jueves, 16 de junio de 2011

EL PLACER ES MIO

Esta frase parece haberse convertido en una utopía. La violencia, la agresión, tanto verbal (el insulto fácil, la falta de respeto) como física, parecen diluirse y empapar a más de un mortal, que cree nadar en las aguas de la inmortalidad. En lugar del enriquecimiento en el contacto con el otro, a través de la tolerancia, la escucha... se prefiere la destrucción. La agresividad forma parte de lo humano y es por medio de la civilización que se consigue llevarla hacia otros destinos más constructivos. Un adulto, frente a los otros, experimenta agresividad cuando nos recuerda de manera inconsciente a la relación de amor-odio con las figuras parentales. Los celos y la envidia también pueden ser origen de la agresividad, en la que frente a lo que el otro tiene y a mí me falta, se manifiesta. No tolerar las diferencias con el otro y su afán por dominarlo o someterlo, hace que también aparezca. Todo esto, facilitado bien por la masa, bien por el pseudo-anonimato de internet, conllevan a situaciones realmente penosas que nos hacen retroceder años en el avance de la cultura y la civilización. Debemos hacer un alto y pensar en cuál es realmente el deseo inconsciente que desencadena ese tipo de conductas. El placer es mío por luchar por otras maneras de vivir desde la tolerancia, el respeto y la no-violencia.
Laura López, psicóloga-psicoanalista

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