LA CUARTA PARED

 




      Hace poco me hablaron de “La ópera de los tres centavos”, una obra teatral escrita por Beltort Brecht y musicalizada por Kurt Weill. Ambientada en el Londres victoriano, refleja la convulsa y desesperanzada sociedad de la república de Weimar de la Alemania de los años veinte, amenazada por el fracaso económico y el auge de las desigualdades. En ella, se formula una pregunta, entre otras muchas: ¿Quién es un criminal mayor? ¿El que roba o banco o el que funda uno? Vivimos en tiempos sombríos, donde la vida y la dignidad humana cada vez valen menos hasta que la voz del pueblo grita, como dice el poeta. La gente trabajadora cada vez más ahogada, se encuentra con que derechos fundamentales como la vivienda, la sanidad, la educación van segándose con la guadaña de un capitalismo salvaje, de grandes desigualdades, en un escenario de envilecimiento y depredación. 


    La sociedad se va convirtiendo en un escenario de papel-cartón, donde asistimos a una historia de sobornos, dobles ultrajes, giros repentinos tragicómicos, donde las maldades desfilan y las injusticias. “Que no se castiguen las maldades demasiado duramente pues la vida ya es bastante dura” aparece en la obra de teatro. Un giro drástico y ridículo. El funcionamiento del libre mercado y las grandes empresas no difieren de las mafias y los bajos fondos. Después se lavan las manos y les dan un título, una palmada en la espalda y se derrumba un hospital, la antesala de un quirófano, en las escuelas tienen que soportar temperaturas extremas, o una señora mayor que ha trabajado durante toda su vida, pagado sus impuestos y ahora el brazo armado de la ley la saca en volandas de su casa, de sus recuerdos, de su presente y su futuro, de su vecindario, de su dignidad... En algo estamos fallando ¿qué mundo vamos a dejar a los que vienen después? Las leyes se hacen por quienes tienen el poder para someter al pueblo a una vida de sacrificios Meten el dedo en el ojo, en las llagas de la historia, pero la voz del pueblo se está alzando. Los buitres revolotean cuando detectan corrientes térmicas de aire ascendente para planear sin gastar energía o cuando localizan un cadáver del cual alimentarse. No dejemos que planeen sin gastar energía, ¡estamos vivos! 


   “Primero va el comer, luego la moral” Beltolt Brecht utiliza en la obra el efecto de distanciamiento, para que no nos identifiquemos ciegamente con los personajes, y adoptemos una postura crítica, analítica y reflexiva ante al historia. Citemos las acciones que aparecen, no dejemos el foco iluminando, demos cuenta de que estamos rodeados de otras personas. • Cambian de escenarios pero el papel es el mismo, la misma trama, no nos engañemos. La melodía es alegre frente a una historia cruel, donde el altruismo suena en el violín del ridículo. Se elimina el suspense de lo que va a pasar. Tendremos que preguntarnos cómo y por qué pasa. Rompamos la cuarta pared. No caigamos en una fantasía que estamos espiando una vida privada a través de una ventana invisible. Mañana puedes ser tú, yo, nosotros... Cuarta Pared Cuántas veces temblamos frente a un te quiero. Ahora ¿no queremos? Es marchita la estepa, alcémonos en ella como lirios y gramíneas no caminemos sin memoria en el desierto frente a tumbas vacías sin canción del huérfano. No dejemos la vida volar con sus calles mojadas y sus asientos. Vientre materno y padre, grita en la hora oscura cuando las voces se alzan hay más luz. Alcemos la voz, amemos, al que no le queda, acuarela de piel, cada redoble tuyo es un te quiero. 


 Laura López


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