miércoles, 30 de diciembre de 2015

¿CÓMO SE RESUELVEN NUESTROS CONFLICTOS INTERNOS?



   Todos tenemos en nuestro interior un otro de nosotros mismos, una parte de nuestra personalidad que no reconocemos como nuestra, porque albergamos deseos inconscientes que son intolerables e irreconocibles para nosotros y que entran en conflicto con esa otra parte de nuestra razón o “lógica”, la moral. Lo podemos comprobar en nuestro diálogo interior. Freud nos dice que hay tres métodos para resolver estos conflictos internos, tres mecanismos que el Yo utiliza para llevar a cabo esta conciliación: por una parte está la represión, por otra la identificación y por otra la sublimación.
   La represión. La represión es necesaria para el desarrollo del ser humano, pero es el método menos eficaz para esa conciliación, porque el deseo reprimido sigue buscando descarga y es inmune a la crítica de la razón, pues está en otro plano diferente a la conciencia. Como consecuencia de ese aislamiento se acumula gran cantidad de líbido y va buscando una salida. Esto puede explicar porqué, por ejemplo, la hostilidad reprimida hacia el padre hace que ante la figura de un padre sustitutivo, un representante paterno (ej jefe, profesor, etc.) lleve a un odio violento e irrazonable. También puede explicar la dificultad de mantener relaciones amistosas con personas de intelecto o posición superior.
   La identificación. Es un mecanismo muy importante en la formación del Yo. A través de la indentificación se toman rasgos de los otros que ponen en juego el deseo y nos transforma en los procesos de crecimiento. Es esencial en nuestro desarrollo. Lo reprimido puede tener salida a través de la identificación, de manera que, aplicado al ejemplo anterior, se identifica al padre para erigir un Superyó, es decir, se instaura la moral.
También puede ocurrir que una persona se identifique con los síntomas de otra, como ocurre con la histeria. Este mecanismo también es determinante en la depresión.
   Sublimación. Consiste en poner a disposición toda esa energía o líbido, que son los deseos inconscientes reprimidos, la sexualidad infantil reprimida, a favor de la labor cultural. Cambiar un fin por otro, y éste, psíquicamente afín al primero, y eso es la capacidad de sublimar. La neurosis se caracteriza por quedarse en la fantasía, en lugar de sublimar, transformar la realidad a través del trabajo,  como con una obra de arte, con la investigación, el estudio, el trabajo...Este mecanismo es la base de la cultura y del amor civilizado: dar lo que no se tiene a quien no es.
   A través del tratamiento psicoanalítico es que se produce una verdadera transformación de la persona y, como consecuencia, la cura en los trastornos psíquicos. Un desciframiento y resolución de los síntomas que esconden esos conflictos. Eso que se denomina "personalidad", y que hace de justificación para seguir en la sintomatología, es esa manera de resolver o renunciar a esos deseos inconscientes reprimidos, a través de los mecanismos psíquicos y, en muchos casos, anclarse en la enfermedad. 
Laura López Psicoanalista Grupo Cero
Telf 610865355

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