martes, 3 de mayo de 2011

CASTIGO DE DIOS

Así reza esta famosa canción pero ¿realmente ocurre así? ¿de dónde proviene ese “castigo”? En el ser humano acontecen una serie de afectos que se pueden denominar como universales (odio, celos, sentimientos de culpa...) y que, en ocasiones, no se tienden a reconocer como propios; digamos que se reprimen por no tolerarlos la conciencia. Pero eso que no ha podido ser expresado con palabras, se traduce muchas veces en trastornos en la salud en incluso accidentes aparentemente “casuales”. De repente, precisamente nos torcemos un tobillo cuando creemos que no hemos comenzado esa relación con “buen pie”, perdemos “sin querer” aquel documento tan importante después de haber tenido una discusión con el jefe, nos quedamos afónicos cuando tenemos que decir aquello tan importante... Hay una frase que decía Sigmund Freud que es “si no quisiéramos ser tan buenos, seríamos mejores”. Es muy importante entonces conocerse a sí mismo para poder llegar a identificar estos sentimientos, afectos que nos ocurren cotidianamente y que, bien canalizados no tienen por qué desembocar en ese castigo o en estropear una relación, un trabajo.. La clave está en no negarlos ni evitarlos, siempre hay un deseo detrás de aquello que sucede y, si no es aceptado, no podemos transformar esa realidad que nos “castiga”.
Laura López, psicóloga-psicoanalista

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