AUTOESTIMA: MUCHO MÁS QUE SENTIRSE BIEN CON UNO/A MISMO/A

 



AUTOESTIMA: MUCHO MÁS QUE SENTIRSE BIEN CON UNO/A MISMO/A

“Una persona no puede estar cómoda sin su propia aprobación”.
Mark Twain


Cuando hablamos de autoestima solemos pensar en confianza, seguridad o amor propio. Sin embargo, la autoestima es mucho más que una opinión positiva sobre nosotros mismos. Se trata de la relación que mantenemos con nuestra propia persona, con nuestros deseos, mandatos internos, la culpa, nuestros logros y nuestra capacidad para amar y ser amados.

La baja autoestima suele asociarse a personas que dudan constantemente de sí mismas, necesitan aprobación externa, se sienten poco valiosas o creen que no merecen las cosas buenas de la vida. Pero esta percepción no siempre coincide con la realidad. Muchas personas tienen éxito en diferentes áreas de su vida y, aun así, se sienten inseguras, incapaces o insuficientes.

La autoestima no depende únicamente de lo que ocurre fuera de nosotros, sino también de cómo interpretamos nuestra propia experiencia, de la relación con nuestros ideales, nuestros deseos, la moral, el sentimiento de culpa inconsciente que puede llevarnos a castigarnos y a minimizar todo lo que hacemos, a despreciarlo.

La relación que tenemos con nuestra imagen y nuestro autocuidado guarda una estrecha relación con nuestra salud mental.

Cuando una persona atraviesa un proceso depresivo, experimenta una profunda dificultad para amar y disfrutar. Aparece tristeza, autorreproches, denigración en la persona, donde no se siente merecedor/ra de nada, embargada en culpa y tristeza. Hay una ambivalencia afectiva en la depresión, por la pérdida de la persona, ideal, decepción… La autoestima disminuye porque la persona queda atrapada, identificada, inconscientemente, en la sombra de lo perdido, queda identificada con lo que perdió, no puede sustituir.

Hay procesos inconscientes que influyen, generan, nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Por eso es que nuestra imagen está condicionada por nuestra historia personal, nuestros con conflictos internos y la forma en que nos relacionamos con los demás. A veces nos escondemos detrás de eso que llamamos “complejos”, que hunden su raíz en ese pasaje universal donde nos hacemos humanos tolerando las diferencias, ocupando un lugar en el mundo, nos separamos de ciertos ideales, nos decepcionamos, nos entregamos a lo nuevo… Es algo que atravesamos a cada momento en nuestro vivir.



Y llegó el día en que el riesgo de permanecer apretado en el capullo era más doloroso que el riesgo de florecer.

Anaïs Nin




¿Cuáles podríamos decir que son las fuentes de la autoestima?


En primer lugar: amar y sentirse amados


Cuando una persona se siente amada, su confianza aumenta. Sin embargo, el amor también puede convertirse en una fuente de pérdida de autoestima. Esto ocurre especialmente durante el enamoramiento, donde podemos perdernos en el otro, en el ideal. También cuando el otro se convierte en algo necesario para poder estar bien, reflejan una posición más de completar una falta que en el orden del deseo y el amor. Esto puede deteriorar la confianza en uno mismo.

Cuando nuestra valoración depende exclusivamente de la aprobación de los demás, quedamos atrapados en una búsqueda constante de reconocimiento. Detrás de esta necesidad suele esconderse una posición infantil en la que todavía esperamos el aplauso permanente de los demás.

Sin embargo, madurar implica poder sostener nuestros proyectos incluso cuando no recibimos reconocimiento inmediato.

La autoestima implica amar la interdependencia con los demás, donde se pone en juego nuestra capacidad de amar.

En segundo lugar: los logros
La realización eficaz de un trabajo es una de las mayores fuentes de autoestima. Necesitamos sentirnos útiles, sentir que ocupamos un lugar en la sociedad, que nuestras capacidades son reconocidas y que podemos contribuir con algo valioso a los demás nos ayuda a darle un sentido a nuestro vivir y a “pagar” de alguna manera esa deuda simbólica, donde otros hicieron por nosotros/as para contribuir a nuestro mundo actual.

Se subliman nuestras tendencias egoístas, narcisistas, la agresividad… a través del trabajo, se canalizan en una labor en común.

También la satisfacción que sentimos cuando aprendemos, crecemos, comprendemos algo importante o cuando logramos superar una dificultad personal hace que aumente la autoestima, pero hay que tolerar transformarnos y el proceso.

Las personas con baja autoestima suelen imponerse estándares imposibles. Nunca consideran suficiente lo que hacen y viven comparándose con ideales inalcanzables.

La autoestima aumenta cuando hacemos las cosas, no cuando permanecemos inmóviles pensando si seremos capaces.

En tercer lugar: la autoestima está relacionada con el narcisismo infantil
Esto es, ideales que hemos construido en épocas tempranas y que son imposibles de cumplir. Esto genera baja autoestima, también una elevada autoexigencia que puede llevar también a la inactividad porque se exigen tanto que terminan agotadas, paralizadas.

Nunca consideran suficientes sus logros o siempre encuentran algún motivo para menospreciarse.

Detrás de la inseguridad se esconde una gran certeza: la convicción en el yo, un yo ideal, que le hace no incluir el proceso del trabajo, la transformación en el desarrollo, la inclusión de los demás y tener en cuenta que es gracias a las relaciones y la entrega al proceso que llegamos a ser lo que somos.

La falta de confianza hacia nosotros mismos puede ser un reflejo de la desconfianza hacia los demás. Pero sin confianza no hay desarrollo.

Cada vez que afrontamos una tarea, tomamos una decisión o desarrollamos un proyecto, fortalecemos nuestra confianza.



Cuando alguna de estas dimensiones falta, solemos interpretar esa carencia como una prueba de nuestra incapacidad personal.



Amar, hacer, sin esperar nada a cambio, dejar de compararse y hacer juicios de valor (a veces la envidia se cuela, frente a la falta atribuimos una falsa completud en los demás), establecer compromisos, proyectos junto a otras personas…es una fuente inestimable de energía.

Es necesaria cierta cuota de amor propio, de narcisismo, pero también de amor a los demás para no enfermar.

Construimos nuestra identidad en los vínculos, en el amor, en el trabajo y en la capacidad de transformar nuestras experiencias.

La poeta Clarice Lispector nos dice en su poema:

“Cambie nuevamente. Experimente otra vez.Usted seguramente conocerá cosas mejores y cosas peores que las que ya conoce, pero no es eso lo que importa. Lo más importante es el cambio, el movimiento, el dinamismo, la energía. ¡Sólo lo que está muerto no cambia!”

No quedarnos anclados/as en la queja, en culpar a los demás y comenzar a conocernos para poder transformar algunos aspectos de nosotros en los que nos boicoteamos es muy importante, y para ello el psicoanálisis es fundamental, porque no es cuestión de decirse frases positivas, si no de trabajar esos aspectos y mecanismos psíquicos que te hacen padecer de una baja autoestima.



Laura López

Psicóloga-Psicoanalista

www.lauralopezgarcia.com




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