TRASTORNOS DE CONDUCTA ALIMENTARIA (TCA): ANOREXIA, BULIMIA, OBESIDAD
Los trastornos de la conducta alimentaria o TCA no pueden entenderse únicamente como alteraciones relacionadas con la comida o con el peso corporal. Más bien, son manifestaciones de conflictos psíquicos profundos en los que intervienen el deseo, el amor, el goce y la relación del sujeto con los otros. La alimentación, aunque cumple una función biológica esencial para la conservación de la vida, adquiere en el ser humano una dimensión simbólica que va mucho más allá de la satisfacción de una necesidad fisiológica.
La primera experiencia alimentaria del bebé, a través de la lactancia materna, no solo satisface el hambre, sino que inaugura también el placer de la boca y la relación afectiva con la madre. El alimento se convierte así en un “don de amor” y en una fuente de goce. Por ello, la demanda de alimento está siempre ligada a una demanda de amor. En esta etapa temprana se constituye la llamada pulsión oral, que desempeñará un papel fundamental en la estructuración de la vida psíquica.
Cuando surgen dificultades en esta relación primaria, pueden aparecer trastornos de la alimentación. La anorexia, por ejemplo, representa una alteración en la relación entre necesidad y deseo. La anorexia no es simplemente un rechazo de la comida, sino una forma de expresar conflictos relacionados con el amor, la dependencia y la separación. El síntoma anoréxico suele situarse en el nivel de la demanda de amor y, en muchos casos, está vinculado a experiencias subjetivas de rechazo o frustración en el vínculo con la figura materna. La negativa a comer puede convertirse en una forma de ejercer control sobre el otro y de expresar un sufrimiento que no encuentra palabras. No es la comida en sí el problema, es la posición psíquica de la persona con anorexia, que va a manifestar en la conducta de alimentarse toda su situación psíquica inconsciente. También está relacionado con la construcción psíquica de la mortalidad (el alimento nos sustenta, esencial para la vida) , donde producimos nuestro ser social, psíquico ¿Podemos tal vez estar hablando de esa imposibilidad de desprenderse de un ideal de completud y construir un ser adulto, hombre o mujer? También. Es necesario escuchar a cada paciente de forma particular, singular, de forma profesional, psicoanalítica, porque va a ser diferente en cada uno/a. Cada frase, cada posición puede estar señalando o una anorexia histérica, paranoica o depresiva.
La bulimia y la obesidad, por su parte, se caracterizan por una relación diferente con la comida. En ambos casos existe una ingesta excesiva de alimentos que suele estar relacionada con la búsqueda de satisfacción emocional. El atracón bulímico puede entenderse como un intento de llenar una falta afectiva o aliviar sentimientos de angustia, vacío o frustración. Sin embargo, esta satisfacción momentánea suele ir seguida de culpa y de conductas compensatorias, como el vómito. El ciclo de comer y expulsar refleja conflictos inconscientes vinculados al amor, la agresividad y la dificultad para elaborar ciertas emociones. La pubertad pone en juego en muchos/as jóvenes cierta cuota de angustia donde la sexualidad, el deseo, los cambios corporales y psíquicos pueden no elaborarse adecuadamente y hacen síntoma en los trastornos alimentarios. Asumir una posición femenina, masculina, como sujeto sexuado puede ser vivido con angustia. En muchos casos puede ser una manifestación de sus impulsos puestos en juego en la pulsión oral, en el patrón de ingesta y vómito, ingerir-expulsar, donde el otro es devorado y rechazado, mostrando una fuerte ambivalencia afectiva (amor-odio). La frase podría ser: te amo intensamente (te comería, atracón) y te odio, te expulso, vomito, no quiero saber nada de ti. A veces en lugar de expresar un enfado, la pulsión oral se pone en la ingesta de alimento, en vez elaborar simbólicamente por la palabra.
En el caso de la obesidad, el exceso de comida puede desempeñar diversas funciones psíquicas, como compensar carencias afectivas, aliviar la soledad, proteger al sujeto frente a situaciones que generan angustia o incluso mantener identificaciones familiares profundamente arraigadas. Desde esta perspectiva, la comida no actúa únicamente como alimento, sino también como sustituto simbólico de aquello que el sujeto siente que le falta.
Los trastornos de la conducta alimentaria son, ante todo, trastornos del deseo y de la relación con el otro. La anorexia, la bulimia y la obesidad expresan conflictos inconscientes que encuentran en la alimentación una vía de manifestación. Por ello, el tratamiento psicoanalítico no se centra exclusivamente en modificar hábitos alimentarios, sino en comprender el sentido subjetivo del síntoma y ayudar al paciente a elaborar los conflictos psíquicos que lo sostienen, donde el goce fundamental que acontece en la persona es el oral.
A través del tratamiento psicoanalítico la persona podrá ir transformando su posición frente a la demanda exterior y los conflictos psíquicos que le hacen instalarse en una modalidad primitiva de reaccionar y relacionarse con su deseo, a elaborar a través de la palabra en lugar de a través de la conducta alimentaria.
Laura López Psicóloga-Psicoanalista



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