lunes, 9 de diciembre de 2019

CUANDO NO SE PUEDE PASAR PÁGINA. TERAPIA PARA EXPAREJAS


    Las rupturas, en muchas ocasiones, se producen no sin dolor por ambas partes. Ir dejando atrás esa relación, los lazos que les mantenían unidos, requieren de un gasto energético y de una capacidad de sustitución.
   Vivir, desde que nacemos, está articulado en las separación: tanto de la función madre como de nosotros mismos para poder desarrollarnos. Vemos que hay relaciones que tienen serias dificultades para hacerlo, convirtiéndose en un cruce de acusaciones y reproches. Pueden llegar a odiarse durante toda la vida.
   Cuando hay hijos de por medio hay que tener en cuenta que, aunque ya no haya una relación sentimental, de pareja, ha de haber una relación cordial donde poder llegar a acuerdos por el bien de los hijos y donde poder ofrecerles un marco de estabilidad y seguridad. Aunque ya no exista la pareja, sí que siguen estando los progenitores. Utilizar a los hijos como moneda de cambio para hacer daño al cónyuge y hacer competencia con el otro, es algo que, desgraciadamente, ocurre.
   La cuestión económica encubre venganzas hacia la expareja, al igual que la lucha por la custodia de los hijos. Cuando no se pueden llegar a acuerdos es porque ya no se está mirando por el bien de los mismos, sino dejándose llevar por una batalla de afectos enquistados que necesitan de la regulación de una ética y una ley. Una escucha profesional donde puedan ayudarle a drenar afectos y a transformar el cauce de los mismos, es de máxima ayuda en estos casos. Hay personas que dedican su infelicidad al otro, porque de manera indirecta es como si los fastidiaran, y más cuando hay un vínculo donde los hijos son esa fina linea.
   Hay relaciones que se convierten en una auténtica trama de venganzas, situaciones rocambolescas que ponen en juego el narcisismo, la hostilidad, los celos, la envidia… La agresividad puede aparecer en forma solapada, con la pasividad del silencio, donde se establecen muros en los que darse de bruces.
   Relaciones donde el odio sigue uniendo a esas personas, es indicativo de no poder pasar página. Puede ocultar un amor y un deseo encubiertos, transformando esos afectos en lo contrario. Aún esa relación amorosa está en el presente, pero en la forma en que pueden salir a la luz esos afectos: odiando. Además, se aprovecha cualquier cosa que esté incluso en el orden de lo razonable para mostrar esa cuestiones reprimidas.
  Cuando una persona no es sustituible y aún permanece ligada en forma de odio, habría que pensar qué significa esa relación para esa persona. Cuando no podemos sustituir a una persona por otra, hay que sospechar que esa relación puede tener hondas raíces en relaciones inconscientes con alguna figura familiar (padre, madre) donde se permanece enganchado a espectros inconscientes y donde la palabra y el lugar del otro están anulados. Puede estar actuando una novela familiar, donde se hacen realidad ciertas tendencias.
   Del pasado no se puede vivir. Y lo que uno recuerda de lo que pasó no es lo que pasó. Una relación es cosa de dos, hay que ver la implicación de cada uno de los miembros en la producción de la misma. Aceptar que las relaciones se han producido de esa forma es también aceptar que a veces el deseo toma formas inusitadas y ya toca otra cosa. Si dos más dos son cuatro, y no se acepta, se puede llegar a producir una fantasía paralela, donde se utiliza cada señal para seguir anclado. Ha sido vuestra forma de amar, pero hay que aprovechar esto para aprender y crecer. A través de las relaciones es que vemos cómo se ama, como se construyen esos finales.
   No hacer como dos niños en un cuerpo de adulto, porque los daños colaterales pueden ser mayores, sobre todo para con los hijos, que son los que pagan los platos rotos.
   Darse otra oportunidad para producir unas relaciones más sanas. Al pasado ya no se puede volver y no podéis hacer de eso, vuestro presente. La responsabilidad y la madurez psíquica han de abrir paso a nuevas formas de amar y de conversar. Los juzgados están colapsados por esa incapacidad de llegar a acuerdos. Mejor aprender a amar y a conversar, no dejar que los afectos infantiles reprimidos pongan la zancadilla al bienestar y a la salud emocional.
Laura López Psicoanalista Grupo Cero
y terapeuta de parejas.

jueves, 28 de noviembre de 2019

EL PSICOANÁLISIS SE ERIGE COMO TERAPIA FUNDAMENTAL PARA EL TOC Y LAS OBSESIONES (artículo publicado en varios periódicos digitales)







Laura López, Psicoanalista de Grupo Cero, afirma que el psicoanálisis se erige como terapia fundamental.

Laura López, experta en obsesiones y el trastorno obsesivo compulsivo o TOC, indica que estos trastornos tienen solución a través de la terapia psicoanalítica, porque incide en la parte inconsciente de la personalidad. Hace hincapié que provienen del desarrollo psicosexual y afectivo de las personas y que tienen ver con la posición adoptada ante los pilares básicos y verdades humanas que constituyen a cada individuo.

Esta profesional señala que las obsesiones y el toc son un disfraz que encubre conflictos internos relacionados con la afectividad, la sexualidad y los sentimientos hostiles hacia las figuras familiares. Hay una gran ambivalencia afectiva en ellos (amor-odio).

Los síntomas, dice Laura López, son como un disfraz, simbolizan y son metáfora de cuestiones internas afectivo-sexuales que se ponen en juego en el presente, por lo que resultan tan irracionales e ilógicas. Corresponden a otra cosa, hay fantasías y afectos que se encuentran reprimidos y aparecen de forma que la conciencia no percibe nada de lo que realmente acontece en la persona.

La culpa está presente en los pacientes con obsesiones, porque corresponde a algo pensado o fantaseado de forma inconsciente. Se pueden sentir culpables hasta de creer haberle hecho daño a alguien que pasó a su lado. Los síntomas son un disfraz de la transacción entre la moral y los deseos y pensamientos reprimidos. Las personas con obsesiones o toc padecen de una gran inflexibilidad moral.

Muchos de los pacientes que acuden a su consulta con este trastorno, indica Laura López, padecen de una gran angustia, obsesiones constantes que les asaltan en el pensamiento y no les permiten realizar sus actividades diarias como trabajar y amar, rituales (al vestir, en la limpieza, comprobación de la llave del gas, cerrar las puertas etc.), manías, obsesión por la limpieza, pensamientos intrusivos acerca del cuestionamiento homosexual, terror homosexual, blasfemias religiosas, ideas e imágenes de muerte a familiares, creencia y culpa por haber cometido acciones que no se han realizado, obsesión a contraer enfermedades, escrupulosidad en colocar objetos etc.

Laura López, Psicoanalista de Grupo Cero, da las claves de cómo trabaja: “El método del Psicoanálisis es la interpretación- construcción, su técnica la asociación libre, en el marco de la transferencia psicoanalista-paciente. Es una terapia con una escucha muy especializada y es un instrumento altamente eficaz y preciso. Produce que los pacientes y toda persona que acuda pueda vivir mejores años futuros, proporcionando un nuevo estado de salud que antes no estaba. La salud es una construcción.”

Su página web (www.psicoanalistaenmalaga.com) tiene miles de entradas y atiende a personas también con la modalidad online (skype lauralopezpsico) o por teléfono (0034) 610 86 53 55 en cualquier lugar del mundo. Las nuevas tecnologías se convierten en un aliado de la salud y la accesibilidad para todas aquellas personas que necesiten de profesionales como Laura López, Psicoanalista de Grupo Cero.

Laura López, especialista en Terapia de Parejas y Sexualidad en Málaga
Psicóloga Clínica y Psicoanalista Grupo Cero
Atención presencial y online
Telf.: 610 86 53 55 / 951 21 70 06

miércoles, 20 de noviembre de 2019

LOS AMIGOS TAMBIÉN SE ELIGEN DE FORMA INCONSCIENTE





    En el tabaco, en el café, en el vino, al borde de la noche se levantan como esas voces que a lo lejos cantan sin que se sepa qué, por el camino.
   Livianamente hermanos del destino, dióscuros, sombras pálidas, me espantan las moscas de los hábitos, me aguantan que siga a flote entre tanto remolino.
   Julio Cortázar

   Vivir en compañía es la única forma de vivir. No se puede hacer nada o casi nada sin otras personas. Es más, es necesario que el pequeño cachorro humano se sostenga por otros, si no, moriría irremediablemente.
   La amistad juega un papel muy importante en las personas. Vienen a mostrarnos que más allá de la familia están otras familias y el mundo. Las primeras identificaciones son a los familiares, pero también son a los amigos y amigas. Vienen a colaborar en el desarrollo de la persona, al proporcionar espejos entre iguales, figuras de identificación, con las que forjar el yo.
   El paso de la familia al mundo es, para el ser humano, difícil. Cuesta abandonar posiciones anteriores que han generado placer y, con la amistad, se establecen vínculos muy necesarios para ese avance. Proporcionan un cauce para las palabras, conversaciones que sacan del diálogo interno y donde se aprende a compartir, a ser generosos, a establecer pactos y acuerdos, incluir lo diferente...
   La elección de la amistad no es casual o por obra del destino, sino que se realiza de forma inconsciente. Esto quiere decir que hay algún rasgo en el otro que habla de nosotros, o bien algo que fuimos, que somos, o que admiramos y queremos llegar a ser. También puede llevar esa impronta familiar, algún rasgo, cualidad, brillo, que nos recuerde a la familia. Esto ocurre sin que ni siquiera lo percibamos, no es algo que podamos explicar, cursa inconscientemente.
   Cuando hay un conflicto psíquico se pueden llegar a elegir y producir relaciones que ocasionan un perjuicio, satisfaciéndose algún deseo inconsciente. Siempre nuestras acciones y las situaciones que se generan en la vida tienen dedicatoria: son para algo o para alguien, y responden a una manera de gozar, aunque en ocasiones pueda llegar a ser sufrientes y dañinas.
  Necesitamos de otras personas para poder desarrollarnos, crecer,construir la persona que somos. Somos la suma de nuestras relaciones, de nuestros pensamientos. Pero también hay una ambivalencia afectiva en ellas, un monto de hostilidad y también de erotismo, siendo en ocasiones, muy intolerados para la moral, produciéndose una mala gestión emocional.
   Celos, envidia, hostilidad, deseos, rivalidad ... también acontecen en las relaciones de amistad. Pueden así actuar ciertas afectividades reprimidas, que hunden sus raíces en la educación de los primeros años y en esos hermanos o iguales (primos, vecinos...). Se pueden estar transmitiendo afectos que corresponden a maneras de relacionarse del pasado.
    Hay personas que les cuesta hacer amigos, hablan de los amigos como que les traicionan, pero habría que revisarse y ver cómo se es con los demás. A veces en esa elección inconsciente se producen situaciones donde se es abandonado, traicionado. O como si de una compulsión a la repetición se tratase, como si un destino cruel pusiera en juego circunstancias parecidas, con un mismo final. Pero tiene que ver con conflictos inconscientes que producen ese “síntoma”.
   A veces se exige mucho a la amistad, o se entrega la vida en ella, y olvidamos que es un ser humano, que no es ese ideal de mamá, que no es la señora que nos cuidó, sino esa madre psíquica ideal, que todo nos tiene que calmar y colmar en todo. Le exigimos una ayuda excesiva. “Hermanos de sangre”, como si hiciéramos un pacto que nos convierte en incondicional: para lo bueno y para lo malo. En los hermanos hay esa ambivalencia afectiva precisamente. El amor no es incondicional, es un respeto de la libertad, la producción de pactos y el amor, que no es sin palabras.. En las relaciones también hay límites, se tiene que poder producir un espacio de bienestar. Los amigos no son perfectos, y en la exigencia tendríamos que pensarla en nosotros. Algo que nos molesta puede estar el otro en espejo y mostrarnos lo que se rechaza de uno mismo. A veces llegan a ser relaciones de enamoramiento donde se pierde uno en el otro. Freud lo explica a través de la teoría de la libido.
   ¿Establecemos una relación recíproca, entre iguales? ¿O tal vez son relaciones de sometimiento?¿Se respeta a la otra persona en sus diferencias, en su desarrollo individual? ¿Sólo puedo tolerar a quien piense igual que yo? ¿No puedo relacionarme con más personas?
   Hay personas que les cuesta hacer amigos, porque también están pegados a esos primeros amores familiares, y les cuesta sustituir las relaciones, sumar. También puede haber un miedo a desear, miedo al goce que puede generar una relación de amistad. Frente al otro, van a surgir afectos, sentimientos, que a veces son difíciles de gestionar y producen frustraciones. Hay algo de mí que no puedo manejar y que, frente a otras personas, se me dispara. No es lo mismo hablar conmigo mismo que expresarme, comprometerme en las palabras, a ver qué hago con el deseo que me produce el otro.
   Es importante también pararse y pensar qué es para mí la amistad, porque dependiendo de cómo la piense, de lo que es para mí la amistad, generaré un tipo de relación u otra. Pensar tiene que ver con la ideología, y ésta es inconsciente. En función de cómo esté articulado este significante en mí, elegiré unas relaciones u otras. Por eso es importante saber desde qué lugar psíquico estoy.
   Hablar no es decir cualquier cosa, y también en la amistad es importante el diálogo para que ciertos afectos no se “enquisten” y produzcan daños mayores. Los malentendidos bañan estas relaciones amorosas porque siempre hay demandas y afectos que se disfrazan de formas inusitadas. Hay cosas que no es el lugar donde hablar con los amigos, porque se necesita de un espacio para elaborarlas y desarrollar unas relaciones más sanas, donde no se bombardee al otro ni se le vomite, mejor con un psicoanalista. Hay cosas que no se tienen que hablar con los amigos y que van a estropear la relación. Hay cosas que se piden que son demasiado. Ese no es el lugar para las demandas infantiles. Conversar no es imponer ni ver quien tiene la razón, sino apartarse de esa afectividad desbordada y poder llegar a acuerdos, respetando los espacios de cada uno.
   Finalmente, hay relaciones que están abogadas al final, porque no es cuestión de tiempo, sino de trabajarlas, se construyen cada vez. Un lugar donde poder hablar tranquilamente y construir caminos posibles donde la compañía se suma. ¿A qué ideas y formas de pensar está uno atado? La amistad no puede depender del enamoramiento que acontezca con el otro, sino del trabajo de construir unas relaciones basadas en la libertad, en el deseo del encuentro, en los pactos.
   “Quien tiene un amigo tiene un tesoro” dicen, pero las relaciones no se tienen, se producen, entre palabras.


Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: 610 86 53 55 /951 21 70 06
www.lauralopezgarcia.com

miércoles, 6 de noviembre de 2019

ACERCA DE LOS REPROCHES OBSESIVOS





    Cuando una mujer ha perdido a su marido o una hija a su madre, sucede con frecuencia que los supervivientes pasan a ser presa de penosas dudas, a las que calificamos de reproches obsesivos, y se preguntan si no habrán contribuido por alguna negligencia o imprudencia a la muerte de la persona amada. Ni el recuerdo de haber asistido al enfermo con la mayor solicitud ni los argumentos objetivos más convincentes contrarios a la penosa acusación bastan para poner fin al tormento del sujeto, tormento que constituye quizá una expresión patológica del duelo y va atenuándose con el tiempo.

    La investigación psicoanalítica de estos casos nos ha revelado las razones secretas de tal sufrimiento. Hemos descubierto, en efecto, que tales reproches obsesivos no carecen hasta cierto punto de justificación, siendo esta circunstancia la que les permite resistir victoriosamente todas las objeciones y todas las protestas. No quiere esto decir que la persona de que se trate sea realmente culpable de la muerte de su pariente o haya cometido alguna negligencia para con él, como el reproche obsesivo pretende. Significa únicamente que la muerte del mismo ha procurado la satisfacción de un deseo inconsciente del sujeto, que si hubiera sido suficientemente poderoso hubiese provocado dicha muerte. Contra este deseo inconsciente es contra lo que el reproche reacciona después de la muerte del ser amado. En casi todos los casos de intensa fijación del sentimiento a una persona determinada hallamos tal hostilidad inconsciente disimulada detrás de un tierno amor.

  Trátase aquí del caso clásico y prototípico de ambivalencia de la afectividad humana. Esta ambivalencia es más o menos pronunciada según los individuos. Normalmente no suele ser lo bastante fuerte para provocar los reproches obsesivos de que tratamos. Pero en los casos que alcanza
un grado muy pronunciado se manifiesta precisamente en las relaciones del sujeto con las personas que le son más queridas y allí donde menos podía esperársele. La disposición de la neurosis obsesiva, que con tanta frecuencia nos ha servido ya de término de comparación en la discusión sobre la naturaleza del tabú, nos parece caracterizada por un grado particularmente pronunciado de esta ambivalencia afectiva individual.

Sigmund Freud, Tótem y tabú 1912