidense que no podía decir una mentira? ¿Qué haría él? Solo hay una cosa correcta, elevada, noble que cualquier chico puede hacer que ha robado una sandía de esa clase: debe hacer restitución; debe devolver esa propiedad robada a su legítimo dueño." Dije que lo haría cuando tomé esa buena resolución. Sentí que era una obligación noble y edificante. Me levanté espiritualmente más fuerte y renovado. Llevé esa sandía de vuelta—lo que quedaba de ella—y se la devolví al granjero, y lo obligué a darme una madura en su lugar.
Ahora ven que este impacto constante del crimen sobre el crimen te protege contra la comisión de más crímenes. Te fortalece. Un hombre no puede volverse moralmente perfecto robando una o mil sandías verdes, pero de a poquito se ayuda.


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