LA HIPOCONDRÍA DESDE EL PSICOANÁLISIS: CUERPO, DESEO, ANGUSTIA
Vivir,
no
es,
eso
que usted tanto defiende.
Eso,
que
usted argumenta con tanta pasión,
que
no se lo permiten,
eso,
eso
es morir.
Vivir,
es
siempre,
una
pasión contra uno mismo.
Un
levantarse todas las mañanas,
terco,
empecinado,
voluptuoso,
contra
el día anterior.
Contra
mi propia manera de ser,
contra
mi famosa personalidad,
mis
ritos.
Vivir,
os
digo,
una
flor que se abre,
cada
mañana,
diferente.
Todos algunas vez en nuestras vidas hemos interpretado de manera engrandecida un pequeño síntoma, o hemos tenido cierta preocupación por la salud. Pero en la hipocondría toda la vida del paciente va a girar en torno a ello. Hay una excesiva preocupación por el estado de su propia salud. El miedo a la enfermedad, a la muerte, acechan de forma insistente, de manera que la vida del paciente hipocondríaco queda capturada en el deambular médico. El temor a estar enfermo y la seguridad de padecer una enfermedad orgánica eclipsan su vida, llegar a limitar enormemente el día a día de la persona.
Pero ¿es un miedo a la enfermedad, a la muerte, o a entregarse a la vida? ¿A desprenderse de algo que no quiere perder, tal vez a la separación primera, a algún ideal, o a sí mismo/a , transformarse, a ser sujeto del goce, mortal?
Vive el paciente hipondríaco/a angustiado, convencido/a de que padece una enfermedad orgánica. Sus sensaciones físicas son un fiel reflejo de lo que describiría un paciente con esa misma afección orgánica. En ocasiones es muy difícil para el médico distinguir al enfermo hipocondríaco del orgánico, pues el relato de los síntomas y quejas es muy similar. Pero en el paciente con enfermedad orgánica, las sensaciones dolorosas se basan en alteraciones somáticas comprobables, y en la hipocondría no, todo aparece como normal. El paciente con hipocondría sólo se calma momentáneamente ante la aseveración de que las pruebas no confirman ningún diagnóstico de una enfermedad orgánica, luego vuelve a su angustia habitual. Piensa que el facultativo se ha equivocado, que no ha hecho un diagnóstico adecuado, que las pruebas han sido incorrectas o no adecuadas a su problemática, o que, simplemente, no son capaces de detectar lo que verdaderamente les pasa. Por ello, en muchas ocasiones, suele tener una relación hostil con la figura del médico. No hay alivio para la persona hipocondríaca, no hay nada que le convenza.
Puede llegar a ser un trastorno muy incomprendido y a veces son pacientes muy maltratados, derivados de un especialista a otro. No es que “no tengan nada”. La hipocondría es una enfermedad de por sí. Es psíquica, no orgánica. No es un simulador/a, tiene un nivel de angustia desesperante. El nivel de gasto de energía psíquica es el mismo que el de una enfermedad orgánica. Pero una enfermedad orgánica está en otro nivel socialmente, como si lo psíquico no fuese nada, como si “se lo inventara”, o que por ser psíquico, “no es real”.
Se puede llegar a pensar que la hipocondría tiene que ver con el exceso de información, pero la realidad exterior no justifica este padecimiento. Más bien hace uso de informaciones para “alimentar” fantasías relacionadas con una enfermedad. Es muy frecuente que busquen en internet, en tratados médicos, estableciendo sus propios diagnósticos.
¿Está relacionado con la herencia, con la familia? Podemos decir que en las relaciones intersubjetivas, en la posición psíquica en la relación con el cuerpo y con el cuerpo familiar, va a haber una transmisión de ciertos aspectos.
Luis, de cincuenta y tres años de edad, lleva años visitando consultas de diferentes especialistas, centros médicos, realizándose pruebas, tanto analíticas, como encefalogramas, TAC... Está convencido de que está gravemente enfermo, que algo le pasa. Ahora le duele, el pecho, el lado izquierdo, y recuerda que hace un mes le contaron cómo un amigo que estaba bien, de pronto se murió porque tenía una afección en el corazón y nadie lo sabía. Dice “quedarse más tranquilo” si le hacen pruebas. Interpreta cualquier síntoma leve como si fuera muy grave. Piensan lo peor, siempre van a ser enfermedades mortales, no leves. Si padece de una cefalea, ya piensa en un tumor cerebral. Una mancha en la piel es sinónimo de cáncer. Una tos pertinaz, una enfermedad grave de pulmón.
Pero ¿Qué acontece realmente en esta estructura hipocondríaca? ¿Qué manifiestan sus síntomas? ¿Qué significación está en juego en la persona?
Debemos tener en cuenta que el psicoanálisis nos viene a mostrar nuestro funcionamiento psíquico. Hay una realidad psíquica inconsciente que sobredetermina, dirige nuestro vivir y que da cuenta que somos un otro de nosotros mismos, hay una doble alteridad en cada uno de nosotros y que no somos sin otros. Lo psíquico no es la conciencia, la conciencia es un órgano de percepción. Los lapsus, los sueños, los olvidos, los síntomas, los chistes...son formaciones del inconsciente, que tienen un pleno sentido, una significación en cada persona, relacionada con nuestros deseos inconscientes reprimidos, eso que soy pero desconozco ser. Por eso que desde la lógica, la razón, hay un desconocimiento de la complejidad psíquica y del funcionamiento del suceder psíquico.
Para el Psicoanálisis no hay ninguna enfermedad que esté fuera de la estructura del lenguaje. Hablamos de estructuras, de posiciones psíquicas que, por tanto, son modificables. La salud es un trabajo, un trabajo posible con Psicoanálisis, donde los procesos de la enfermedad hablan de la persona. No cualquier persona enferma de cualquier cosa. Tenemos que tener en cuenta que la enfermedad está en relación con la incapacidad de gestión del yo con sus deseos, su moral y la relación con el mundo, con la realidad. El cuerpo hace de escenario de lo psíquico. Los mecanismos psíquicos son los mismos en todas las personas, tanto sanas como enfermas, es una cuestión de cantidad. El mecanismo de un delirio es el mismo que el de un sueño, por ejemplo. Son posiciones modificables, insistimos. En la relación con nosotros mismos y los demás pueden haber fijaciones, regresiones a modos de reaccionar, de “solucionar”, de un yo más inmaduro, que muestra la dificultad de gestión en la actualidad.
Una misma frase, un mismo síntoma, expresa cuestiones diferentes en personas distintas, dependiendo de su estructura psíquica. Es en el discurso del paciente, en lo que dice, en lo que las palabras dicen entre sí, se va a poner en relación la verdad del sujeto. Es con la escucha psicoanalítica, con las interpretaciones, en la transferencia, en lo que el paciente va discurriendo en asociación libre, que se van a poner en juego muchos elementos escuchados desde la teoría, que hablan de la relación con su deseo, cómo despliega la pulsión vida y la pulsión muerte, la sexualidad... Un humano no nace, se hace. Es toda una complejidad. Un psicoanalista es un profesional de la salud muy especializado, con una formación continua y psicoanálisis personal, supervisiones, grupos de estudio, enmarcado dentro de una escuela de profesionales.
El término de hipocondría se usa muchas veces para expresar otras realidades que no adolecen de la misma estructura. Es como un saco roto donde se yuxtaponen otras posiciones relacionadas más con las neurosis histéricas (fobias) y las obsesiones, por ejemplo. En la neurosis obsesiva aparece un temor por la salud, pero no la propia, sino la de una persona cercana, un familiar. La hipocondría es siempre un miedo relacionado con la propia salud. También pueden aparecer neurosis mixtas. Diferentes miedos pueden hablar de una neurosis de angustia, que toman cualquier representación, algo temido (incluido la salud) para expresarse. El miedo a la enfermedad, el miedo a la muerte, es como un miedo a vivir, a entregarse A veces lo que se llama hipocondría es una posición utilizada como arma para mantener el deseo a raya, una represión de la sexualidad, del encuentro con el otro. El diagnóstico en Psicoanálisis, no es hasta después. En el transcurso del tratamiento el paciente podrá ir transformando su estructura. Sólo después sabremos.
En la enfermedad orgánica y en la psicosomática hay lesión de órgano, pero en la psicosomática cursa con brotes de reagudización y remisiones y en la orgánica es permanente. En la neurosis actual (donde está incluida la hipocondría) no se produce lesión orgánica. Por ejemplo en la hipocondría puede aparecer taquicardia, pero no por ello va a tener lesiones estructurales del músculo cardíaco. En el psicosomático se dan con frecuencia antecedentes de neurosis actual. Si no se trata la neurosis actual, una de las posibilidades es desarrollar una enfermedad psicosomática, generalmente en el mismo órgano diana.
La hipocondría está clasificada dentro de lo que se denominan neurosis actuales, junto con la neurastenia y la neurosis de angustia, y se refieren a la sexualidad actual del sujeto. El otro grupo de neurosis, son las neurosis de transferencia, que incluyen la fobia, la histeria de conversión y la neurosis obsesiva, más relacionada con la sexualidad infantil.
Tenemos que tener en cuenta que el concepto de sexualidad es más amplio en Psicoanálisis que el habitualmente conocido como genitalidad. Sexualidad incluye lo genital, pero también sexual es hablar, pintar, cantar, amar, trabajar...es todo lo atravesado por la palabra. Lo genital está incluido, pero es sólo una esfera, una más de las manifestaciones de la relación consigo mismo y los demás. Habla de la posición de la persona frente a su relación con los significantes padre, madre, hombre, mujer, su relación con el mundo, con los otros.
En la hipocondría se manifiesta una alteración en su sexualidad actual, como una inadecuación de la satisfacción sexual. Está relacionada con el narcisismo, donde la libido (energía psíquica) ha sido desligada de los objetos, apartada de la realidad y vuelta hacia el yo del sujeto, hacia el órgano. Cuando toda la libido está puesta en el yo, sin otros, enferma, pero toda la libido puesta en el objeto también enferma. Un intenso egoísmo (libido del yo) protege e la enfermedad, pero al fin y al cabo es necesario comenzar a amar (libido objetal) para no enfermar, y enfermamos en cuanto una frustración nos impide amar. En la hipocondría la energía está puesta en el yo, toda su atención en sí mismo. Tiene un goce autoerótico, muy primitivo de la constitución psíquica. Relacionado también con la capacidad de gozar y de sustituir, lo normal es que la libido tenga una movilidad, que pueda partir del yo, rodear el objeto y volver al yo. Con esto no estamos indicando que haya una posición hipocondríaca cien por cien en el sujeto todo el tiempo.
Cuando uno enferma toda su energía está puesta en la enfermedad y eso visto desde fuera resulta cómico, lo único que le importa es eso. Como el que tiene un dolor de muelas. Es egoísta el padecimiento, la energía se pone en la curación, es un sujeto privado de la cadena humana, del trabajo social, del amor, no se entrega. Hay extremos también en este continuo, en cada persona hay diferencias.
En la hipocondría hay una cuestión moral, un temor a enfermar como consecuencia de haber practicado la masturbación. Es como el castigo por una “conducta indigna”. De esto todos conocemos dichos populares donde se relaciona la masturbación con ciertas afecciones.
La hipocondría procesa por la vía somática, como si hubiera una separación entre lo somático y lo psíquico. Hay un conflicto psíquico en su relación con la mortalidad y la sexualidad, con la simbolización de lo psíquico, la elaboración por vía de la palabra. Tiene que ver con la libido del yo. La relación con su cuerpo interrumpe la relación con la realidad. Lo elabora todo a través del cuerpo, no tiene capacidad de elaborarlo psíquicamente. El miedo a la muerte es, por ejemplo, como un delirio de inmortalidad. La hipocondría y otras patologías como la psicosis, son patologías que tienen que ver con la libido del yo. De manera inconsciente la muerte es incierta siempre, es como si fueran inmortales. Parece que han ido a la muerte y han vuelto. No toleran posicionarse como un ser mortal, gozante. Se pasan la vida tratando de esquivar la posibilidad de la muerte. Es como si estuviera en ese borde del órgano. No soporta el enigma de la sexualidad y la mortalidad. El paciente está cobijado en sus órganos, frente a las variables de una vida, y por eso prefiere pensar que la muerte es lo incierto, lo variable, en lugar de aceptar que es la vida a lo que teme, y que de la muerte nada sabe . Es como un rechazo a la mortalidad.
Padece del cuerpo para no padecer del lenguaje. El paciente, preso de sus órganos no acepta la libertad del lenguaje, del goce. Sólo el que es mortal goza.
El psicoanálisis trabaja esa encrucijada humana, que no tiene que ver con el pasado, con la infancia, es cada vez en el sujeto, frente a las decisiones, frente al mundo, frente a otros. El psicoanálisis permite la movilización de la energía psíquica, la libido, el descentramiento de su yo. Hay un estancamiento de la libido en el yo. La concentra en el órgano que le ocupa. Su vida está dedicada al cuerpo, son sometidos a muchas pruebas, están constantemente pendientes a la respiración, a cómo van al baño, a todas las sensaciones corporales.
Se trata de transformar en el proceso psicoanalítico esa estructura psíquica. Es modificable, todo en el ser humano está sujeto a transformación, a desarrollo. Lo psíquico está en las palabras y en el seno de la relación psicoanalítica se va a poder jugar un ser mortal, sujeto del deseo, en la construcción de las diferencias,. Un proceso apasionante el psicoanalítico, de autoconocimiento y autotransformación, donde hablar no es sólo hablar, es construir un ser humano, un ser que no necesita de la enfermedad para hablar, para jugarse en el vivir. Como dice el poeta, Psicoanalista, Miguel Oscar Menassa, “morir por el camino más largo, la vida”.
A
veces,
siento
mi cuerpo despedazado y loco,
un
cuerpo sin razón,
sin
límites precisos.
En
esos instantes,
amo
todos los cuerpos.
En
esos instantes,
mejor
es dejarse llevar,
ir
olvidándose de todo.
Miguel Oscar Menassa
Laura López, Psicóloga- Psicoanalista
en formación con Grupo Cero
www.lauralopezgarcia.com





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