viernes, 13 de septiembre de 2019

LA ANGUSTIA SUCEDE POR CONFLICTOS PSÍQUICOS. HAY DESEOS QUE SON VIVIDOS COMO PELIGROS



     Cuando se siente angustia, es porque se está implicado. La angustia es estructural, en el sentido que viene a protegernos de un peligro. Decimos que es angustia de castración y esto quiere decir que ante cualquier situación de cambio, frente a los otros, frente a nuestros deseos,  somos ese niño incapaz y que atribuye que el otro lo puede todo.
            Hay deseos que acontecen en todos y que tienen que ver con nuestras tendencias egoístas, amor, deseos irrealizables, hostilidad, celos, envidias... que pulsan por manifestarse. Es nuestra fuente de energía psíquica, que necesitan de una transformación para que puedan encauzarse hacia otros fines. En la angustia hay deseos reprimidos intolerables que a través de los síntomas se realizan de forma disfrazada. Es la solución a una situación interna. El peligro real corresponde a algo exterior y el peligro neurótico o angustia son a las exigencias de instintos que parten del interior. 
            Hay quien queda detenido, se inmoviliza, ante la incertidumbre, la angustia, y cae en los brazos del sopor, de las inhibiciones, y quien es tolerante con sus deseos y sigue entregándose a la vida, a las palabras. La vida es incertidumbre.
            En este punto, es necesario distinguir la ansiedad de la angustia. La ansiedad es más psíquica, tiene que ver con la anticipación, con ese querer controlar todo, preocupación excesiva permanente, querer saber antes de hacer nada, perfeccionistas, visión pesimista del futuro, siempre apresurados, inquietos, creyéndose incapaces... En la persona con ansiedad hay una prisa, querer concluir rápidamente o no iniciar cualquier actividad para evitar la angustia ¿pero eso es vivir, no implicarse en la vida sin experimentar un mínimo de zozobra? Entonces es como si fuéramos bebés ante la imposibilidad de un mundo que nos sobrepasa.
             Lo que ocurre es cómo se resuelven  situaciones internas. Hay quien queda detenido y cae en los brazos de la angustia y quien continúa, tolerando que hay deseos en mí que rechazo y que no sé gestionar. O seguimos haciendo y nos ponemos del lado del deseo o caemos inmovilizados.  Eliminamos la categoría de trabajo, atribuyendo al otro una completud, como si ya se viniera hecho y “yo no tengo” o ·”no puedo”.
            Cuando afecta en el cuerpo ya hablamos de angustia:  taquicardia, sudoraciones, vértigos, cefaleas, insomnio, ahogos, opresión en el pecho, dolor de estómago, diarreas, sensación de perder el control o volverse loco,  puede haber trastornos sexuales como la eyaculación precoz...
Ciertas prácticas sexuales como el coito interrumpido generan  también angustia.
Nuestro cuerpo biológico está articulado con el psíquico, que se rige por las leyes del lenguaje. A veces metáforas, metonimias del deseo que, en  elaboraciones complejas, se escenifican en el cuerpo. En todos nosotros hay amor, odio, deseos, envidias, celos... y dependiendo cómo me relacione con ellos, así gestionaré ese impacto con ese otro de mí que soy pero que desconozco ser . Vivimos entre palabras, lo que no puedo nombrar no existe o hace mella en mi cuerpo, encapsulado.
     A veces el abuso de sustancias es para calmar la angustia.
Hay tratamientos que se utilizan habitualmente como el uso de fármacos, que se convierten en una droga más, donde hay una sedación y  no se trata el conflicto, sino que es un tratamiento sintomático.
            Hay que tratar el conflicto psíquico que produce la ansiedad , ayudar a elaborar la incertidumbre y aprender a gestionar las propias emociones, que no es sin la escucha del Psicoanalista, que sabe que ese síntoma es la producción de un trabajo para manifestar un deseo disfrazado, como en los sueños, una satisfacción sustitutiva. Poner en palabras, aprender a hablar de nuestros conflictos en lugar de escenificarlos en el cuerpo.
             Dejarse llevar no es entregarse a ese otro de mí que temo, porque pensar y desear no es hacer, y hay un solapamiento de los niveles del pensamiento y de la acción.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

lunes, 9 de septiembre de 2019

NO CONFIAR TAMBIÉN TIENE QUE VER CON EL NARCISISMO


        La confianza está relacionada con esa seguridad en uno mismo y en los otros que conlleva poder utilizar la energía psíquica para desplegarla en la realidad. Es tan importante, que sin confianza no hay desarrollo.
            Cuando el niño nace no es sino entregando su vida a los otros, a las funciones que le cuidan, que va conformando su yo y renunciando a sus instintos para que le amen y, posteriormente construir una amor más social.
            En ocasiones, las personas quedan muy aferradas a esos ideales de la infancia, desde donde parte el ideal del yo. Los ideales son ideales, no son para cumplirlos, y se puede caer en una exigencia que, al fin y al cabo llevan a la inacción, al bloqueo. El ser humano no abandona gustoso posiciones anteriores y le cuesta renunciar a la perfección de la niñez, en el cual él era su propio ideal.  La producción de un ideal eleva las exigencias del yo y favorece más que nada la represión.  Es como quedarse más en los pensamientos, en la fantasía, y no trabajar para conseguir los logros. Se evoluciona, se puede transformar la realidad, cuando se retira la energía psíquica del yo y queda libre para ello.
            El aumento de confianza está relacionado con todo lo que la persona logra o consigue, pero si se aferra solamente a lo ideal y niega los pasos que ha realizado, cae en esa falta de confianza.
            El amor también es un fuente de confianza en uno mismo. No ser amado lleva a una disminución de ese amor propio y serlo lo aumenta. Pero, en los procesos de enamoramiento, vemos que la persona se pierde en el otro, pierde su yo, identificándose a la otra persona, haciendo mella en su amor propio. En el enamoramiento hay ha un ideal que posee las perfecciones que él o ella no puede alcanzar.
             En los procesos melancólicos, también hay una falta de autoestima. Se pierde un ideal, a una persona, y acaba menospreciándose, por el proceso de identificación. La sombra de lo perdido cae sobre el yo.
            Con todo esto podríamos llegar a pensar que la desconfianza en los demás no es más que un reflejo de la propia desconfianza, que se proyecta en los otros. Nuestros sentidos nos engañan y lo que digo que no confío en el otro, puede ser por cuestiones conmigo mismo, con mi deseo, que las proyecto.   
            No estamos hablando aquí de una confianza en la que llego a un acuerdo con el otro y me falla. Esto habría que pensarlo, porque tal vez también se trata de pactos ideales, donde hay una imposibilidad de consecución y donde tiene que haber una lectura psicoanalítica.  Es como si estuviéramos viendo un cuadro impresionista  donde solo hay puntitos si estamos cerca. Si tomamos distancia con otra mirada, veremos otra composición pictórica.
Muchas frases de que no confío en tal persona, tal otra, tienen más que ver con proyecciones de uno mismo, es decir, con deseos propios por ejemplo de infidelidad, de hostilidad, de envidia...que desplazo en el otro, siendo así cegada mi conciencia y culpando en algo externo algo que acontece en mí de manera reprimida.  Tiene que ver con nuestra realidad psíquica, la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestros deseos que generan lo que nos pasa. Si una y otra vez ocurre una historia de traiciones, puede estar relacionado con la culpa inconsciente, donde se dirigen los pasos para buscar castigo.
Además, muchas veces, se confunde la confianza con entregar la vida al otro y ahí, nos traiciona. Hay que hacer lo conveniente, establecer también unos límites.
Si hay una falta de confianza, de amor propio, no es suficiente con darte ánimos, hay resistencias a los cambios, una tensión psíquica.
La no confianza también tiene que que ver con el narcisismo, con la imposibilidad de generar pactos y relaciones con los otros. En ocasiones, necesitamos de otras palabras, otras compañías, porque muchos propósitos se quedan en fantasías. Si no se construye esa compañía necesaria, habrá que pensar que hay contradicciones en uno mismo. El deseo se muestra cuando pasa, ahí sabemos que hubo y en lo que nos pasa algún deseo inconsciente se cumple.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55

LOS LÍMITES ¿SABER DECIR NO?



 Los límites son muy necesarios para el desarrollo de las personas. Aporta seguridad, alienta a dirigir los pasos hacia la transformación de la realidad, esto es, el trabajo. Así, se puede modificar, hacer un trabajo sobre ella, para que sea más satisfactoria y más conveniente para la vida humana.
            Si no existieran límites, seríamos como un abrazo mortal. El no, nos civiliza. La función Padre, la Ley, tiene que ver con el no, con la prohibición, porque todo no se puede.
  La libertad era máxima en épocas anteriores a la producción de la civilización, pero vemos cuán peligrosa era la vida entonces y qué poco valor tenía la misma. Los límites y los pactos son necesarios para  civilizar las pasiones y las pulsiones humanas.
            El niño (con niño también nos referimos a niña) hacía con su madre una sola célula y, en la entrada del tercero, puede forjar su yo, en el establecimiento de los límites entre la función madre y él. A través de complejos procesos psíquicos va forjando una identidad y estableciendo interiormente en él esas funciones necesarias para ser un sujeto de la civilización (la función madre, padre, hombre y mujer). El niño renuncia a sus instintos y pasiones y a su realización inmediata, con tal de no perder ese amor de sus progenitores, tan necesarios para vivir y no quedarse desamparado.
            Con todo esto ¿qué podríamos pensar de no poner límites en las relaciones?
            Las relaciones se van forjando a través de las conversaciones, del respeto, de la tolerancia... El no establecer límites adecuados con otras personas, puede estar hablando de una posición infantil, en la que aún no se ha instalado de manera adecuada la ley interior.
            Esa ley interior es la heredera del Complejo de Edipo, ese pasaje humano, y de cómo se instauran en mí los límites.  Nos permite discernir lo que está bien de lo que está mal.  Si se generan situaciones, posiciones, donde se entra en este dilema, donde está en juego la ausencia de límite, puede estar hablando de la necesidad de ser amados. Los límites siempre están relacionados con la posición psíquica ante la Ley, ante el Nombre del Padre.
            Hay muchos factores en juego, en cada persona se va a jugar de una manera diferente esta posición de ausencia de límites, porque es importante indicar que, aunque una situación nos parezca dañina, o intolerable para una parte de nosotros, hay algo que se satisface en eso que se mantiene. Aunque lo rechacemos enérgicamente.  Decir no saber decir que no, es caer en una ingenuidad, en una ceguera de querer negar de qué manera estamos implicados.
            Hay prioridades, tu vida no es tuya solamente, hay otras muchas personas que se sostienen en lazos contigo. Si dices a todo que sí, también es un atentado contra otros, porque ocupas una función en la cultura, con los demás, y abandonarte tú para caer en ese ideal,  es también perjudicar a otras muchas personas. “Todo sí” no se puede, destruimos la civilización y nos hacemos cómplices de esa perversión que se repite (hay una ley, pero no la cumplo). Freud nos indicaba de la conveniencia del Psicoanálisis para la humanidad, estas cuestiones afectivos sexuales reprimidas infantiles sobredeterminan, generan la realidad.
            ¿Qué ética nos rige en la vida? ¿Cuál es nuestra base para sostener y regular las relaciones? ¿Sobre qué pensamientos nos regimos?   Podemos entrar en el buenismo, en la moral ¿haré bien? ¿haré mal? Y nos quedamos anclados en ideologías llenas de prejuicios, donde te indican pautas de comportamiento, cómo vivir, muy alejadas del verdadero deseo humano y de la ética que rige las relaciones.
            Los conflictos que tenemos con los demás tienen que ver con nosotros mismos, con ese no saber guiarnos con la ley. ¿Qué sería de la sociedad en ausencia de límites? El límite para la salud y  las relaciones son necesarios. Hay que tener pactos que circunscriban esos deseos,  tiene que haber una regulación.
Pero para establecer los límites hay que invitar a la conversación, a la cultura, a la lectura... No es cuestión de caer en la victimización  ni de que haya culpables, sino determinar la implicación en esa situación. Respetar no es tanto con la fuerza, sino con el conocimiento y el amor.
Necesitamos de cierta cuota de narcisismo, de establecer unos límites para crecer, procurar esa energía psíquica al mundo y no quedarse en la relación exclusiva con la función mamá, donde aún el límite no estaba instaurado.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610865355

¿EL PASADO IMPORTA?


            Ante la pregunta de si el pasado importa, habríamos de decir que no. ¿En qué sentido?  Antes de la producción del psicoanálisis se creía en la teoría del trauma, es decir, que un hecho acontecido producía en el sujeto neurosis y trastornos mentales. Las experiencias pasadas se buscaban como determinantes para producir síntomas.
Se creía que la gente enfermaba por la infancia que tuvo,  por algo que le pasó, creyendo que hay algún trauma del pasado y que provocaba la enfermedad. Según esta forma de pensar, tendríamos que volver al pasado y cuando la persona recuerde lo que le pasó, se cura. Pero eso fue el método catártico. Se vio que las mismas experiencias no producían síntomas en unas personas o en otras. Se hablaba entonces de disposiciones genéticas, fallas a nivel orgánico. No hay algo universal que produzca síntomas, sino que es cuestión de cantidad, de cómo nos posicionemos psíquicamente, son fijaciones libidinales.
             Aunque vemos que es un pensamiento que aún persiste en la actualidad, querer buscar algo del pasado: “porque me pasó esto soy así”, “por tener la familia que tengo”.  Sigmund Freud señalaba que si hiciéramos un corte en la sociedad, veríamos que hay personas que viven psíquicamente en pensamientos de la Edad Media, en la prehistoria, en el siglo XX... para acceder a nuevos pensamientos hay que hacer un trabajo.
             Hay quien cree que es como es, que le pasa lo que le pasa, porque tuvo un pasado determinado. Culpan a los padres, al entorno...y van sujetos en frases, inamovibles, que le dan un lugar en esa primera familia y que en la actualidad siguen manteniendo. No ganan en ninguna frase, para no perder ese lugar. Transformarse es perder ese lugar y hay quien prefiere no ganar o seguir dedicándole la vida que tienen a esa familia de la que vinieron, así es una especie de infortunio personal.
            En la vida no es lo que te pasa, es lo que haces con lo que te pasa. Además, lo que pasó nunca va a coincidir con lo que se diga de lo que pasó. Si pensáramos el aparato psíquico constituido en capas, las nuevas les dan otro sentido y transformas las capas anteriores. No es que las viejas capas producen una nueva estructuración, sino que la nueva estructuración producida transforma el contenido. Por tanto, desde un contexto actual se la da sentido a un contenido pasado. Los hechos, hasta después de ser interpretados, no existen. No es el pasado el que determina, porque el pasado no existe como tal.  El tiempo viene dado desde el futuro, es mi frase siguiente la que va a transformar la anterior
            Para entender esto, la conciencia o yo está regida por la moral, por la ideología y la educación y el inconsciente por las pulsiones, donde lo único que el interesa es manifestarse: La persona entonces tiene que lidiar con esos deseos inconscientes que tildan satisfacerse. Entonces hay como una defensa hacia ciertos deseos que no se toleran. El sintoma surge de este conflicto, y en su repetición y modos de renunciar a ellos, puede surgir un trastorno.  Estos deseos inconsciente, puestos a disposición de manera adecuada, son una fuente inestimable de energía.
            Podríamos pensar que ciertas tormentas emocionales expresadas en situaciones actuales, formas de relacionarse, afectividades, se asientan en el entramado de las relaciones edípicas, de los primeros familiares, donde se aprendió a amar, a odiar, celar, la envidia, los celos... No tiene nada que ver con ningún pasado, sino cómo en la actualidad reacciono ante mis deseos, ante las relaciones con los otros. Hay una época de rivalidades, rechazo, amor que no puede ser llevado a su fin, identificaciones que se reprimen y que actúan en la situación actual sin que dé cuenta de lo que pasa.
            El psicoanálisis permite al sujeto una reelaboración permanente de su vida, en el sentido de poder abrirse a nuevas cadenas significantes, es decir, a nuevos tiempos de su propia persona , a nuevas vida de su propia vida  No es desvelar a la persona como vivió, sino cómo desea.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55/ 951 21 70 06

EDUCACIÓN AFECTIVO SEXUAL FAMILIAR ¿SE HACE LO CONVENIENTE?