CUANDO LA RELACIÓN NO ES LO QUE ERA ¿ME HE EQUIVOCADO DE PERSONA?
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cuando hay un punto de inflexión en la pareja, cuando parece que
todo hace aguas, cuando la convivencia se hace imposible porque las
discusiones son tan frecuentes que el daño se apodera del día a
día, o simplemente porque parecen dos compañeros de piso... ¿qué
ha pasado? ¿Por qué la relación no es cómo antes?
Naturalmente que no es
como antes, ese precisamente es el problema, somos otros cada vez, y
la relación necesita de nuevos acuerdos, nuevas formas de
convivencia que, en muchas ocasiones, hay una imposibilidad de
gestionarlas, porque precisamente se quiere que sea como se era, sin
tener en cuenta que tenemos necesidades diferentes, deseos
diferentes.
Hay una moral que se
nos transmite, una forma de ver y vivir las relaciones, de cómo uno
ha de hacer, comportarse en las relaciones. Hay numerosos autores que
han escrito del amor desde al antigüedad: Platón, Ovidio,
Rougemont... esa filosofía está en la sabiduría popular,
familiar, social, que se imprime en nosotros sin percatarnos de ello.
Gestionar los deseos propios, los que tienen que ver con el sujeto
psíquico, más allá de los propios de la procreación, de la
especie, se vuelve una tarea harto complicada llevando a muchas
personas a la insatisfacción, la culpa, o, en casos más complejos
a la enfermedad.
¿Pero qué es lo que
falla?¿La otra persona? ¿o la forma en la que habitamos la palabra
amor?
Vamos a desglosarlo en
algunos puntos, que nos pueden servir como consejos:
1. ¿Realmente estamos
amando al otro en su verdadera dimensión o me estoy amando a mí en
el otro? Hay una elección de objeto (sobre cómo elegimos pareja,
que siempre es inconsciente), que tiene que ver con verme reflejado
a mí mismo en el otro. Es la identificación. El otro me recuerda a
mí en algo del pasado, o algo del presente, algún rasgo, un
brillo, algo que atribuyo o algo que admiro del otro y quiero ser en
un futuro. Este es un primer paso para el enamoramiento, pero
después, tras esta fase, este impacto en la mirada, he de
atravesarlo por palabras, acuerdos, eso es el amor, que tiene que
ver con tolerar las diferencias y amar al otro en su verdadera
dimensión. ¿Respeto al otro o lo quiero hacer a mi imagen y
semejanza, o a ese ideal que reina en mí?
2. .El otro puede ser es un reflejo de esos afectos y sentimientos que vivimos con
nuestros primeros objetos amorosos, esto es, los familiares. Lo que
cae en el olvido, se actúa, hay una compulsión a la repetición en
el ser humano. La forma en que nos relacionamos con las personas
de la actualidad puede estar sujeta a esas primeras formas de amar.
Es la otra forma en que nos enamoramos, la manera familiar, en la
que nos atrae de otro eso que nos recuerda a las primeras figuras
familiares (madre, padre, hermanos). Las primeras figuras
familiares están sujetas a una ambivalencia afectiva. Siempre hay
una hostilidad porque la educación ha ido poniendo límites y
porque han de acontecer ciertos rechazos por esas identificaciones
con lo masculino, lo femenino, el padre, la madre que van
conformando la complejidad psicosexual de las personas. Numerosos casos
tratados en consulta nos muestran cómo, dependiendo de cómo se han
instaurado esas funciones en mí, es decir cómo ha acontecido mi
relación con el amor y el deseo con mis figuras familiares, determinan las relaciones con la pareja. Es como si, de una manera
inconsciente, no estuvieran relacionándose con esa persona que hace
de la pareja su actualidad, sino con esas relaciones de antaño
en el presente, en la figura del otro. Recordemos que en el
inconsciente no hay tiempo. Resolver esa ambivalencia afectiva
reprimida, de la cual se padece, dará cuenta de una mejoría muy
importante en las relaciones, dado que los demás son sustitutos de
esos primeros amores.
3. El deseo sucumbe
tras estos lugares familiares. Cuando la maternidad, la paternidad
atraviesan la pareja, en ocasiones se hace imposible sumar las
cuatro posiciones: hombre, mujer, padre, madre. Ya no hay cabida
para ese hombre o esa mujer, y ya no pueden ver al otro con los ojos
del deseo. Se idealiza al otro, se le “santifica” como cuando
idealizábamos a mamá y decíamos que “mis padres no hacen esas
cosas”. Eso es anular la categoría mujer u hombre, no como
alguien que puede desear o ser deseado por otros. A veces incluso,
inconscientemente “mandan” al otro u otra con otras personas
para poder desearlos. Sólo sabremos después. El hecho de que un
tercero entre en relación hace deseante al otro. Deseamos deseos.
El amor y el deseo son una construcción, un trabajo que hay que
realizar constante y que a veces llevan por derroteros que se
escapan de la razón. Esto ocurre porque estamos sobredeterminados
por lo inconsciente.
El deseo se genera
entre palabras.
4. Es importante para
poder cuidar de la pareja cuidar de uno mismo, en el sentido de
trabajar para sus propios deseos ¿y deseos es eso que digo que
quiero? No, porque somos un sujeto dividido, y lo que uno dice
querer no coincide en muchas ocasiones con lo que uno desea. ¿Pero
cómo es posible eso? Sí, porque nuestra parte consciente, moral,
por así decirlo, nos dice una cosa y luego hay deseos en nosotros
que se tienen que producir, que tienden a satisfacerse de manera
inadecuada, sin tener en cuenta la realidad, y “chocando” con
esa moral, produciendo, en esa transacción, los “síntomas” en
las relaciones. Aprender a escucharse y a conversar es un paso muy
importante para resolverlo.
Separarse es
necesario para volver a encontrarse.
Renunciar en pos de ese
amor, hace que la relación se vaya cargando de hostilidad y de
reproches, porque es impagable tanta renuncia.
5. Poner límites,
porque un “no” también es un acto de amor. Es necesario para
la pareja una separación, un límite, porque si no es que aún
vemos que cuando nos dicen que no, es porque no nos quieren, como
cuando éramos niños.
6. La pareja ha de
incluir lo social, no aislarse del mundo, porque somos seres
sociales. Si no es que estamos en la relación materno-filial, y
realmente no amamos al otro, amamos a esa mamá en el otro.
7. Tener proyectos en lo
social, en la vida, que no sólo sea el amor a lo familiar, porque
permitirá producir una vida más allá de la especie. En cuanto
pasen unos añitos y los hijos se hagan mayores ¿qué será de
quien no se ha ocupado de sí mismo, del amor social? Los proyectos
unen a las personas y levantan pasiones.
8. El goce en el ser
humano ocurre en lo inesperado, cuando uno se deja decir. Cercenar
al otro en palabras anteriores en esa sensación de seguridad,
eternidad, hace que no se trabaje por la relación y que se genere
cierta hostilidad y dejadez. La incertidumbre es lo que hace de la
vida un apasionante camino y lucha por conquistar lo que se desea.
9. La confianza. No
confundir confianza con entregar la vida al otro ni con contarle
todo. Mejor aprender a hablar, que es no contar. Es necesario
confiar para poder crecer y desarrollarse, pero eso también
incluye saber qué se dice, a quien y para qué. La confianza se
basa en los acuerdos, en poder renovarlos cuando no funcionen y en
decir lo conveniente para que esa persona pueda caminar con
nosotros acompañados en el bienestar y la salud de la relación. A
veces hay más ánimo de molestar al otro en cuestiones que no han
podido ser habladas que en ser sincero. Revísense.
10. Las equivocaciones,
para el Psicoanálisis, son aciertos. Siempre hay un deseo
inconsciente que se satisface. Hay parejas están unidas por el
síntoma que permite que “encajen” en la relación. Pensar que
nos hemos equivocado de persona es no tener en cuenta nuestra
participación e implicación en la construcción de nuestra vida y
nuestras relaciones. A veces también se hace necesario la
separación de ese compañero/a que ha recorrido un camino con
nosotros. No idealizar el amor permite poder sustituir y revisarnos
en cómo es nuestra forma de amar. Puede repetir uno la misma
historia con otras personas o simplemente crecer sabiendo que hay
otras personas que han conformado la historia de nuestro ser. Sin
otros labios, otras palabras, no sería esta mi mano ni estos mis
abrazos.
Laura López, Psicoanalista
Grupo Cero
y terapeuta de parejas
Atención presencial y
online
Telf. 0034 610865355
www.terapiadeparejaenmalaga.es
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